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lunes, 1 de junio de 2020

Dueña Y Señora De Susana Torres Molina


Dueña Y Señora De Susana Torres Molina


El bicho canasto -- Una orgía al más puro estilo Braille -- Una noche agitada -- Luna de miel en Pocitos -- La familia, tumba del erotismo -- Pasiones juveniles -- Por qué callas, amor mio? -- La soledad no es buena consejera -- Impresiones de una futura mamá



martes, 13 de mayo de 2014

La pena de vivir así de Luigi Pirandelo

Fragmento: ...Aquellas sillas vacías, fuera de sus sitios, parece que preguntan asustadas el porqué de su desorden; qué han venido a hacer aquellas señoras; si realmente tenían necesidad de hacer aquella visita. ¡Ah!, parece que sí, que existe esa necesidad de saber qué da la vida a los demás, o cómo es la vida para los demás, qué piensas y qué dicen. Necesidad de vivir fuera, en esta curiosidad por la vida del prójimo, para llenar el vacío de la nuestra, para distraerse del fastidio, de los trabajos y afanes que nos acarrea. Y así, pasar el tiempo. ¿Ha sucedido una desgracia?, ¿un hecho extraordinario? ¿Cómo?, ¿cómo se explica? Se corre a ver, a oír. ¡Ah!, ¿es así? ¡No, no! ¡Así no puede ser! Entonces, ¿cómo? Y cuando no sucede nada, es el tedio, el peso de las ocupaciones habituales. Y la angustia de ver, como ahora lo ve la señora Leuca a través de los cristales, la angustia de ver morir lentamente la luz crepuscular...
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http://www.ayconstanza.com/antiguos/la-pena-de-vivir-asi-de-luigi-pirandello-prologo-de-giuseppe-valentini/

viernes, 28 de marzo de 2014

PREFERIRÍA NO HACERLO... Bartleby, el escribiente



PREFERIRÍA NO HACERLO...
Bartleby, el escribiente es una de las narraciones más originales y conmovedoras de la historia de la literatura. Melville escribió este relato a mediados del siglo XIX, pero por él no parece haber pasado el tiempo. Nos cuenta la historia de un peculiar copista que trabaja en una oficina de Wall Street. Un día, de repente, deja de escribir amparándose en su famosa fórmula: «Preferiría no hacerlo». 
Nadie sabe de dónde viene este escribiente, prefiere no decirlo, y su futuro es incierto pues prefiere no hacer nada que altere su situación. El abogado, que es el narrador, no sabe cómo actuar ante esta rebeldía, pero al mismo tiempo se siente atraído por tan misteriosa actitud. Su compasión hacia el escribiente, un empleado que no cumple ninguna de sus órdenes, hace de este personaje un ser tan extraño como el propio Bartleby.
ENCONTRALO EN www.ayconstanza.com






martes, 25 de marzo de 2014

Bertha Koessler-Ilg la mujer que dejó escrita la tradición oral del pueblo Mapuche



Cuentan los Araucanos
de Bertha Koessler Ilg
Espasa Calpe - Argentina - 1954

COMPRAS Y CONSULTAS
http://www.ayconstanza.com/

Para los pueblos originarios el pasado conserva un resplandor dorado que ilumina los días de grandeza y pujanza de un mundo que se extingue.
BERTHA KOESSLER-ILG ha pasado gran parte de su vida lejos de la gran ciudad, de sus lujos y comodidades; y ha conseguido salvar lo que seguramente será parte de los ricos tesoros del folclore mapuche, de los cuales ofrece al lector esta pequeña y maravillosa muestra, una rama del Pehuén, de la majestuosa Araucaria sagrada, mística, de la madre cordillera.
Llegó a San Martín de los Andes en 1920 acompañando a su esposo médico. Aprovechando que los mapuches venían a su casa como pacientes, y haciendo uso de la rica experiencia acumulada por ella como recopiladora del folclore alemán y maltes, empezó a ganarse su amistad y a escuchar los 'cuentos' heredados de sus antepasados a través de largas cadenas de tradición.

Bertha Koessler-Ilg la mujer que dejó escrita la tradición oral del pueblo Mapuche
Por Graciela Vázquez Moure

La llamaban la araucana blanca. Fue enfermera, escritora y la compañera del primer médico del pueblo.
Bertha Ilg, no fue eclipsada por la imagen y el recuerdo de su esposo, el Dr. Rodolfo Koessler. No era usual esta condición en las primeras décadas del siglo 20. Las mujeres debían tener un gran talento y una personalidad arrolladora, para llegar a ser ellas mismas. 
Bertha Koessler-Ilg, era alemana y llegó a San Martín de los Andes en el año 1920, junto a quien fue el primer médico del pueblo.
Años después escribiría “El machi del Lanín” (1940), la historia de un médico alemán en la cordillera patagónica  que aborda  la vida que ella y su marido llevaron en San Martín de los Andes desde 1920.
En estos textos Bertha Ilg se asoma a las historias en las que la  convivencia entre el pueblo mapuche y los pioneros llegados desde Europa, eran parte cotidiana de una pequeña comarca patagónica, con una belleza exuberante que su gran amigo el Dr. Gregorio Alvarez definía en uno de sus libros  como el lugar “Donde estuvo el paraíso”.
Bertha se convirtió en recopiladora de leyendas mapuche, del folclore araucano,  su gran llegada hacia algunos de los referentes más ancianos de la comunidad Curruhuinca, le permitió ser quien transmitiera historias y leyendas que formaron parte de varios volúmenes, que traspasaron la frontera. Así su investigación con carácter científico-literario se unió directamente con lo afectivo, logrando de esta manera un maravilloso trabajo en la región patagónica.
Hasta ese momento  la tradición mapuche era anónima, popular y oral, la escritora alemana la convirtió en escrita y su trabajo se eternizó en  la publicación “Cuenta el pueblo mapuche”, sin embargo  como un juego de palabras Bertha sentía que las historias escritas no permanecían como la palabra escuchada, sin embargo su trabajo de recopilación dejó una impronta que 60 años después de la primera publicación, permite recoger estas tradiciones orales que de otra manera no hubieran alcanzado el conocimiento de muchos.
Bertha Ilg, era enfermera y ayudaba al Dr. Koessler en su maravilloso consultorio de la calle Ramayón y San Martín, la casa que los cobijó a ellos y a sus hijos e hijas. Allí nacieron muchos niños de este pueblo, allí llegaban integrantes de la comunidad mapuche del lugar y de la región que eran atendidos por el médico que convirtió la casa familiar en un pequeño hospital.  Ricos y pobres eran recibidos de igual manera.
Bertha conversaba con ellos y se ganó su confianza e incluso con algunos, existió un gran lazo afectivo.
Según lo expresan diversos analistas de su obra la tarea de Bertha Koessler-Ilg   se basó en su gran admiración por los hermanos Grimm, quienes se empeñaron en recopilar cuentos orales alemanes, para recuperar el carácter auténtico de una cultura nacional. Admiradora de los  famosos escritores, Bertha Koessler-Ilg ya había recopilado textos del folclore de la isla de Malta, donde pasó su adolescencia, acompañando a su tío cónsul. Estos cuentos los publicó entre 1906 y 1910.

Sus primeros años
Bertha Ilg nació un 27 de diciembre de 1881 en un pueblo de la Baja Baviera, eran  10 hermanos del matrimonio de Matias Ilg y Ana Kurzbeck.
Después de su estadía en la isla de Malta vuelve a Alemania y  se recibe de enfermera de la Cruz Roja en un hospital de Frankfurt. Allí conoció a quien sería su esposo y compañero, Rodolfo Koessler, que se convertiría más tarde en el médico del pueblo en San Martín de los Andes.



Cuando contraen matrimonio ambos  toman la decisión de irse a vivir lejos de Alemania. Rodolfo Koessler debe elegir entre dos propuestas: una de ellas ir a Samoa   occidental, islas de la Polinesia, y otra a Buenos Aires, con destino en el reconocido hospital Alemán, ubicado en un prestigioso barrio de la capital del país, lo que hoy es Recoleta o barrio Norte.
Es así que desde 1912 hasta 1920, permanecen en ese lugar, para luego decidirse por la Patagonia, por un pequeño pueblo cordillerano que tenía una población de mapuches, criollos y pioneros europeos, una población que no llegaba a los 1000 habitantes. 
Pero antes de establecerse en la cordillera, Bertha viaja a Alemania para que su familia conociera a su primera hija Regina y debe enfrentarse al estallido de la primera guerra mundial en 1914, lo que hace que deba estar más tiempo del pensado en el país.

A los 7 idiomas sumó el “mapudungun”
Sabía varios idiomas, dicen que eran siete los que dominaba, al que sumó el idioma de la cultura mapuche.
De esta manera recibía los testimonios de quienes apenas hablaban el español, y se comunicaban a través de su idioma de origen. Escribía en el jardín del invierno de la casa, espacio que aún se conserva y que forma parte de lo que se constituyó en un museo maravilloso, donde se encuentran los objetos de la familia, los libros y todo el equipamiento médico del Dr. Koessler. Uno de sus nietos, Federico Koessler, se dedicó en los últimos años a armar esta escena histórica, que quizás sea el único espacio de la región y del país que guarda este contenido, sin embargo al parecer para el gobierno de la provincia de Neuquen, no es tan importante este espacio emblemático, y después de dos años Federico Koessler decidió poner el cartel que alertó a todos, en el que propone, alquiler o permuta de la casa que es patrimonio histórico, cultural y arquitectónico. Desde marzo de  2012, la casa siguió este destino.

La araucana blanca
Así como los hermanos Grimm tuvieron su interlocutora que les trasmitió las leyendas más famosas de los pueblos, Bertha Koessler-Ilg reconoció a sus interlocutores, sus amigos del alma que fueron Antonio Kinchauala y Francisco Kolüpán. Son ellos los que propiciaron los contenidos  de sus recopilaciones y  quienes la llamaron la "araucana blanca".
Canciones, rezos  e invocaciones a la naturaleza, mitos y leyendas, juegos y tradiciones se expresan con el respeto de la transmisión oral recibida desde los integrantes del pueblo Mapuche. Refranes, pensamientos,  son parte del folclore mapuche recopilado por Bertha Koessler-Ilg.
Las obras editadas fueron El machi de Lanín (1940), Cuentan los araucanos (1954) y Tradiciones araucanas (1962). Escribió, además, una obra en alemán en 1956, Indianer Märchen aus den Kordilleren ("Cuentos de los indios de la cordillera").
Murió en 1965, pero antes de su partida logró dejar una impronta imborrable, su obra, su presencia como escritora y recopiladora de tradiciones, su amor por la cultura mapuche y su respeto por todo lo que recibió de quienes le confiaron las historias de su pueblo.

Un recuerdo especial
En medio de esta crónica, no puedo dejar de recordar a Eva Koessler, una de las hijas de Bertha y Rodolfo Koessler. En 1991 me recibió en la casa de la familia, allí en la misma mesa que hoy forma parte del mobiliario compartimos un té, que Lola su hermana sirvió para acompañar la charla.
Eva era una hermosa mujer, relató varios episodios de su vida. Guardó silencio ante otros que prefirió no recordar. Habló de sus padres, recordó los años en que vivió en San Martín de los Andes cuando era niña, describió con nostalgia las alamedas que bordeaban las acequias que  recorrían el pueblo en toda su extensión. Lamentó que el progreso se hubiera llevado símbolos que formaron parte de la vida de su familia y de los vecinos. Comentó que había algunas obras de su madre que no habían sido editadas, pero se negó a abrir el baúl de los recuerdos, esos que estaban en lo más profundo de su mente.
Fue una linda tarde de primavera. A la mañana siguiente un joven llamó a la puerta de mi casa. Traía una hermosa canasta de mimbre llena de flores. Lilas: blancas y violetas  y rosas formaban parte del exuberante envío, eran las flores de su jardín. Me dijo “es de parte  de la familia  Koessler”. Entre las flores una tarjeta  enviaba el mensaje: “gracias por la hermosa tarde que pasamos, gracias por respetar mis silencios y la espero otro día para compartir un té. Eva”.
En esta profesión de periodista son esos recuerdos que no se borran y que en estos casos no deben formar parte del pecado de omisión.

Fuente: http://www.desdeelsurnoticias.com.ar/index.php/especiales/historia-de-nuestra-gente/1781-bertha-koessler-ilg-la-mujer-que-dejo-escrita-la-tradicion-oral-del-pueblo-mapuche


jueves, 20 de marzo de 2014

Bienes de Familia el nuevo libro de Wenceslao Maldonado

Bienes de familia, cuentos ancestrales es el nuevo libro de Wenceslao Maldonado editado por la Editorial Epifania. 

ENCONTRALO A LA VENTA EN www.ayconstanza.com

Se trata de seis cuentos que tienen que ver con antepasados en cierta medida inventados, atravesados por una herencia italiana no del todo verídica desde lo personal pero si desde lo colectivo.
Wenceslao Maldonado ofrece una nueva pieza de su versátil y prolífica obra literaria. 

La contratapa, escrita por el mismo Wenceslao dice: No venimos de la nada. Cargamos un bagaje genético que registra logros y circunstancias de la evolución de la vida. Y somos herederos, al mismo tiempo, de una gran herencia cultural, con valores y límites que podrán servir quizás de plataforma o de cimientos en la construcción de nuestra identidad y nuestros proyectos.
Parecería que algo de eso podría querer decir esta serie de relatos que, de manera simbólica, intenta hacerse cargo de los “bienes” recibidos de los ancestros. 
¿Y si no conocemos quiénes fueron nuestros ancestros? A lo mejor hasta sería muy bueno que los inventemos… 

WENCESLAO MALDONADO nació en Buenos Aires en 1940. Estudió teología y letras en Argentina y en Italia. Fue docente de griego clásico, latín y literatura italiana, y se dedicó a la traducción literaria en estas lenguas.
Publicó 15 libros de poesía, entre los que cabe destacar La estación necesaria (1990), Tierra intranquila (1994), Dioses del deseo antiguo (1994); Si cortarle la cabeza a la Gorgona (1997) premiado en XIX Concurso de Puerto Madryn 1996, con la versión bilingüe inglés-castellana If cutting off the head of the Gorgon aparecida recientemente (2012, versión inglesa de Donny Smith); Paternidad de sombra (2006), Zureo (2008), La Proctomaquia o el Cantar de los culos (2008), Eros y otros deseos (2010). La últimas publicaciones de 2012 fueron Requiem de guerra y Diálogo de pájaros en Editorial Epifanía. 
Publicó dos libros de cuentos, Arquitectura gótica (1999), con el que ganó el premio Iniciación en Prosa (bienio 1992-1993) de la Secretaría de Cultura de la Nación, y Fronteras (2004). A estos libros de narrativa se suma la novela Las vigilias de Príapo (2012).
En teatro, obtuvo el reconocimiento de Teatro Breve “Fray Mocho 1997” con La historia del cliptodonte.

jueves, 13 de marzo de 2014

El humor de Wimpi

El humor de Wimpi en www.ayconstanza.com
Nacido en Montevideo, su verdadero nombre era Arthur García Núñez. Joven aún vino con su madre a Buenos Aires, y estudió en el Colegio Nacional Mariano Moreno, para ingresar luego a la Facultad de Medicina. Lamentablemente abandonó la carrera y salió a la aventura, a El Chaco. Luego de mil penurias que prefirió olvidar y extirpar de su memoria, pegó la vuelta a Montevideo.
En 1946 comenzó a hacer apariciones radiales que eran la delicia de los oyentes, deslumbrados por sus revelaciones agradables para el espíritu. Se autobautizó "Wimpy" y desde entonces todo el mundo quiso leerlo.
Fue redactor del desaparecido diario "El Imparcial" y posteriormente del también extinto "El Plata" . El periodismo y la radio incrementaron su prestigio. "El gusano loco" y "Los cuentos del viejo Varela" fueron los únicos libros que la timidez de Wimpi le permitió publicar después de tremendas dudas.
Muchos otros corrieron el destino del fuego, al que los arrojó el autor, incapaz de superar su extrema autocrítica. "La taza de tilo", "Ventana a la calle", "Cartas de animales", "Viaje alrededor de un sofá", "Vea amigo", "La risa", "Los cuentos de Don Claudio Machín", "El fogón del viejo Varela" y "La calle del gato que pesca" , acaso pudieron correr idéntico camino, pero el inesperado y llorado fallecimiento de Wimpi ocurrido en Buenos Aires el 9 de setiembre de 1956, los salvó de la destrucción de las llamas.
Wimpi escribió un libro llamado "El gusano loco" que es un extraño libro de ensayos, aguafuertes , narraciones, relatos o ideas. La virtud primordial de la obra de Wimpi es el humor sencillo y a la vez certero con frases tales como:
"El marido es la viruta de un novio" o
"Se ha dicho que el hombre es hombre por la cabeza y por la mano. Lo es más, empero, por la mano que por la cabeza: hay muchos que no piensan, y lo mismo agarran. Y otros que únicamente piensan en agarrar.".
Otro aspecto que sobresale en sus ensayos es una suerte de "filosofía popular", entretenida e interesante (en el ensayo "Paradojas" escribe: "4: el tipo siempre dice que le puede pasar cualquier cosa y nunca está preparado para nada") Y a lo mejor, más que de filosofía popular uno tendría que pensar en una filosofía de lo cotidiano. Uno de los mejores ensayos del libro se titula "Las veces en que el tipo "se queda helado"" y habla sobre un tipo que compra una heladera y no puede soportar el hecho de no saber si la luz del artefacto se apaga cuando la puerta se cierra.
Por otro lado, también es un escritor de la sabiduría popular a la que cuestiona con humor: "Otros petisos dicen: -"La esencia viene en frascos chicos". La esencia viene en frascos chicos cuando es poca."; y también nos recuerda chistes mil veces escuchados como: "Sin embargo, era tan petiso [por Atila, el Huno], que cuando se le enfriaban los pies se ponía la bufanda.".
No sólo hace gala de filosofía y sabiduría popular, Wimpi posee una obsesión por defender y valorar a los animales y es por esa razón que escribió ensayos tales como: "Función política y cultural de la rata" y "Contribución a un biografía reivindicatoria del caballo",además de haber escrito Cartas de animales donde varios tipos de animales le escriben cartas al hombre recriminándole sus atropellos 
Wimpi utilizó anécdotas históricas y literarias para sustentar sus ideas y rellenó sus textos de información interesante que se puede tener por "válida" y, por otro lado, genera una lectura amena e interesante. (fuente del texto: Jovatolandia)

Fragmento de: De la vida y del corazón de Silvia Watteau

De La Vida Y Del Corazón
por Silvia Watteau
Segunda Edicion
El Ateneo - Buenso Aires - 1946

COMPRALO EN http://www.ayconstanza.com/cuentos-y-relatos/de-la-vida-y-del-corazon-de-silvia-watteau/

¿Verdad que hay dias terribles para el recuerdo? ¿ Dias en que el se convierte en algo punzante y hondo?

Nos preguntamos: ´´¿ Y porque le recuerdo, si esta tan lejos de mi?´´ No; no esta lejos. Nadie esta lejos aunque la vida corra, aunque los dias caigan desgranados al vacio infinito de la existencia que ya hemos vivido, el recuerdo va en nosotros, dentro de nosotros, adherido a nuestro corazon; no podemos despegarle; por lejos que el este de nuestros brazos, esta en nuestro pecho.

La vida todo se lleva: nuestra juventud, nuestras ilusiones, nuestras plegarias, nuestras alegrias; pero nuestros recuerdos, no. Al que amamos, aquel por quien sentimos enconos, el que nos daño, el que nos robo esperanzas, el que nos regalo bienes, el padre, el hermano, la amiga, todos estan ahi como un ejercito en marcha caminando sobre nuestro corazon, golpeando nuestros recuerdos, dando sol y sombra a nuestra vida, poniendo risas en nuestros labios o lagrimas en nuestros ojos. Provocando nuestra ternura.¡ Recuerdos terribles, mansos y asperos, recuerdos llenando nuestra vida!

Siempre por uno dulce y bueno, hay cien amargos y dolorosos. Y todos sin ausentarse jamas de nuestra mente, sin borrarse nunca de nuestro corazon.

miércoles, 12 de marzo de 2014

El Erial de Constancio C. Vigil en plena primera guerra mundial

En plena Primera Guerra Mundial, Constancio C. Vigil le dio al mundo uno de sus libros fundamentales: El Erial (la tierra sin surcos ni frutos), traducido a media docena de idiomas y clara metáfora contra el mal, la ignorancia, el egoísmo, la soberbia, la violencia, condenados con la simpleza y la profundidad de aforismos como "Vale más plantar árboles que estatuas, que no crecen, ni alimentan ni abrigan como los árboles", o "Amad sin medida, y sin medida os amarán. Dad esta vida, y otra mejor os será dada". Palabras, ideas y militancia que se anticiparon en muchos años a los conmovedores mensajes de la Madre Teresa de Calcuta…
Encontralo en www.ayconstanza.com



lunes, 3 de febrero de 2014

Un accidente llamado Norah Lange por Edwin Williamson

Lanzamiento de la novela de Norah Lange 45 días y 30 marineros (1932). En el centro con barba, está Girondo, y abajo del cartel, a la derecha, Neruda. Como sirena, la autora.

Textos de Norah Lange en www.ayconstanza.com

En julio de 1924, la familia de Borges regresó a Buenos Aires después de pasar un año en Europa. Jorge Luis (“Georgie”) ahora tenía 24 años y escribía poesía desde la adolescencia. En España se vio influido por un grupo de poetas de vanguardia llamado “El Ultra” y concibió el proyecto de llevar la modernidad literaria a Argentina. En octubre leyó el Ulysses de James Joyce, publicado en París el año anterior, y escribió sobre este libro una reseña exultante en la que se felicitaba —son sus palabras— por ser “el primer aventurero hispánico que ha arribado al libro de Joyce”. Joyce le parecía un espíritu afín que lograba para los irlandeses lo que el propio Borges avizoraba, en forma vaga, para los argentinos. Al mismo tiempo crecía su fascinación por una chica de 17 años llamada Norah Lange. El 26 de octubre Borges le escribió a su amigo Guillermo de Torre que pensaba traducir un pasaje del Ulysses, y en esa misma carta menciona por lo menos tres veces a Norah Lan­ge. Un mes o dos antes se había propuesto ayudarla a publicar un primer libro de poemas llamado La calle de la tarde. Borges había negociado los términos con Samet, el editor, y escribió el prólogo. Consiguió que el libro fuera reseñado y que una muestra de los poemas saliera en la revista Martín Fierro, junto con su prólogo, en el que elogiaba a Norah por su alto lirismo: ella era “pre­clara por el doble resplandor de sus cren­chas y de su altiva juventud” y “leve y altiva y fervorosa como bandera que se realiza en el viento”. Buena par­te de la atracción que Norah ejer­cía sobre él provenía del exo­tismo de la familia Lange. El padre, Gunnar Lange, era noruego, mientras que la madre, Berta Erfjord, era hija de un noruego y de una irlandesa, si bien había nacido en Argentina. Norah, la cuarta de seis hijos, nació el 23 de octubre de 1906 y creció en los suburbios de Buenos Aires en un ambiente culto, liberal y políglota.

Un atributo particularmente insólito de Norah Lange era su melena roja. Esta cualidad, exótica en un país latino, solía asociarse en el mundo hispánico con maleficios y hechicería. Norah creció como el marimacho de la familia, destacándose por sus fugas y sus bromas pesadas: una de las favoritas durante la primera adolescencia era calarse un poncho y un sombrero de ala ancha y subirse al tejado desde donde se ponía a gritar parrafadas incomprensibles en varias lenguas, salpicadas de insultos y risotadas, alarmando a los vecinos. Pese a esta personalidad extrovertida en apariencia, Norah seguiría siendo una suerte de enigma para sí misma, y este misterio interior sería la fuente de su creatividad.

Borges era extraordinariamente susceptible al aura romántica de los hombres de acción, y el apego de Norah a la memoria de su padre, un notable explorador que murió cuando ella era apenas una niña, sin duda acrecentaba su aureola. De otro lado, los Lange estaban emparentados con el distinguido novelista y autor teatral noruego Alexander Kielland, lo que significaba que Norah, al igual que Borges, podía ufanarse de contar con escritores, además de héroes, entre sus antepasados. Para rematar, las dos familias estaban vinculadas por un matrimonio, pues la tía de Norah estaba casada con Frank, el tío de Borges, lo que conver-tía a Norah y a Georgie casi en primos.

Así pues, la atracción que ejercía Norah era compleja: su pelo rojo hablaba de pasión, pero su pálida tez de escandinava evocaba la pureza de un ángel, y esta tentadora mezcla entre fuego e inocencia fue algo que ella supo plasmar en unos poemas soñadores, cargados de pre­moniciones eróticas. Los poemas, por lo demás, pintaban un paisaje no muy distinto del que pintaba Borges, siendo uno de sus temas favoritos la puesta del sol sobre los barrios que quedan al borde de la pampa.

En octubre de 1924, más o menos en la época en que publicó La calle de la tarde, Norah empezó a invitar a Borges y a un selecto grupo de amigos a hacer la fiesta todos los sábados en su casa. Se recitaba la obra de cada cual, discutían sobre literatura y asuntos varios y bailaban tangos tocados al piano. Estas fiestas pronto se convirtieron en el punto culminante de la semana de Norah: ella escribió que vivía “en lenta pregustación del sábado, cuya tarde se alumbra de golpe con la presencia de Georgie”. Así mismo lo veía Borges, de suerte que estas fiestas llegaron a convertir la casa de Norah en la calle Tro­nador en el santuario íntimo del grupo literario.

Borges creía haber encontrado en Norah una nueva fuente de inspiración que tal vez inyectaría energía en su escritura. En enero de 1925 él publicó su versión de la última página del Ulysses —un aparte del famoso soliloquio erótico de Molly Bloom— en lo que es la primera traducción al español de un texto de James Joyce. Para mediados del año siguiente, las relaciones de Borges y Norah Lange habían alcanzado un grado de intimidad sin precedentes. Uno de los poemas que ella escribió en esta época sugiere un encuentro tanto erótico como emocional: Norah se describe a sí misma en una visita al amante como si ella fuera el rocío que cae sobre el botón recién abierto de una rosa roja; el corazón le palpita de felicidad, sabiendo de la fiesta que le espera en los labios de él, y alcanza a imaginarse penetrada, a la manera de la luna en el silencio de la noche.

Este sentido de comunión en el amor iba a ejercer una poderosa influencia en las ideas literarias de Bor­ges. En 1926 publicó el texto “Profesión de fe literaria”, en el que asemeja la transacción entre el lector y el autor a “una confidencia”, cuya base reside en “la confianza del que escucha y la veracidad del que habla”. Para él, “to­da poesía es plena confesión de un yo, de un carácter, de una aventura humana”, y por lo tanto los lectores han de tener “codicia de almas, de destinos, de idiosincrasias, codicia tan sabedora de lo que busca, que si las vidas fabulosas no le dan abasto, indaga amorosamente la del autor”. Concedía, sin embargo, que “a veces la sustancia autobiográfica, la personal, está desaparecida por los accidentes que la encarnan y es como un corazón que late en la hondura”.

Escribir, para Borges, era al mismo tiempo creación y descubrimiento, ya que el autor permanecía abierto a un misterioso poder que le revelaría la esencia de sí mismo y su relación con el mundo. Y en lo que le concernía, ese poder conductor lo encarnaba Norah Lange: ella le había inspirado la poética ultraconfesional del corazón y era quien, ojalá, llevaría a fruición armónica los varios elementos que coexistían en conflicto y desorden en su concepción de sí mismo. (Fuente)

Norah Lange

Retrato de Norah Lange por Alejandro Sirio. Se publicó junto a un poema de Norah Lange llamado Para un niño que ha de nacer.
Fragmento de Personas en la sala - 1950
Libros de Norah Lange en www.ayconstanza.com

“Mi cuarto de pronto se iluminaba y el resplandor de los relámpagos invadía los rincones, dejándolos separados y distintos. Yo los vigilaba, los esperaba, procurando pasar inadvertida para que nadie me pidiera que cerrase las persianas. Con los ojos bien abiertos, sin pestañear, los veía estremecer las sombras, rayar el cielo con sus temblorosas verticales, para quedarse, unos instantes, detrás de mis ojos. Si ellas me hubiesen visto mientras recogía la mayor cantidad posible de relámpagos para que durasen unos segundos más detrás de mis ojos, tal vez me hubieran dicho que es inútil luchar contra el destino, porque al rato, alguien me preguntó si me animaba a cerrar las persianas que daban a la calle. Yo me levanté irritada. Me disgustaba que se cerrara la casa. Siempre me pareció necesario contemplar una tormenta. Pero esa vez no tuve tiempo de enojarme porque me olvidé de todo y nadie advirtió que la calle, así, de pronto, sin ningún aviso, sin tumulto, sin caballos muertos, sin llamadores que golpean a media noche ni un grito solo a la hora de la siesta, había comenzado para mí.
Me dirigí despacio al sillón que se hallaba a oscuras. Recuerdo que al pasar me vi reflejada en el alto espejo de la consola, en el preciso instante en que un relámpago con su silencio agobiante enloquecía a las sombras. Ignoro por qué me gustó ese espectáculo de mí misma reflejada en el espejo, arrojada al espejo por un relámpago. Cuando se apagó el espejo abrí la ventana esperando la inundación blanca de un rayo. Pero sólo sucedió un trueno que hizo temblar los objetos de la vitrina. Mi árbol preferido se agitaba y me pareció menos árbol. Ya iba a estirar el brazo para cerrar la persiana cuando me atrajo una ventana iluminada en la casa de enfrente. Me avergonzó un poco cerrar las persianas si su luz llegaba a la calle, valientemente. Retiré la mano, cerré la ventana y permanecí espiando detrás de las cortinas. Y fue en ese momento –como si todo se hubiese preparado para que acudiese al encuentro de mi señalado destino- cuando las vi por primera vez, cuando comencé a mirarlas, y, mientras las miraba, recorriendo largo rato las tres caras alineadas –una apenas más elevada que las otras-, me pareció que mi mano sostenía, en abanico –como cuando se juega a las cartas-, el pálido trébol de sus rostros.”

Busto de Norah Lange por María Carmen de Aráoz Alfaro.
Retrato de Norah Lange por Ernesto Scotti.


viernes, 17 de enero de 2014

Cabecita negra de German Rozenmacher


CABECITA NEGRA 
de German Rozenmacher
El señor Lanari no podía dormir. Eran las tres y media de la mañana y fumaba enfurecido, muerto de frío, acodado en ese balcón del tercer piso, sobre la calle vacía, temblando encogido dentro del sobretodo de solapas levantadas. Después de dar vueltas y vueltas en la cama, de tomar pastillas y de ir y venir por la casa frenético y rabioso como un león enjaulado, se había vestido como para salir y hasta se había lustrado los zapatos.
Y ahí estaba ahora, con los ojos resecos, los nervios tensos, agazapado escuchando el invisible golpteo de algún caballo de carro de verdulero cruzando la noche, mientras algún taxi daba vueltas a la manzana con sus faros rompiendo la neblina, esperando turno para entrar al amueblado de la calle Cangallo, y un tranvía 63 con las ventanillas pegajosas, opacadas de frío, pasaba vacío de tanto en tanto, arrastrándose entre las casas de uno o dos a siete pisos y se perdía, entre los pocos letreros luminosos de los hoteles, que brillaban mojados, apenas visibles, calle abajo.
Ese insomnio era una desgracia. Mañana estaría resfriado y andaría abombado como un sonámbulo todo el día. Y además nunca había hecho esa idiotez de levantarse y vestirse en plena noche de invierno nada más que para quedarse ahí, fumando en el balcón. ¿A quién se le ocurría hacer esas cosas? Se encogió de hombros, angustiado. La noche se había hecho para dormir y se sentía viviendo a contramano. Solamente él se sentía despierto en medio del enorme silencio de la ciudad dormida. Un silencio que lo hacía moverse con cierto sigiloso cuidado, como si pudiera despertar a alguien. Se cuidaría muy bien de no contárselo a su socio de la ferretería porque lo cargaría un año entero por esa ocurrencia de lustrarse los zapatos en medio de la noche. En este país donde uno aprovechaba cualquier oportunidad para joder a los demás y pasarla bien a costillas ajenas había que tener mucho cuidado para conservar la dignidad. Si uno se descuidaba lo llevaban por delante, lo aplastaban como a una cucaracha. Estornudó. Si estuviera su mujer ya le habría hecho uno de esos tes de yuyos que ella tenía y santo remedio. Pero suspiró desconsolado. Su mujer y su hijo se habían ido a pasar el fin de semana a la quinta de Paso del Rey llevándose a la sirvienta así que estaba solo en la casa. Sin embargo, pensó, no le iban tan mal las cosas. No podía quejarse de la vida. Su padre había sido un cobrador de la luz un inmigrante que se había muerto de hambre sin haber llegado a nada. El señor Lanari había trabajado como un animal y ahora tenía esa casa del tercer piso cerca del Congreso , en propiedad horizontal y hacía pocos meses había comprado el pequeño Renault que ahora estaba abajo, en el garaje y había gastado una fortuna en los hermosos apliques cromados de las portezuelas. La ferretería de la Avenida de Mayo iba muy bien y ahora tenía también la quinta de fin de semana donde pasaba las vacaciones. Continua leyendo este y otros cuentos del autor en este libro: http://www.ayconstanza.com/cuentos/cabecita-negra-de-german-rozenmacher/


La lluvia por Eduardo Wilde



La lluvia
por Eduardo Wilde
No hay tal vez un hombre más amante de la lluvia que yo. 
La siento con cada átomo de mi cuerpo, la anido en mis oídos y la gozo con inefable delicia. 
La primera vez que me acuerdo haber visto llover fue durante la convalecencia de una grave enfermedad, en mi infancia. 
Había tenido la gran dolencia, la terrible fiebre tifoidea, esa enfermedad simpática a pesar de sus horrores. 
Me acuerdo todavía de la tarde en que me sentí ya mal, de la situación de mi cama, del aspecto del cuarto vacío de muebles, de su aire frío y del número de tirantes del techo sin cielo raso. 
Estuve cerca de cuarenta días enfermo y mis percepciones fueron, por lo que recuerdo, confusas y sin ilación. Me acuerdo que me quemaba y que no podía sudar, que pasaba horas enteras pellizcándome los labios cubiertos de costras que arrancaba sacándome sangre. Veía y oía todo, pero como si fuera yo otra persona; parecía un desterrado de mí mismo. El tiempo era eterno y en su eternidad yo tomaba todos los brebajes imaginables que tenían el mismo gusto detestable. Soñaba cosas increíbles, pareciéndome sueños las realidades y realidades los sueños. Los ruidos eran lejanos; los oía como si mis oídos fueran ajenos. Veía las cosas o muy lejos o muy cerca; cuando me sentaba todo daba vueltas y cuando me acostaba mi cama se movía como un buque. Veía animales silenciosos y muebles con vida. Las personas de mi casa me parecían recién llegadas y extrañas. Un día me sangraron; al sentir la picadura de la lanceta y ver la sangre, me desmayé. Cuando volví en mí, cerca de mi cama estaba parada mi madre con su cara pálida y seria; era una estatua. 
El médico me miraba con aquella dulce atención tan propia de su oficio; su fisonomía no expresaba nada, yo creo que lo tomé por un hombre tallado en madera, como un santo sin pintar que había en la iglesia. No me acuerdo haber tenido dolores durante mi enfermedad. La naturaleza en los graves estados nos dota sin duda de una melancólica y suave indiferencia cuyos beneficios son innegables. 
Poco a poco me fui restableciendo... Seguí leyendo y otros cuentos en este libro: http://www.ayconstanza.com/ficcion/la-lluvia-y-otros-relatos-de-eduardo-wilde/

lunes, 16 de diciembre de 2013

El ultimo verano de Klingsor de Hermann Hesse

El ultimo verano de Klingsor
 de Hermann Hesse

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Esta obra de Hesse está integrada por tres narraciones: 'Alma de niño', 'Klein y Wagner' y la que da título al volumen.Junto con Siddharta y El lobo estepario, ésta es una de las obras que hicieron célebre al gran escritor alemán y lo catapultaron al Premio Nobel de Literatura de 1946.
En El último verano de Klingsor Hesse nos describe los últimos meses de la vida del pintor Klingsor, meses llenos de deseos de vivir y de obsesión por el trabajo y en los que plantea el presentimiento de la muerte próxima.
Alma de niño es el magistral análisis del comportamiento y los estados de ánimo de un muchacho que comete un insignificante hurto en su propia casa y se angustia pensando en las consecuencias de lo que ha hecho.
Klein y Wagner es la historia de un empleado que se convierte en delincuente y rompe con su vida anterior completa e irrevocablemente.
Hesse uno de los favoritos del lector adolescente, sencillo, rebelde e idealista. 

Anaya Editores - Mexico - 1979

viernes, 6 de diciembre de 2013

Larga Distancia de Martin Caparros

Larga Distancia
de Martin Caparros
Planeta - Argentina - 1992
PRIMERA EDICION

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Larga distancia es un clásico de la crónica argentina: un libro que abrió caminos y cambió el modo de pensar las relaciones entre periodismo y literatura. En sus relatos Martín Caparrós utiliza y combina los géneros de un modo potente, original, y su prosa brillante transforma cada viaje en una experiencia única. Los relatos de viaje reunidos en este volumen son fruto de ese placer que consiste en "hacer de la mirada pretendidamente neutra del reportero un ojo caprichoso". La mirada de Caparrós sabe encontrar el detalle elocuente, la escena diminuta que lo dice todo, y logra en cada caso hacernos cómplices de esa revelación. Ya se trate de las luchas de los cocaleros bolivianos o las guerrillas peruanas, los recorridos por Pekin, Shanghai y Hong Kong, la decadencia de Moscú o los complicados lazos entre religión y poder en Haití, escribir es, como la vida, un viaje de descubrimiento.

Por estas crónicas el autor ganó el Premio Rey de España de periodismo. Jacobo Timerman ha señalado: "Cada vez que leo algún artículo sobre Bruce Chatwin, vuelvo a recorrer las páginas de Larga distancia (...). Chatwin es un humanista. Pero Caparrós es un revolucionario y, si el siglo termina como está terminando, un temible rebelde. Quizá porque tiene una idea precisa del futuro, no sólo indaga y describe a los hombres, las montañas, las ciudades; también se atreve con la historia".

HIJO DE SATANAS De Charles Bukowski

HIJO DE SATANAS
De Charles Bukowski
Traducción de Cecilia Ceriani y Txaro Santoro
Anagrama - 1990 - Colección Contraseñas
PRIMERA EDICION

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Charles Bukowski, la más impactante prosa de alcantarilla: la indecente energía de la furia, el malhablado lenguaje de los bares y una exuberante impertinencia constituyen su voz experta en interrumpir la algarabía de «un mundo lleno de canciones de amor espantosas». Entre borrachos y suicidas, Bukowski ha conseguido que los miserables tengan su poeta y que la ironía sea capaz de derrotar a la peor de las tragedias. ¿No podría, entonces, llevarnos hasta el infierno y traernos sanos y salvos? Sanos, sí; a salvo, no. Y es que en este viaje, pleno en humor cruel y furia etílica, Bukowski despliega sus mejores artes de narrador despiadado para ofrecer una veintena de historias sarcásticas, explosivas y absolutamente inolvidables. Nadie sale ileso: ni el boxeador al que entre round y round le recomiendan tirarse, ni el escritor que va al hipódromo buscando una «acción» que lo arruina, ni el joven aburrido que lleva una prostituta a su casa, ni el actor que trata de escapar de la tiranía de la fama... Ni mucho menos, desde luego, el lector. "Hijo de Satanás", «un triste, cómico y potente libro como jamás escribió este importante autor», según la revista View, implica un paseo electrizante por el paisaje de la decadencia. A través de ese camino, Charles Bukowski ofrece la llave para abrir las secretas puertas del infierno. El callejón está abierto, y las emociones, aseguradas

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Otoño en Madrid hacia 1950 de Juan Benet

LIBRO NUEVO
Otoño en Madrid hacia 1950 
de Juan Benet 
Debolsillo - España - 2010

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«Juan Benet se disfrazó de todo menos de sí mismo, e hizo de ello un recurso espiritual de gran eficacia.»
Eduardo Chamorro

Las cuatro piezas reunidas en este volumen son lo más cercano a unas memorias que Juan Benet, muy reacio a este género, llegó a escribir nunca. Conforman, de hecho, una pequeña galería de retratos en los que el humor se alía con un sorprendente poder de evocación, dando como resultado un libro singular y amabilísimo, tras cuyo divertido anecdotario se esconden algunas claves importantes para conocer el sustrato cultural a partir del cual germinó la vocación literaria de Benet y el territorio por el que se abrió paso.
Texto establecido a la luz de la versión mecanoscrita del autor. Incluye el ensayo «Las memorias negadas de Juan Benet» (2001), de Antonio Martínez Sarrión.


Juan Benet (Madrid, 1927-1993), de profesión ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, es uno de los nombres mayores de la literatura contemporánea. Narrador, dramaturgo y ensayista, su obra, profundamente renovadora, constituye un elevado paradigma tanto estilístico como ético, de gran influencia en la reciente cultura española.
Libro nuevo sin uso

Escenas de la vida rural de Amos Oz

LIBRO NUEVO
Escenas de la vida rural 
de Amos Oz 
Siruela - España - 2011 

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Ocho relatos con un mismo eje común: la vida en Tel Ilán, un imaginario pueblo israelí.

«Un magnífico libro de relatos de un escritor que nos ofrece el máximo de su talento.»
De Morgen

Escenas de la vida rural reúne ocho relatos ambientados en Tel Ilán, un imaginario pueblo israelí. En «Herederos», un desconocido llega a casa de Arie Tzelnik, quien se ha ido a vivir con su madre. Se trata de un abogado cuyos planes son internar a la anciana para que Arie y él puedan quedarse con la casa. En «Excavan», se relata la historia de un antiguo parlamentario, Pesaj Kedem, que vive con su hija Rahel. Él es un viejo gruñón que no ha olvidado lo mal que lo trataron sus compañeros de partido. Con ellos vive también un joven árabe que quiere escribir un libro que compare la vida en los pueblos judíos y árabes. Por las noches, Pesaj Kedem, y más tarde el joven árabe, oyen ruidos de picos y palas debajo de la casa… Y, a modo de epílogo, «En un lejano lugar en otro tiempo» describe el deterioro físico y moral de Tel Ilán, un pueblo en descomposición.

Amos Oz (Jerusalén, 1939) es el escritor israelí más importante de la actualidad y un firme activista por la paz en su país. Su talento literario lo ha hecho merecedor de numerosos premios internacionales, como el Goethe (2005), el reputado Premio Israelí de Literatura (1998) o el Príncipe de Asturias de las Letras (2007).

Traducción de Raquel García Lozano

LIBRO NUEVO Postales Tumberas de Jorge Larrosa - Prologo de Andres Calamaro

LIBRO NUEVO
Postales Tumberas 
de Jorge Larrosa
Prologo de Andres Calamaro
Aguilar - Argentina 2009

En estos tiempos en que la inseguridad tiñe nuestra vida cotidiana, Jorge Larrosa emprende un viaje riesgoso: relatar las formas de vida, los códigos y los valores de los ladrones "de otra época". Para guiarnos en esta historia, Larrosa le da vida al Zurdo, un personaje inspirado en delincuentes auténticos. Nos cuenta, con sencillez y agudeza, cómo es ese mundo anterior a la proliferación de la droga, la escalada de violencia y la "maldita policía". En Postales tumberas cobra vida la rutina carcelaria y se narra una fuga espectacular, un asalto frustrado y una galería de episodios que parecen creados para el cine, aunque pertenezcan a la vida real. Jorge Larrosa, "poeta de la Zurda" y autor de varias letras interpretadas por Andrés Calamaro, descorre el velo de ese tiempo que de a poco fue dando paso a la delincuencia tal y como la conocemos hoy. 

Reconocido antes que nada como letrista de Andrés Calamaro en la época post-Salmón, esa que los llevó al terreno de la alta toxicología, los bajos fondos y el mundo de los excluidos y la cárcel, Jorge Larrosa acaba de publicar su primer libro. Entre la ficción verdadera y la crónica novelada, Postales tumberas (Aguilar) cuenta los episodios alrededor de una célebre fuga de 1994 para retratar con ductilidad, suspenso y un idioma propio la vida adentro y afuera de eso que no por nada llaman tumba.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Cuentos fatales de Leopoldo Lugones

Cuentos fatales
de Leopoldo Lugones 
Cronica 100x100 - Colombia 1994
Cuentos fatales recoge cinco piezas compuestas y publicadas el año 1923, que tienen la nota común subrayada en el adjetivo del título: la fatalidad, como fuerza inevitable que parece determinar las acciones y condicionar los resultados.
Tres de los textos son de tema esotérico oriental: "El vaso de alabastro","Los ojos de la reina" y "El puñal"; de tema universal, "El secreto de Don Juan": inserción en el mito literario de rica tradición; "Agueda" en un tema legendario de Córdoba: el bandido hombre que roba a los ricos para ayudar a los pobres, el hombre totalmente enamorado de la bella y el rapto de la mujer amada. En los tres primeros cuentos hay un elemento innovador, que resaltó Borges: "Da cierta realidad a estas imaginaciones fantásticas, un procedimiento que ha encontrado muchos imitadores: Lugones es protagonista de lo que narra y en la acción intervienen amigos suyos, con su nombre verdadero".

Archivo Revista GENTE - Parte 1

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