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| Fotografía de Diego Sandstede PRIMERAS EDICIONES DE FOGWIL, NOTAS, LIBROS Y MÁS EN www.ayconstanza.com Había una vez que yo soñé algo y lo olvidé. Ese sueño y sus no imágenes me siguen hasta hoy, cuando han pasado casi treinta y nueve años. A eso se llama vivir, o haber vivido, pendiente de un olvido. Es natural ahora, cuando el olvido roe las neuronas, pero aún recuerdo que aquella vez, hace casi cuarenta años, soñé y olvidé y desde entonces pienso que el grueso de la memoria se compone de cosas negras hechas de puro olvido. La memoria está llena de olvido, llena de olvido, vacía de sí, llena de olvido, casi hecha de puro olvido. Uno mismo termina hecho de puro olvido. La idea era recordar los sueños. (...) FOGWILL |
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viernes, 23 de mayo de 2014
Rodolfo Fogwill
lunes, 14 de abril de 2014
Prosaico de Ignacio Castillo
Prosaico
de Ignacio Castillo
Lengua de Trapo - Madrid - 2001
COMO NUEVO
COMPRAS Y CONSULTAS www.ayconstanza.com
No hay nada así desde Tiempo de silencio
En la Sevilla inmediatamente posterior a la EXPO' 92, el azar reúne a un fotógrafo chusquero adicto a la pornografía con un estudiante de buena familia que desprecia cuanto conoce de un mundo que sigue descubriendo a diario. Las rocambolescas situaciones que provocan las incursiones de esta pareja imposible en la noche sevillana desde el clásico paseo por las zonas del lumpen o el reparto de mantas a unos mendigos que duermen entre cartones, hasta la salida del Martes Santo para ver a la Virgen conforman la trama de una novela hilarante y ácida.
Escrita sin concesiones, sin mover una coma ni olvidar un insulto, Prosaico responde exclusivamente a la rigurosa concepción que el autor posee de la novela como herramienta sin igual para contar el mundo. Lejos de cualquier tentación de experimentalismo superfluo, la obra incorpora buena parte de las novedades formales con las que se ha enriquecido la narrativa a lo largo del siglo XX, pero con una naturalidad que las hace nuestras de una vez por todas.
LA CRITICA DICE
«Ignacio Castillo, que ya está preparando su segunda novela, ha creado a unos personajes que recorren una Sevilla diferente, pero real, llena de mendigos, de fantasmas de la noche, de charcos infectos. Quizás con cierta dosis de canibalismo literario, como esa generación de jóvenes escritores italianos».(E. Díaz Pérez, El Mundo)
«Este autor sevillano “un poco anómalo” ha bebido de la pluma de muchos escritos pero el más absorbido en Prosaico es Joyce». (M. Mora, El Correo de Andalucía)
«Ignacio Castillo retrata la Sevilla marginal en su primera novela, Prosaico». (S. Belausteguigoitia, El País)
«Prosaico es un libro que no podemos encasillar en ninguna corriente convencional de los últimos cien años. Es un libro escrito en clave de diálogo. Prácticamente no hay narración. Tiene un elemento técnico que quiero destacar: su oralidad» (F. Iwasaki)
«La novela es brutral, tan brutal como la prosa, rápida y contundente». (Canal21.com)
Ignacio Castillo (Sevilla, 1965) recuerda haber sentido verdadero rechazo por la literatura hasta la adolescencia. Un profesor poeta y la insistencia agónica de su padre --hombre culto, de gustos clásicos--, que lo rodea de libros, operan el cambio: a los dieciocho años ha escrito ya dos conatos de novela. Cursos de cine, pintura, fotografía, viajes. Abandona con prisas las facultades de Filosofía e Historia en años sucesivos y se hace fotógrafo profesional. A los veintiséis prescinde de la holgura económica y de una sólida reputación como especialista en arquitectura para escribir esta primera novela a la que ha dedicado seis años. Su segunda novela ya está en marcha.
de Ignacio Castillo
Lengua de Trapo - Madrid - 2001
COMO NUEVO
COMPRAS Y CONSULTAS www.ayconstanza.com
No hay nada así desde Tiempo de silencio
En la Sevilla inmediatamente posterior a la EXPO' 92, el azar reúne a un fotógrafo chusquero adicto a la pornografía con un estudiante de buena familia que desprecia cuanto conoce de un mundo que sigue descubriendo a diario. Las rocambolescas situaciones que provocan las incursiones de esta pareja imposible en la noche sevillana desde el clásico paseo por las zonas del lumpen o el reparto de mantas a unos mendigos que duermen entre cartones, hasta la salida del Martes Santo para ver a la Virgen conforman la trama de una novela hilarante y ácida.
Escrita sin concesiones, sin mover una coma ni olvidar un insulto, Prosaico responde exclusivamente a la rigurosa concepción que el autor posee de la novela como herramienta sin igual para contar el mundo. Lejos de cualquier tentación de experimentalismo superfluo, la obra incorpora buena parte de las novedades formales con las que se ha enriquecido la narrativa a lo largo del siglo XX, pero con una naturalidad que las hace nuestras de una vez por todas.
LA CRITICA DICE
«Ignacio Castillo, que ya está preparando su segunda novela, ha creado a unos personajes que recorren una Sevilla diferente, pero real, llena de mendigos, de fantasmas de la noche, de charcos infectos. Quizás con cierta dosis de canibalismo literario, como esa generación de jóvenes escritores italianos».(E. Díaz Pérez, El Mundo)
«Este autor sevillano “un poco anómalo” ha bebido de la pluma de muchos escritos pero el más absorbido en Prosaico es Joyce». (M. Mora, El Correo de Andalucía)
«Ignacio Castillo retrata la Sevilla marginal en su primera novela, Prosaico». (S. Belausteguigoitia, El País)
«Prosaico es un libro que no podemos encasillar en ninguna corriente convencional de los últimos cien años. Es un libro escrito en clave de diálogo. Prácticamente no hay narración. Tiene un elemento técnico que quiero destacar: su oralidad» (F. Iwasaki)
«La novela es brutral, tan brutal como la prosa, rápida y contundente». (Canal21.com)
Ignacio Castillo (Sevilla, 1965) recuerda haber sentido verdadero rechazo por la literatura hasta la adolescencia. Un profesor poeta y la insistencia agónica de su padre --hombre culto, de gustos clásicos--, que lo rodea de libros, operan el cambio: a los dieciocho años ha escrito ya dos conatos de novela. Cursos de cine, pintura, fotografía, viajes. Abandona con prisas las facultades de Filosofía e Historia en años sucesivos y se hace fotógrafo profesional. A los veintiséis prescinde de la holgura económica y de una sólida reputación como especialista en arquitectura para escribir esta primera novela a la que ha dedicado seis años. Su segunda novela ya está en marcha.
miércoles, 9 de abril de 2014
Camus y su ironía profética
El auto en el que perdió la vida Albert Camus
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Encontrá los libros de Albert Camus en www.ayconstanza.com
La frase fue pronunciada por el famoso escritor francés el 3 de enero de 1960, cuando varios diarios europeos reportaron el fallecimiento en un accidente carretero del entonces afamado ciclista Fausto Coppi. La noticia fue desmentida horas después.
Al día siguiente, 4 de enero, Camus perdía la vida en un violento choque en la ruta de Borgoña. El accidente ocurrió cuando su amigo y editor Michel Gallimard conducía a gran velocidad su Facel Vega en una recta sin obstáculos y un neumático reventó. El Premio Nobel de Literatura 1957 iba a la derecha del conductor. "El encontronazo con un árbol fue tan violento que el vehículo se partió en tres pedazos, y Camus fue a parar a los asientos posteriores. La muerte del famoso escritor fue instantánea", contaba el corresponsal del periódico madrileño ABC en París, Federico García-Requena, en una crónica titulada "La muerte, imprevista y absurda, de Albert Camus".
El coche quedó tan destrozado que se tardó mucho tiempo en extraer el cadáver del escritor de entre los restos del coche. Gallimard, en cambio, fue trasladado grave al hospital y su esposa y su hija sufrieron tan sólo contusiones.
La huelga que mantenían desde hace días los medios de comunicación francesas hizo que la trágica noticia se divulgara muy tarde. Sin embargo, en cuanto se supo del accidente, la radio pública francesa, de acuerdo con las comisiones de huelga, decidió inmediatamente suspender su programa de música grabada, el único que transmitía en aquellos momentos, para rendir tributo al fallecido escritor.
Albert Camus (1913, Mondovi -actual Drean- Argelia) nació hace un siglo en el seno de una familia muy humilde de colonos franceses.
Su padre, excombatiente en la Guerra franco-prusiana, falleció en la Primera Guerra Mundial, sin apenas conocer a su hijo. Su madre, de origen menorquín, analfabeta y casi sordomuda, tuvo que limpiar muchas casas para sacar a sus dos hijos adelante.
Camus se crió pobre, aislado y febril en la colonia francesa. Alentado por sus profesores, se matriculó en Filosofía, aunque la tuberculosis le impidió finalizar sus estudios.
Fundó entonces una compañía de teatro, se afilió durante dos años al Partido Comunista y trabajó como periodista, antes de mudarse a París en 1940 para incorporarse a la redacción de "Paris-Soir" y ejercer como lector de textos en la editorial Gallimard.
Con 29 años publicó "El Extranjero", su novela más aplaudida y una reflexión en primera persona del singular sobre las consecuencias morales del asesinato y la indiferencia ante la muerte, que arranca con las indolentes frases: "Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé".
En los años siguientes escribió la obra de teatro "El Malentendido" y el ensayo "El Mito de Sísifo" que, junto con "Calígula", abundan sobre la "filosofía del absurdo". Camus parte de las influencias de los filósofos existencialistas Kierkegaard y Nietzsche para analizar el vano esfuerzo del ser humano por encontrar el significado de la vida.
En París, durante la ocupación nazi, militó en La Resistencia y fundó el periódico clandestino "Combat". Fue en esos años cuando conoció a su amante más célebre, la actriz española exiliada en Francia María Casares, hija de un presidente del Gobierno de la Segunda República Española.
Siempre repeinado y con un cigarrillo apoyado en la comisura de los labios, el llamado "Humphrey Bogart de la literatura" trabó amistad con el filósofo Jean-Paul Sartre en 1943, y mantuvo con él una relación de diez años que, tras la publicación del artículo "Les Temps Modernes", desembocaría en una agria batalla filosófica con marcado trasfondo político.
Aunque ambos pensadores se reivindicaban de izquierdas, Sartre defendía la violencia para alcanzar la revolución social mientras que Camus, acusado de estático, entendía que el fin no justifica los medios.
"Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría", resumía Camus, que en 1957 y contra pronóstico ganó el Premio Nobel de Literatura. Tenía 44 años.
Entonces vivía ya instalado en el gran desgarro que le produjo la guerra de independencia de su Argelia natal (1954 y 1962).
Anhelaba que la tierra que le vio nacer, donde los atardeceres apacibles se mezclaban con los colores mediterráneos, dejara atrás el sistema colonial, pero sin desligarse de la Francia que educó su talento. Dos años antes de que terminara esa barbarie, Camus falleció, a los 46 años, al romperse el cuello en un accidente.
La muerte de Camus dejó viuda a su segunda esposa, Francine, y huérfanos a sus dos hijos gemelos, Jean y Catherine. Aunque conoció numerosas amantes, la verdadera mujer de su vida fue su bondadosa y esforzada madre, reconocen sus hijos.
Coincidiendo con el centenario de su nacimiento, la exposición "Albert Camus, ciudadano del mundo" de la Ciudad del Libro de Aix-en-Provence explora en diez ejes temáticos sus amistades, su lenguaje o sus rincones predilectos. Puede visitarse hasta el próximo 5 de enero en esa localidad de la costa mediterránea que tanto amó Albert Camus.
Quienes le conocieron, como el periodista Jean Daniel, fundador de "Le Nouvel Observateur" y amigo del Premio Nobel, dicen que "para saber lo que es un hombre feliz hay que haber visto a Camus delante del mar y el sol".
En base a EFE
martes, 25 de marzo de 2014
Ellery Queen
Ellery Queen es el seudónimo de dos primos estadounidenses, de origen judío, escritores de literatura policíaca y creadores del personaje que lleva el mismo nombre que su seudónimo
Frederick Dannay (de nombre real Daniel Nathan) y Manfred Bennington Lee (de nombre real Manford Lepofsky), eran primos y trabajaban como agentes de publicidad en Nueva York. En 1929 publicaron una novela policiaca con el seudónimo de Ellery Queen, que también servía como nombre del protagonista, que a pesar de algunos problemas editoriales, cosechó gran éxito. Como consecuencia editaron la revista Ellery Queen´s Mystery Magazine con el mismo éxito, que llegó a tener una vida de sesenta y cinco años. Su popularidad fue tal, que llegaron a crear una franquicia, bajo su supervisión, para que otros autores pudieran escribir con este seudónimo. También trabajaron como guionistas de cine y televisión, y sus novelas fueron radiadas por capítulos, seriadas para televisión y llevadas al cine. Crearon el personaje Drury Lane publicando varias novelas bajo el seudónimo de Barnaby Ross, y también crearon el personaje Tim Corrigan.
Frederick Dannay nació en Nueva York el 20 de octubre de 1905 y falleció en la misma ciudad el 3 de septiembre de 1982. (dcha. en la foto)
Manfred Benington Lee también nació en Nueva York, el 11 de enero de 1905 y falleció, también en la misma ciudad, el 3 de abril de 1971.
ENCONTRÁ SUS LIBROS
en
www.ayconstanza.com
Frederick Dannay (de nombre real Daniel Nathan) y Manfred Bennington Lee (de nombre real Manford Lepofsky), eran primos y trabajaban como agentes de publicidad en Nueva York. En 1929 publicaron una novela policiaca con el seudónimo de Ellery Queen, que también servía como nombre del protagonista, que a pesar de algunos problemas editoriales, cosechó gran éxito. Como consecuencia editaron la revista Ellery Queen´s Mystery Magazine con el mismo éxito, que llegó a tener una vida de sesenta y cinco años. Su popularidad fue tal, que llegaron a crear una franquicia, bajo su supervisión, para que otros autores pudieran escribir con este seudónimo. También trabajaron como guionistas de cine y televisión, y sus novelas fueron radiadas por capítulos, seriadas para televisión y llevadas al cine. Crearon el personaje Drury Lane publicando varias novelas bajo el seudónimo de Barnaby Ross, y también crearon el personaje Tim Corrigan.
Frederick Dannay nació en Nueva York el 20 de octubre de 1905 y falleció en la misma ciudad el 3 de septiembre de 1982. (dcha. en la foto)
Manfred Benington Lee también nació en Nueva York, el 11 de enero de 1905 y falleció, también en la misma ciudad, el 3 de abril de 1971.
ENCONTRÁ SUS LIBROS
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jueves, 13 de marzo de 2014
El humor de Wimpi
El humor de Wimpi en www.ayconstanza.com
Nacido en Montevideo, su verdadero nombre era Arthur García Núñez. Joven aún vino con su madre a Buenos Aires, y estudió en el Colegio Nacional Mariano Moreno, para ingresar luego a la Facultad de Medicina. Lamentablemente abandonó la carrera y salió a la aventura, a El Chaco. Luego de mil penurias que prefirió olvidar y extirpar de su memoria, pegó la vuelta a Montevideo.
En 1946 comenzó a hacer apariciones radiales que eran la delicia de los oyentes, deslumbrados por sus revelaciones agradables para el espíritu. Se autobautizó "Wimpy" y desde entonces todo el mundo quiso leerlo.
Fue redactor del desaparecido diario "El Imparcial" y posteriormente del también extinto "El Plata" . El periodismo y la radio incrementaron su prestigio. "El gusano loco" y "Los cuentos del viejo Varela" fueron los únicos libros que la timidez de Wimpi le permitió publicar después de tremendas dudas.
Muchos otros corrieron el destino del fuego, al que los arrojó el autor, incapaz de superar su extrema autocrítica. "La taza de tilo", "Ventana a la calle", "Cartas de animales", "Viaje alrededor de un sofá", "Vea amigo", "La risa", "Los cuentos de Don Claudio Machín", "El fogón del viejo Varela" y "La calle del gato que pesca" , acaso pudieron correr idéntico camino, pero el inesperado y llorado fallecimiento de Wimpi ocurrido en Buenos Aires el 9 de setiembre de 1956, los salvó de la destrucción de las llamas.
Wimpi escribió un libro llamado "El gusano loco" que es un extraño libro de ensayos, aguafuertes , narraciones, relatos o ideas. La virtud primordial de la obra de Wimpi es el humor sencillo y a la vez certero con frases tales como:
"El marido es la viruta de un novio" o
"Se ha dicho que el hombre es hombre por la cabeza y por la mano. Lo es más, empero, por la mano que por la cabeza: hay muchos que no piensan, y lo mismo agarran. Y otros que únicamente piensan en agarrar.".
Otro aspecto que sobresale en sus ensayos es una suerte de "filosofía popular", entretenida e interesante (en el ensayo "Paradojas" escribe: "4: el tipo siempre dice que le puede pasar cualquier cosa y nunca está preparado para nada") Y a lo mejor, más que de filosofía popular uno tendría que pensar en una filosofía de lo cotidiano. Uno de los mejores ensayos del libro se titula "Las veces en que el tipo "se queda helado"" y habla sobre un tipo que compra una heladera y no puede soportar el hecho de no saber si la luz del artefacto se apaga cuando la puerta se cierra.
Por otro lado, también es un escritor de la sabiduría popular a la que cuestiona con humor: "Otros petisos dicen: -"La esencia viene en frascos chicos". La esencia viene en frascos chicos cuando es poca."; y también nos recuerda chistes mil veces escuchados como: "Sin embargo, era tan petiso [por Atila, el Huno], que cuando se le enfriaban los pies se ponía la bufanda.".
No sólo hace gala de filosofía y sabiduría popular, Wimpi posee una obsesión por defender y valorar a los animales y es por esa razón que escribió ensayos tales como: "Función política y cultural de la rata" y "Contribución a un biografía reivindicatoria del caballo",además de haber escrito Cartas de animales donde varios tipos de animales le escriben cartas al hombre recriminándole sus atropellos
Wimpi utilizó anécdotas históricas y literarias para sustentar sus ideas y rellenó sus textos de información interesante que se puede tener por "válida" y, por otro lado, genera una lectura amena e interesante. (fuente del texto: Jovatolandia)
Nacido en Montevideo, su verdadero nombre era Arthur García Núñez. Joven aún vino con su madre a Buenos Aires, y estudió en el Colegio Nacional Mariano Moreno, para ingresar luego a la Facultad de Medicina. Lamentablemente abandonó la carrera y salió a la aventura, a El Chaco. Luego de mil penurias que prefirió olvidar y extirpar de su memoria, pegó la vuelta a Montevideo.
En 1946 comenzó a hacer apariciones radiales que eran la delicia de los oyentes, deslumbrados por sus revelaciones agradables para el espíritu. Se autobautizó "Wimpy" y desde entonces todo el mundo quiso leerlo.
Fue redactor del desaparecido diario "El Imparcial" y posteriormente del también extinto "El Plata" . El periodismo y la radio incrementaron su prestigio. "El gusano loco" y "Los cuentos del viejo Varela" fueron los únicos libros que la timidez de Wimpi le permitió publicar después de tremendas dudas.
Muchos otros corrieron el destino del fuego, al que los arrojó el autor, incapaz de superar su extrema autocrítica. "La taza de tilo", "Ventana a la calle", "Cartas de animales", "Viaje alrededor de un sofá", "Vea amigo", "La risa", "Los cuentos de Don Claudio Machín", "El fogón del viejo Varela" y "La calle del gato que pesca" , acaso pudieron correr idéntico camino, pero el inesperado y llorado fallecimiento de Wimpi ocurrido en Buenos Aires el 9 de setiembre de 1956, los salvó de la destrucción de las llamas.
Wimpi escribió un libro llamado "El gusano loco" que es un extraño libro de ensayos, aguafuertes , narraciones, relatos o ideas. La virtud primordial de la obra de Wimpi es el humor sencillo y a la vez certero con frases tales como:
"El marido es la viruta de un novio" o
"Se ha dicho que el hombre es hombre por la cabeza y por la mano. Lo es más, empero, por la mano que por la cabeza: hay muchos que no piensan, y lo mismo agarran. Y otros que únicamente piensan en agarrar.".
Otro aspecto que sobresale en sus ensayos es una suerte de "filosofía popular", entretenida e interesante (en el ensayo "Paradojas" escribe: "4: el tipo siempre dice que le puede pasar cualquier cosa y nunca está preparado para nada") Y a lo mejor, más que de filosofía popular uno tendría que pensar en una filosofía de lo cotidiano. Uno de los mejores ensayos del libro se titula "Las veces en que el tipo "se queda helado"" y habla sobre un tipo que compra una heladera y no puede soportar el hecho de no saber si la luz del artefacto se apaga cuando la puerta se cierra.
Por otro lado, también es un escritor de la sabiduría popular a la que cuestiona con humor: "Otros petisos dicen: -"La esencia viene en frascos chicos". La esencia viene en frascos chicos cuando es poca."; y también nos recuerda chistes mil veces escuchados como: "Sin embargo, era tan petiso [por Atila, el Huno], que cuando se le enfriaban los pies se ponía la bufanda.".
No sólo hace gala de filosofía y sabiduría popular, Wimpi posee una obsesión por defender y valorar a los animales y es por esa razón que escribió ensayos tales como: "Función política y cultural de la rata" y "Contribución a un biografía reivindicatoria del caballo",además de haber escrito Cartas de animales donde varios tipos de animales le escriben cartas al hombre recriminándole sus atropellos
Wimpi utilizó anécdotas históricas y literarias para sustentar sus ideas y rellenó sus textos de información interesante que se puede tener por "válida" y, por otro lado, genera una lectura amena e interesante. (fuente del texto: Jovatolandia)
Acerca de la polémica sobre el libro Kahal-Oro de Hugo Wast
Noticia del año 2008
Este año, la X Exposición del Libro Católico no cuenta con ejemplares de “El Kahal – Oro” de Hugo Wast, ya que dicho texto se encuentra agotado y resulta de difícil adquisición, no obstante la variedad de bibliografía de tales características que posee la tradicional Exposición en La Plata. Sin embargo, el reciente incidente durante la inauguración de la Exposición en que Juan Vázquez arrojó panfletos contra la obra, reaviva la cuestión. En esta nota, se aborda la cuestión del falso “antisemitismo” de Martínez Zuviría.
El libro “El Kahal – Oro” tuvo por autor a Hugo Wast (seudónimo de Martínez Zuviría) fue una obra prohibida en la Alemania nazi, concretamente desde 1941, a sólo seis años de haberse publicado la primera Edición. No se trata de un libro que llame a exterminio o genocidio del pueblo judío, hecho que sería repudiable como cualquier genocidio, y como mal quieren hacer aparecer muchos de sus críticos y detractores.
Es más, en el prólogo explícitamente consigna el autor, y exime de mayores explicaciones: “el odio al judío es anticatólico, porque debemos amarlo como a prójimo”, pero desde el punto de vista del cristianismo el judaísmo (como conjunto de creencias), es una herejía que niega la venida del Mesías anunciado y el cumplimiento de las profecías. En particular, y por otro lado, el sionismo ha sido declarado como movimiento racista incluso por las Naciones Unidas, el cual traduce anhelos de poder y de mesianismos políticos.
En sí, el libro va contra aquéllos que prefirieron adorar al “becerro de oro” antes que a Dios y los Diez Mandamientos que Moisés traía al bajar del Monte de su encuentro con el Autor de la Creación y de la Vida. Es decir, a la desviación del espíritu religioso auténtico para volcarse al mundo material, a lo inmanente, al olvido de la trascendencia y del destino de la propia alma según el anuncio de Dios.
El planteo literario es un llamado a la conversión en masa del pueblo judío al cristianismo, convocando a reconocer al Mesías en Jesucristo, en quien se cumplieron las Profecías contenidas en Isaías, Malaquías, los Salmos, y también Daniel, por ejemplo. Desde la literatura, pues no es un libro de contenido teológico, sino que posee una inspiración teológica para la literatura, realiza el autor un llamado a la conversión.
Cabe destacar que Hugo Wast fue el novelista más popular de su tiempo, con obras de gran tirada que hoy llamamos “best seller”, e incluso podía vivir de sus derechos de autor. Pero era un escritor inspirado por la Fe católica al escribir
En la novela “El Kahal-Oro” describía literariamente (no es un tratado científico) que una conspiración judía maneja y busca acaparar el oro del mundo con un odio anticristiano. En ese marco, ideologías modernas como el socialismo o el comunismo que son enemigos de la Iglesia Católica, fueron inspirados por Carlos Marx (quien era de origen judío) desde una ciencia económica fundamentada en el materialismo dialéctico, sería una muestra de ello (El Kahal –Oro cap. 23).
Martínez Zuviría, por su parte, hace un llamando en su novela Kahal-Oro, al pueblo católico para combatir sin descanso la amenaza judía en cuanto al orden del sistema económico y a las herejías difundidas. Se trata de un combate «por la fe, por la familia, por la patria», pero no se trata de un combate con armas materiales, sino que se trata de un ejercicio del alma de cada persona para lograr la salvación eterna a la que todos están llamados en la Verdad.
Esto implica conocer la Verdad y compartirla, también con el pueblo judío del cual surgieron los primeros cristianos como los Apóstoles, los Evangelistas, e incluso el perseguidor, torturador y asesino de cristianos: Saulo de Tarso que se convirtió transformándose luego en San Pablo. Ese es el llamado de Martínez Zuviría en su obra, no otro: un llamado a la conversión, y de ninguna manera la apología al odio, al antisemitismo o a la irracionalidad. Porque Jesucristo vino a traer Su Paz desde el Amor en el pleno cumplimiento de las promesas y Profecías formuladas por Dios inmediatamente después del Pecado Original, del que toda la humanidad es víctima.
Este año, la X Exposición del Libro Católico no cuenta con ejemplares de “El Kahal – Oro” de Hugo Wast, ya que dicho texto se encuentra agotado y resulta de difícil adquisición, no obstante la variedad de bibliografía de tales características que posee la tradicional Exposición en La Plata. Sin embargo, el reciente incidente durante la inauguración de la Exposición en que Juan Vázquez arrojó panfletos contra la obra, reaviva la cuestión. En esta nota, se aborda la cuestión del falso “antisemitismo” de Martínez Zuviría.
El libro “El Kahal – Oro” tuvo por autor a Hugo Wast (seudónimo de Martínez Zuviría) fue una obra prohibida en la Alemania nazi, concretamente desde 1941, a sólo seis años de haberse publicado la primera Edición. No se trata de un libro que llame a exterminio o genocidio del pueblo judío, hecho que sería repudiable como cualquier genocidio, y como mal quieren hacer aparecer muchos de sus críticos y detractores.
Es más, en el prólogo explícitamente consigna el autor, y exime de mayores explicaciones: “el odio al judío es anticatólico, porque debemos amarlo como a prójimo”, pero desde el punto de vista del cristianismo el judaísmo (como conjunto de creencias), es una herejía que niega la venida del Mesías anunciado y el cumplimiento de las profecías. En particular, y por otro lado, el sionismo ha sido declarado como movimiento racista incluso por las Naciones Unidas, el cual traduce anhelos de poder y de mesianismos políticos.
En sí, el libro va contra aquéllos que prefirieron adorar al “becerro de oro” antes que a Dios y los Diez Mandamientos que Moisés traía al bajar del Monte de su encuentro con el Autor de la Creación y de la Vida. Es decir, a la desviación del espíritu religioso auténtico para volcarse al mundo material, a lo inmanente, al olvido de la trascendencia y del destino de la propia alma según el anuncio de Dios.
El planteo literario es un llamado a la conversión en masa del pueblo judío al cristianismo, convocando a reconocer al Mesías en Jesucristo, en quien se cumplieron las Profecías contenidas en Isaías, Malaquías, los Salmos, y también Daniel, por ejemplo. Desde la literatura, pues no es un libro de contenido teológico, sino que posee una inspiración teológica para la literatura, realiza el autor un llamado a la conversión.
Cabe destacar que Hugo Wast fue el novelista más popular de su tiempo, con obras de gran tirada que hoy llamamos “best seller”, e incluso podía vivir de sus derechos de autor. Pero era un escritor inspirado por la Fe católica al escribir
En la novela “El Kahal-Oro” describía literariamente (no es un tratado científico) que una conspiración judía maneja y busca acaparar el oro del mundo con un odio anticristiano. En ese marco, ideologías modernas como el socialismo o el comunismo que son enemigos de la Iglesia Católica, fueron inspirados por Carlos Marx (quien era de origen judío) desde una ciencia económica fundamentada en el materialismo dialéctico, sería una muestra de ello (El Kahal –Oro cap. 23).
Martínez Zuviría, por su parte, hace un llamando en su novela Kahal-Oro, al pueblo católico para combatir sin descanso la amenaza judía en cuanto al orden del sistema económico y a las herejías difundidas. Se trata de un combate «por la fe, por la familia, por la patria», pero no se trata de un combate con armas materiales, sino que se trata de un ejercicio del alma de cada persona para lograr la salvación eterna a la que todos están llamados en la Verdad.
Esto implica conocer la Verdad y compartirla, también con el pueblo judío del cual surgieron los primeros cristianos como los Apóstoles, los Evangelistas, e incluso el perseguidor, torturador y asesino de cristianos: Saulo de Tarso que se convirtió transformándose luego en San Pablo. Ese es el llamado de Martínez Zuviría en su obra, no otro: un llamado a la conversión, y de ninguna manera la apología al odio, al antisemitismo o a la irracionalidad. Porque Jesucristo vino a traer Su Paz desde el Amor en el pleno cumplimiento de las promesas y Profecías formuladas por Dios inmediatamente después del Pecado Original, del que toda la humanidad es víctima.
LIBROS DE HUGO WAST EN
miércoles, 12 de marzo de 2014
La novela de Heberto Padilla que Fidel Castro secuestró
La novela «En mi jardín pastan los héroes» fue secuestrada por Fidel Castro y diez años más tarde, recuperada y publicada en España.
En 1968, se desencadenó un escándalo político a raíz del premio que le otorgó el Sindicato de Escritores Cubanos por su libro «Fuera de juego», en el que se vió una actitud demasiado crítica sobre la revolución. Este escándalo se concretó, en 1971, con el encarcelamiento del poeta, al que se le obligó a retractarse publicamente de sus críticas.
Posteriormente, fue autorizado por Fidel Castro a abandonar el país y emigrar a Estados Unidos.
También, en 1968, Heberto Padilla escribe «En mi jardín pastan los héroes» y dos años más tarde, en el año 71, publicó «Provocaciones».
Mas info, contratapa y solapas en http://www.ayconstanza.com/drama/en-mi-jardin-pastan-lo-heroes-de-heberto-padilla/
Heberto Padilla, el poeta disidente cubano que llevó a los intelectuales de todo el mundo a criticar los métodos del régimen castrista, murió en el año 2000 en el exilio de Estados Unidos.
Heberto rompió todos los límites posibles y su pérdida no sólo es irreparable para la Literatura cubana, sino para las letras de todo el mundo».
En 1968, se desencadenó un escándalo político a raíz del premio que le otorgó el Sindicato de Escritores Cubanos por su libro «Fuera de juego», en el que se vió una actitud demasiado crítica sobre la revolución. Este escándalo se concretó, en 1971, con el encarcelamiento del poeta, al que se le obligó a retractarse publicamente de sus críticas.
Posteriormente, fue autorizado por Fidel Castro a abandonar el país y emigrar a Estados Unidos.
También, en 1968, Heberto Padilla escribe «En mi jardín pastan los héroes» y dos años más tarde, en el año 71, publicó «Provocaciones».
Mas info, contratapa y solapas en http://www.ayconstanza.com/drama/en-mi-jardin-pastan-lo-heroes-de-heberto-padilla/
Heberto Padilla, el poeta disidente cubano que llevó a los intelectuales de todo el mundo a criticar los métodos del régimen castrista, murió en el año 2000 en el exilio de Estados Unidos.
Heberto rompió todos los límites posibles y su pérdida no sólo es irreparable para la Literatura cubana, sino para las letras de todo el mundo».
lunes, 24 de febrero de 2014
Jorge Larrosa y las postales tumberas
Reconocido antes que nada como letrista de Andrés Calamaro en la época post-Salmón, esa que los llevó al terreno de la alta toxicología, los bajos fondos y el mundo de los excluidos y la cárcel, Jorge Larrosa acaba de publicar su primer libro. Entre la ficción verdadera y la crónica novelada, Postales tumberas (Aguilar) cuenta los episodios alrededor de una célebre fuga de 1994 para retratar con ductilidad, suspenso y un idioma propio la vida adentro y afuera de eso que no por nada llaman tumba. En esta entrevista, habla del mundo sobre el que echa luz, los códigos rotos en las últimas décadas, los cambios en los delincuentes y esa constante que hace cuarenta años no cambia: la policía.
Postales Tumberas
de Jorge Larrosa - Prologo de Andres Calamaro
LINK EN TIENDA http://www.ayconstanza.com/biografias-memorias-y-testimonios/postales-tumberas-de-jorge-larrosa-prologo-de-andres-calamaro/
Hay frases, hay ideas en la verborragia de Larrosa que encuentran destino de loops. Las desgrana de una manera tan especial –apoyándose en metáforas, imágenes, bromas, gestos, sonrisas parciales y frases hechas partidas en pedazos– que, a medida que las va repitiendo, lejos de desgastarse, parecen ir tomando más color, mucho más sentido. Conclusiones que trascienden el tema carcelario para salir al afuera, ahí donde se entrecruzan todos los tópicos que tienen que ver con la necesidad, la exclusión, el encierro y la falta. Tres conclusiones, al menos, pueden apuntarse luego de hablar con él, tres conclusiones que pueden llegar a armar el rompecabezas de la Argentina de verdad, es decir, el que incluya también los pedazos de una Argentina desarmada que, a veces, necesita armarse sola para poder sobrevivir. Tres conclusiones donde se muestra que a veces la experiencia crea su propio lenguaje:
1) es un alivio dormir para poder soñar con la libertad aunque, al mismo tiempo, hay que tener cuidado de no cajetear, la peor manera de volverse tumbero; 2) en tierra de tigres hay que aprender a ser zorro para después recién empezar a ser tigre; 3) hay que saber perder, y una vez adentro alejar los pensamientos obsesivos pero nunca permitir que la prisión cobre realidad por sí misma, porque así todo lo que se dejó afuera puede empezar a esfumarse.
Cajetear es volverse autista, llenarse de pastillas, morderse la cola pensando únicamente en la causa por la que uno quedó adentro; la de los tigres es la deliciosa metáfora que usa Larrosa para dar cuenta de los presos que caminan de lado a lado de su jaula; saber perder es tener en cuenta que, para un ladrón, no hay grises: es todo blanco o negro porque el verdadero ladrón, el revolucionario urbano, en términos de Larrosa, es aquel que no comete el crimen si no está dispuesto a pagar la condena.
Todos esos puntos despliega Postales tumberas (Aguilar), el flamante libro de Jorge Larrosa que se centra en el personaje del Zurdo –alguien que entra en la cárcel y va pasando de testigo a colaborador de un gran acontecimiento– para hablar de los verdaderos protagonistas, un libro que habla, finalmente, de una fuga que adquirió ribetes míticos –aquella del 18 de septiembre de 1994, cuando La Garza Sosa, el Gordo Valor, Emilio Nielsen, Carlos Paulillo y Julio Pacheco se escaparon del penal de Villa Devoto– para hablar también de la vida en la sombra; una novela con algo de crónica y mucho de poesía prosaica que habla de las tumbas de la vida para indagar en los restos de vida que puede haber en la muerte, un libro donde, a menudo, el adentro y el afuera, los buenos y los malos, se confunden más de la cuenta porque, tal como dice Larrosa, “la ignorancia y la falta de educación es lo que provoca mayor delincuencia”.
Pero en Larrosa una frase nunca viene sola. Y en este caso, las frases que siguen despliegan un preciso mapa de la situación actual: “El epicentro de los delitos siempre es una comisaría; además, en estos momentos, una salidera o un robo a un banco sólo se pueden hacer en zonas liberadas. Con tanta cámara y tanto vidrio que hoy tienen los bancos, si la policía no llega es porque alguien interviene para que no lo haga”.
Sólo hay dos palabras, dos ideas que, en el fluir discursivo de Larrosa, tienen un valor absoluto, sin matices ni adornos: el respeto y la libertad, dos valores que constituyen, en su conjunto, el norte y la brújula. Pero es imposible dejar de tener en cuenta que la publicación de un libro como éste conlleva mucho riesgo en tiempos en que muchos reclamos apuntan a la inseguridad, a tal punto que esas mismas voces desbarrancan, a menudo, en pedidos fascistas y, aparentemente, ya superados, como la pena de muerte.
“La editorial, más que nada, se está jugando mucho porque esta historia fue contada desde la vereda de enfrente, digamos, a la de Blumberg. Pero tampoco hago una apología del delito ni pretendo crear superhéroes, simplemente muestro sus virtudes y sus defectos, aunque destacando una gran virtud que es la de saber escuchar: yo te aseguro que puede haber mucho más respeto entre dos delincuentes que entre un alumno y una maestra, porque al otro día, inclusive, puede aparecer el padre o la madre en la escuela para insultarla o pegarle”, explica Larrosa.
CODIGOS DE BARRAS
Entre todas las enseñanzas que va recibiendo el Zurdo en esa especie de educación sentimental alternativa que cuenta Postales tumberas hay una que condensa el valor de los códigos: apenas vuelve a la calle, el Zurdo sale a caminar junto a su experimentado amigo el Negro. Desesperado por el hambre, el Zurdo ve a un muchacho con pinta de laburante y le pide todo lo que tiene. Basta una mirada del Negro y la frase “Devolvele todo” para que el Zurdo efectivamente le devuelva las cosas luego de pedirle disculpas y grabarse a fuego aquello de que no hay que robarles a los laburantes ni a los viejos ni a los pibes.
¿Cambiaron, como tanto se oye decir, los códigos de los delincuentes?
–Yo creo que sí, sobre todo porque hubo cambios en toda la sociedad. Igualmente los códigos, que no son otra cosa que el respeto, siguen vigentes entre quienes, como sucede con algunas bandas de piratas del asfalto, aún hoy aportan dinero para donar a hospitales de niños. Ese respeto era algo muy instaurado entre los chorros de antes, y el respeto entre delincuentes también se traslada a los hijos. Vos fijate que hay muy pocos delincuentes cuyos hijos también lo sean porque hacen todo lo posible para que no pasen el frío y el hambre que ellos mismos sufrieron. También en la policía existía, antiguamente, una lealtad hacia el enemigo: si te entregabas no te iban a matar, como sí empezó a suceder a partir de la década del ’80, que es el momento en que surgen las superbandas, justamente como consecuencia de la pérdida de códigos en la relación entre policías y ladrones.
¿Ya no hay más superbandas?
–No, ahora son otra cosa, ya no abundan esos grupos de gente en los que todos eran capaces de pensar y nunca, nunca robaban gallineros sino la empresa avícola, el lugar donde estaba la plata, el banco. No los impulsaba la triste necesidad de conseguir un poco de droga. Y, si bien insisto en que no quiero hacer de ellos héroes, hoy es común que los pibes salgan al tun tun y maten a uno al voleo. Eso es inseguridad, pero no hay que olvidarse de que la inseguridad viene de la falta de prevención y de educación. Si los caballos pensaran no existiría la equitación, es simple.
¿Y cómo se manifestaron esos cambios en las cárceles?
–Si bien no sucede en todos los casos, hoy hay penales que están muy cachivaches porque ahora, a veces, las armas son usadas por los presos para matarse entre sí; antes una faca servía para fugarse, para ganar la calle; hay muchas muertes en los penales que nadie registra. Algunos dicen que también pasaba en los ’60 y ’70. Sí, puede ser, pero el hecho de que ahora siga pasando significa que no existen políticas capaces de contrarrestar eso. Es decir, a los presos hay que enseñarles a pescar, no subsidiarlos.
¿Qué otros cambios notás que hubo en la policía?
–Yo creo que la policía, a partir del año ‘76, al volverse un instrumento más del gobierno de facto (hablo, sobre todo, de la Bonaerense de Ramón Camps) descubrió un nicho que todavía hoy sigue ocupando, un nicho que le aseguró tantos privilegios y tanta impunidad que, una vez que volvió la democracia, nadie pudo frenarla. Nuestro problema como sociedad es que siempre criticamos a la policía pero nunca dijimos qué tipo de policía queremos ni tampoco nadie nos pudo decir qué tipo de policía necesitamos. Pero no puede ser que siga pasando eso de que un policía borracho le pegue un tiro a un nigeriano sólo por racista. No hay dudas de que la policía de hoy es la misma policía de antes. El problema es que Macri, que ahora tiene el síndrome de Estocolmo, se pone hablar de nueva policía y su ejemplo es el Fino Palacios. Me parece que tendría que reverse bien aquello de que un tipo como ése pueda formar la nueva policía; en todo caso el Gordo Valor podría ser un muy buen jefe de seguridad y el Cacho la Garza mucho más todavía. Ahí no se escapa un preso más porque se las conocen todas...
¿Y las causas por las que hoy alguien queda preso son las mismas que antes?
–Lo que se mantiene es que sigue cayendo el pobre. Otra presa fácil son ahora los pibitos de 18 años que hacen bardo porque están dados vuelta. Lo que sí debería cambiar es el caso de los vendedores de paco, porque caen presos pero salen enseguida. El tema es que piden peritaje técnico y, como lo que venden no tiene droga ilícita –venden amoníaco y solvente más que nada, pero el tema es que todo eso entra en el organismo a más de 72 grados de temperatura, en forma gaseosa, y te revienta el cerebro–, el delito no aparece legislado y siempre zafan. Creo que ahí debería funcionar algo así como la figura de la estafa, porque lo que hacen no es venderte droga sino un preparado cualquiera, carne picada de perro. Lo cierto es que si vos querés cambiar el tipo de preso tenés que cambiar el tipo de policía.
¿Cómo te parece que se trata el tema cárcel en la televisión?
–Tumberos tenía demasiada ficción. El personaje ese del poronga que vivía con un travesti me parecía, por ejemplo, muy fuera de época, porque ahora existe la visita higiénica y el preso tiene su familia y suele ser muy fiel a ella. También me parecía muy violento eso de los presos matando presos: eso pasa, sí, pero casi siempre por los bártulos que les hacen perder la conciencia de la realidad y en Tumberos no había bártulos (la medicación que provee el Servicio Penitenciario). Después se van al carajo con lo de las brujerías y eso de que los presos salían y no sabían cómo caminar por la calle: al preso le puede quedar el paso del preso pero aunque hayan hecho un edificio nuevo siempre va a recordar el camino.
¿Y el programa Cárceles?
–Me parece que están bien hechas las preguntas pero a veces encuentro problemas en la gente que seleccionan para hablar: el otro día mostraban cómo uno le limpiaba las botas a un guardiacárceles y el tipo decía: “Lo hago porque me hacen sentir bien acá”. Ese tipo perdió la brújula, se olvidó de que está preso.
EL BOCHO DE LA ZURDA
Si bien Jorge Larrosa, que tiene una amplia experiencia como letrista de Andrés Calamaro (“Nos volveremos a ver”, “La ranchada de los paraguayos”, “Mancada en la Pampa”, por poner algunos ejemplos), hace una distinción tajante entre las canciones y los libros –“escribir una canción es poner en práctica el poder de síntesis, escribir un libro es poner en práctica una descripción total”– las conexiones entre ambas prácticas existen no sólo porque Postales tumberas desarrolla exhaustivamente la temática de la mayoría de sus canciones sino también porque su propio origen está muy ligado a una canción: “Cuando hago ‘El bocho de la zurda’, consigo el teléfono de la persona a la cual me refiero en la canción (uno de los creadores de las superbandas, alguien de códigos antiguos) y le cuento que Calamaro está por grabar la letra. Nos reunimos los tres en casa de Andrés, y un tipo duro y profesional como el bocho de la zurda agacha la cabeza, se emociona. Después llega el Bahiano y, de repente, él le dice: ‘Muchas gracias por lo que hizo por el karateca Medina’. El Bahiano ni siquiera sabía quién le estaba hablando. Eso es el respeto, agradecimiento. A partir de eso, un día Andrés me tira la idea del libro y justo yo venía muy empapado con el tema de la fuga. Entonces, entre 2002 y 2003, escribo todo el libro pero se me jode el disco rígido y lo pierdo. Decí que, por suerte, me quedó todo en la cabeza. Vuelvo a escribir una parte y se lo doy a leer a Adolfo Aristarain, que me dice: ‘Qué bien que pinta, cuando esté terminado, dámelo’. Eso fue un gran estímulo”, cuenta agradecido Larrosa, una de las patas de ese trípode que, junto a Andrés Calamaro y el Cuino Scornik, componen los poetas de la zurda, el Movimiento Literario No Intelectual que tuvo su auge en la época de Deep Camboya y que, alguna vez, el propio Calamaro definió como “pensamiento en movimiento”. Si bien Larrosa dice que, ahora mismo, las responsabilidades de los tres no les permiten tener el tiempo necesario para pasar una nueva temporada en plan bacanal –“en una semana podían salir un montón de canciones, algunas buenas, algunas superbuenas y otras escuchables; había momentos que escribíamos diez canciones, yo entregaba mi letra a la mañana y Andrés, a la noche, me llamaba para decirme que ya tenía la música”–, todavía guarda el deseo de que, alguna vez, los tres juntos puedan escribir y firmar una canción, además de estar trabajando en un libro con anécdotas referidas a cómo nace el grupo en cuestión, “con algunas situaciones cómicas, otras duras, otras blandas, otras tristes, de personas que ya no están por razones de causa mayor o por razones de causa menor”, como él mismo cuenta.
¿Qué significó para vos el trabajo de los poetas de la zurda?
–Andrés tiene la facilidad para cantarle a la mujer, cosa de la cual yo carezco, Cuino es muy político y yo soy más social. Andrés puede cantarle a cualquier cosa, es un gran intérprete. Un día estaba con el Indio y le dice: “Qué bien canta Jorge”. “¿Lo escuchaste cantar?” “¿Pero no canta él en ‘Mancada en La Pampa’?” “No, soy yo” “Uh, cantás como uruguayo” Calamaro sabe interiorizarse en la letra y eso también es respeto. Para mí Calamaro es más que nada un buen ñeri, tiene las cualidades del ñeri: lealtad, no amura, siempre está. Yo del Cuino aprendí mucho cómo sintetizar y cómo jugar con las palabras. Andrés me enseñó a manejar los tiempos de las canciones, a no respetarlos literariamente. Puede hablar en pasado, presente y futuro y contarlo todo en la misma oración; entonces no tengo porque decir “ayer” ni “hoy”: De un tiempo perdido, a esta parte esta noche ha venido un recuerdo encontrado para quedarse conmigo. De un tiempo lejano, a esta parte ha venido esta noche... Es espectacular ese juego de palabras...
En Postales tumberas también hay un juego con el tiempo, a partir de flashbacks y algunas anécdotas sobre los mismos presos que cortan el hilo de la historia, y agregan misterio a lo que contás...
–Puede ser, el desorden comunicacional es propio de mí, por eso no sé si algún día podré describir algo en tiempo y forma, siempre lo hago fuera de tiempo y de forma. Cuento algo, me acuerdo de otra cosa y lo agrego porque me sirve para pintar mejor la situación de lo que estoy diciendo. Así, lo otro, que es secundario, pasa a ser principal, pero después lo saco y vuelve a ser secundario. Yo creo que Corona hace algo parecido con los chistes, “ahora me acordé de una cosa”; se va y vuelve.
También se nota en el libro una influencia de tu trabajo como fotógrafo. Como si aquello de las postales tuviera que ver con inmortalizar ciertos instantes, llenándolos de olores, sensaciones y reflexiones de acuerdo con diversos ángulos, como cuando por culpa del paria se cae la palomita retrasando el plan de la fuga.
–El título que quedó lo puso Calamaro; también barajamos Códigos rotos y Tierra de tigres. Quizá Postales tumberas sea un título muy cumbia villera pero es verdad que lo que hago es mostrar postales de la muerte en vida, de las tumbas de la vida. Los fotógrafos tenemos una mirada a partir de la cual hacemos un rectángulo de lo que observamos, con varios planos. Nosotros marcamos en nueve cuadros la zona áurea que, en un relato, vendría a ser lo más importante de lo que se cuenta. En la fotografía la zona áurea, que puede ser, por ejemplo, un rojo o un amarillo, es como el punto más alto del pentagrama. Yo soy un observador con indiferencia porque las cosas me quedan grabadas aunque, aparentemente, no les esté prestando atención.
Para terminar, ¿qué les dirías a los que piden la pena de muerte?
–Además de que hubo mucha gente que estuvo diez años presa por nada, por un error de la policía o de la Justicia, yo pienso que entre estar preso en una cárcel o internado en el Borda no hay mucha diferencia porque la cárcel también enloquece, si no fijate el caso de Robledo Puch. Está mal el concepto de “muerto el perro se acabó la rabia” porque siempre van a quedar 10.000 perros y una perra preñada. El tema es buscarle al perro un lugar, educarlo. Es interesante que la gente sepa que cuando se pide pena de muerte no se está solucionando nada. La perpetua en este tipo de cárceles es ya una pena de muerte, entonces para qué pedimos la pena de muerte si ya la tenemos. Por otro lado, el sufrimiento es una forma de pagar el delito cometido y está bien, pero el problema surge cuando el preso sale a la calle y sigue pagándolo... En definitiva, hablar de la cárcel es hablar de nuestra sociedad.
Por Juan Pablo Bertazza
Postales tumberas
Jorge Larrosa
Prólogo de Andrés Calamaro
248 páginas
Aguilar
FUENTE http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5466-2009-08-03.html
Postales Tumberas
de Jorge Larrosa - Prologo de Andres Calamaro
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Hay frases, hay ideas en la verborragia de Larrosa que encuentran destino de loops. Las desgrana de una manera tan especial –apoyándose en metáforas, imágenes, bromas, gestos, sonrisas parciales y frases hechas partidas en pedazos– que, a medida que las va repitiendo, lejos de desgastarse, parecen ir tomando más color, mucho más sentido. Conclusiones que trascienden el tema carcelario para salir al afuera, ahí donde se entrecruzan todos los tópicos que tienen que ver con la necesidad, la exclusión, el encierro y la falta. Tres conclusiones, al menos, pueden apuntarse luego de hablar con él, tres conclusiones que pueden llegar a armar el rompecabezas de la Argentina de verdad, es decir, el que incluya también los pedazos de una Argentina desarmada que, a veces, necesita armarse sola para poder sobrevivir. Tres conclusiones donde se muestra que a veces la experiencia crea su propio lenguaje:
1) es un alivio dormir para poder soñar con la libertad aunque, al mismo tiempo, hay que tener cuidado de no cajetear, la peor manera de volverse tumbero; 2) en tierra de tigres hay que aprender a ser zorro para después recién empezar a ser tigre; 3) hay que saber perder, y una vez adentro alejar los pensamientos obsesivos pero nunca permitir que la prisión cobre realidad por sí misma, porque así todo lo que se dejó afuera puede empezar a esfumarse.
Cajetear es volverse autista, llenarse de pastillas, morderse la cola pensando únicamente en la causa por la que uno quedó adentro; la de los tigres es la deliciosa metáfora que usa Larrosa para dar cuenta de los presos que caminan de lado a lado de su jaula; saber perder es tener en cuenta que, para un ladrón, no hay grises: es todo blanco o negro porque el verdadero ladrón, el revolucionario urbano, en términos de Larrosa, es aquel que no comete el crimen si no está dispuesto a pagar la condena.
Todos esos puntos despliega Postales tumberas (Aguilar), el flamante libro de Jorge Larrosa que se centra en el personaje del Zurdo –alguien que entra en la cárcel y va pasando de testigo a colaborador de un gran acontecimiento– para hablar de los verdaderos protagonistas, un libro que habla, finalmente, de una fuga que adquirió ribetes míticos –aquella del 18 de septiembre de 1994, cuando La Garza Sosa, el Gordo Valor, Emilio Nielsen, Carlos Paulillo y Julio Pacheco se escaparon del penal de Villa Devoto– para hablar también de la vida en la sombra; una novela con algo de crónica y mucho de poesía prosaica que habla de las tumbas de la vida para indagar en los restos de vida que puede haber en la muerte, un libro donde, a menudo, el adentro y el afuera, los buenos y los malos, se confunden más de la cuenta porque, tal como dice Larrosa, “la ignorancia y la falta de educación es lo que provoca mayor delincuencia”.
Pero en Larrosa una frase nunca viene sola. Y en este caso, las frases que siguen despliegan un preciso mapa de la situación actual: “El epicentro de los delitos siempre es una comisaría; además, en estos momentos, una salidera o un robo a un banco sólo se pueden hacer en zonas liberadas. Con tanta cámara y tanto vidrio que hoy tienen los bancos, si la policía no llega es porque alguien interviene para que no lo haga”.
Sólo hay dos palabras, dos ideas que, en el fluir discursivo de Larrosa, tienen un valor absoluto, sin matices ni adornos: el respeto y la libertad, dos valores que constituyen, en su conjunto, el norte y la brújula. Pero es imposible dejar de tener en cuenta que la publicación de un libro como éste conlleva mucho riesgo en tiempos en que muchos reclamos apuntan a la inseguridad, a tal punto que esas mismas voces desbarrancan, a menudo, en pedidos fascistas y, aparentemente, ya superados, como la pena de muerte.
“La editorial, más que nada, se está jugando mucho porque esta historia fue contada desde la vereda de enfrente, digamos, a la de Blumberg. Pero tampoco hago una apología del delito ni pretendo crear superhéroes, simplemente muestro sus virtudes y sus defectos, aunque destacando una gran virtud que es la de saber escuchar: yo te aseguro que puede haber mucho más respeto entre dos delincuentes que entre un alumno y una maestra, porque al otro día, inclusive, puede aparecer el padre o la madre en la escuela para insultarla o pegarle”, explica Larrosa.
CODIGOS DE BARRAS
Entre todas las enseñanzas que va recibiendo el Zurdo en esa especie de educación sentimental alternativa que cuenta Postales tumberas hay una que condensa el valor de los códigos: apenas vuelve a la calle, el Zurdo sale a caminar junto a su experimentado amigo el Negro. Desesperado por el hambre, el Zurdo ve a un muchacho con pinta de laburante y le pide todo lo que tiene. Basta una mirada del Negro y la frase “Devolvele todo” para que el Zurdo efectivamente le devuelva las cosas luego de pedirle disculpas y grabarse a fuego aquello de que no hay que robarles a los laburantes ni a los viejos ni a los pibes.
¿Cambiaron, como tanto se oye decir, los códigos de los delincuentes?
–Yo creo que sí, sobre todo porque hubo cambios en toda la sociedad. Igualmente los códigos, que no son otra cosa que el respeto, siguen vigentes entre quienes, como sucede con algunas bandas de piratas del asfalto, aún hoy aportan dinero para donar a hospitales de niños. Ese respeto era algo muy instaurado entre los chorros de antes, y el respeto entre delincuentes también se traslada a los hijos. Vos fijate que hay muy pocos delincuentes cuyos hijos también lo sean porque hacen todo lo posible para que no pasen el frío y el hambre que ellos mismos sufrieron. También en la policía existía, antiguamente, una lealtad hacia el enemigo: si te entregabas no te iban a matar, como sí empezó a suceder a partir de la década del ’80, que es el momento en que surgen las superbandas, justamente como consecuencia de la pérdida de códigos en la relación entre policías y ladrones.
¿Ya no hay más superbandas?
–No, ahora son otra cosa, ya no abundan esos grupos de gente en los que todos eran capaces de pensar y nunca, nunca robaban gallineros sino la empresa avícola, el lugar donde estaba la plata, el banco. No los impulsaba la triste necesidad de conseguir un poco de droga. Y, si bien insisto en que no quiero hacer de ellos héroes, hoy es común que los pibes salgan al tun tun y maten a uno al voleo. Eso es inseguridad, pero no hay que olvidarse de que la inseguridad viene de la falta de prevención y de educación. Si los caballos pensaran no existiría la equitación, es simple.
¿Y cómo se manifestaron esos cambios en las cárceles?
–Si bien no sucede en todos los casos, hoy hay penales que están muy cachivaches porque ahora, a veces, las armas son usadas por los presos para matarse entre sí; antes una faca servía para fugarse, para ganar la calle; hay muchas muertes en los penales que nadie registra. Algunos dicen que también pasaba en los ’60 y ’70. Sí, puede ser, pero el hecho de que ahora siga pasando significa que no existen políticas capaces de contrarrestar eso. Es decir, a los presos hay que enseñarles a pescar, no subsidiarlos.
¿Qué otros cambios notás que hubo en la policía?
–Yo creo que la policía, a partir del año ‘76, al volverse un instrumento más del gobierno de facto (hablo, sobre todo, de la Bonaerense de Ramón Camps) descubrió un nicho que todavía hoy sigue ocupando, un nicho que le aseguró tantos privilegios y tanta impunidad que, una vez que volvió la democracia, nadie pudo frenarla. Nuestro problema como sociedad es que siempre criticamos a la policía pero nunca dijimos qué tipo de policía queremos ni tampoco nadie nos pudo decir qué tipo de policía necesitamos. Pero no puede ser que siga pasando eso de que un policía borracho le pegue un tiro a un nigeriano sólo por racista. No hay dudas de que la policía de hoy es la misma policía de antes. El problema es que Macri, que ahora tiene el síndrome de Estocolmo, se pone hablar de nueva policía y su ejemplo es el Fino Palacios. Me parece que tendría que reverse bien aquello de que un tipo como ése pueda formar la nueva policía; en todo caso el Gordo Valor podría ser un muy buen jefe de seguridad y el Cacho la Garza mucho más todavía. Ahí no se escapa un preso más porque se las conocen todas...
¿Y las causas por las que hoy alguien queda preso son las mismas que antes?
–Lo que se mantiene es que sigue cayendo el pobre. Otra presa fácil son ahora los pibitos de 18 años que hacen bardo porque están dados vuelta. Lo que sí debería cambiar es el caso de los vendedores de paco, porque caen presos pero salen enseguida. El tema es que piden peritaje técnico y, como lo que venden no tiene droga ilícita –venden amoníaco y solvente más que nada, pero el tema es que todo eso entra en el organismo a más de 72 grados de temperatura, en forma gaseosa, y te revienta el cerebro–, el delito no aparece legislado y siempre zafan. Creo que ahí debería funcionar algo así como la figura de la estafa, porque lo que hacen no es venderte droga sino un preparado cualquiera, carne picada de perro. Lo cierto es que si vos querés cambiar el tipo de preso tenés que cambiar el tipo de policía.
¿Cómo te parece que se trata el tema cárcel en la televisión?
–Tumberos tenía demasiada ficción. El personaje ese del poronga que vivía con un travesti me parecía, por ejemplo, muy fuera de época, porque ahora existe la visita higiénica y el preso tiene su familia y suele ser muy fiel a ella. También me parecía muy violento eso de los presos matando presos: eso pasa, sí, pero casi siempre por los bártulos que les hacen perder la conciencia de la realidad y en Tumberos no había bártulos (la medicación que provee el Servicio Penitenciario). Después se van al carajo con lo de las brujerías y eso de que los presos salían y no sabían cómo caminar por la calle: al preso le puede quedar el paso del preso pero aunque hayan hecho un edificio nuevo siempre va a recordar el camino.
¿Y el programa Cárceles?
–Me parece que están bien hechas las preguntas pero a veces encuentro problemas en la gente que seleccionan para hablar: el otro día mostraban cómo uno le limpiaba las botas a un guardiacárceles y el tipo decía: “Lo hago porque me hacen sentir bien acá”. Ese tipo perdió la brújula, se olvidó de que está preso.
EL BOCHO DE LA ZURDA
Si bien Jorge Larrosa, que tiene una amplia experiencia como letrista de Andrés Calamaro (“Nos volveremos a ver”, “La ranchada de los paraguayos”, “Mancada en la Pampa”, por poner algunos ejemplos), hace una distinción tajante entre las canciones y los libros –“escribir una canción es poner en práctica el poder de síntesis, escribir un libro es poner en práctica una descripción total”– las conexiones entre ambas prácticas existen no sólo porque Postales tumberas desarrolla exhaustivamente la temática de la mayoría de sus canciones sino también porque su propio origen está muy ligado a una canción: “Cuando hago ‘El bocho de la zurda’, consigo el teléfono de la persona a la cual me refiero en la canción (uno de los creadores de las superbandas, alguien de códigos antiguos) y le cuento que Calamaro está por grabar la letra. Nos reunimos los tres en casa de Andrés, y un tipo duro y profesional como el bocho de la zurda agacha la cabeza, se emociona. Después llega el Bahiano y, de repente, él le dice: ‘Muchas gracias por lo que hizo por el karateca Medina’. El Bahiano ni siquiera sabía quién le estaba hablando. Eso es el respeto, agradecimiento. A partir de eso, un día Andrés me tira la idea del libro y justo yo venía muy empapado con el tema de la fuga. Entonces, entre 2002 y 2003, escribo todo el libro pero se me jode el disco rígido y lo pierdo. Decí que, por suerte, me quedó todo en la cabeza. Vuelvo a escribir una parte y se lo doy a leer a Adolfo Aristarain, que me dice: ‘Qué bien que pinta, cuando esté terminado, dámelo’. Eso fue un gran estímulo”, cuenta agradecido Larrosa, una de las patas de ese trípode que, junto a Andrés Calamaro y el Cuino Scornik, componen los poetas de la zurda, el Movimiento Literario No Intelectual que tuvo su auge en la época de Deep Camboya y que, alguna vez, el propio Calamaro definió como “pensamiento en movimiento”. Si bien Larrosa dice que, ahora mismo, las responsabilidades de los tres no les permiten tener el tiempo necesario para pasar una nueva temporada en plan bacanal –“en una semana podían salir un montón de canciones, algunas buenas, algunas superbuenas y otras escuchables; había momentos que escribíamos diez canciones, yo entregaba mi letra a la mañana y Andrés, a la noche, me llamaba para decirme que ya tenía la música”–, todavía guarda el deseo de que, alguna vez, los tres juntos puedan escribir y firmar una canción, además de estar trabajando en un libro con anécdotas referidas a cómo nace el grupo en cuestión, “con algunas situaciones cómicas, otras duras, otras blandas, otras tristes, de personas que ya no están por razones de causa mayor o por razones de causa menor”, como él mismo cuenta.
¿Qué significó para vos el trabajo de los poetas de la zurda?
–Andrés tiene la facilidad para cantarle a la mujer, cosa de la cual yo carezco, Cuino es muy político y yo soy más social. Andrés puede cantarle a cualquier cosa, es un gran intérprete. Un día estaba con el Indio y le dice: “Qué bien canta Jorge”. “¿Lo escuchaste cantar?” “¿Pero no canta él en ‘Mancada en La Pampa’?” “No, soy yo” “Uh, cantás como uruguayo” Calamaro sabe interiorizarse en la letra y eso también es respeto. Para mí Calamaro es más que nada un buen ñeri, tiene las cualidades del ñeri: lealtad, no amura, siempre está. Yo del Cuino aprendí mucho cómo sintetizar y cómo jugar con las palabras. Andrés me enseñó a manejar los tiempos de las canciones, a no respetarlos literariamente. Puede hablar en pasado, presente y futuro y contarlo todo en la misma oración; entonces no tengo porque decir “ayer” ni “hoy”: De un tiempo perdido, a esta parte esta noche ha venido un recuerdo encontrado para quedarse conmigo. De un tiempo lejano, a esta parte ha venido esta noche... Es espectacular ese juego de palabras...
En Postales tumberas también hay un juego con el tiempo, a partir de flashbacks y algunas anécdotas sobre los mismos presos que cortan el hilo de la historia, y agregan misterio a lo que contás...
–Puede ser, el desorden comunicacional es propio de mí, por eso no sé si algún día podré describir algo en tiempo y forma, siempre lo hago fuera de tiempo y de forma. Cuento algo, me acuerdo de otra cosa y lo agrego porque me sirve para pintar mejor la situación de lo que estoy diciendo. Así, lo otro, que es secundario, pasa a ser principal, pero después lo saco y vuelve a ser secundario. Yo creo que Corona hace algo parecido con los chistes, “ahora me acordé de una cosa”; se va y vuelve.
También se nota en el libro una influencia de tu trabajo como fotógrafo. Como si aquello de las postales tuviera que ver con inmortalizar ciertos instantes, llenándolos de olores, sensaciones y reflexiones de acuerdo con diversos ángulos, como cuando por culpa del paria se cae la palomita retrasando el plan de la fuga.
–El título que quedó lo puso Calamaro; también barajamos Códigos rotos y Tierra de tigres. Quizá Postales tumberas sea un título muy cumbia villera pero es verdad que lo que hago es mostrar postales de la muerte en vida, de las tumbas de la vida. Los fotógrafos tenemos una mirada a partir de la cual hacemos un rectángulo de lo que observamos, con varios planos. Nosotros marcamos en nueve cuadros la zona áurea que, en un relato, vendría a ser lo más importante de lo que se cuenta. En la fotografía la zona áurea, que puede ser, por ejemplo, un rojo o un amarillo, es como el punto más alto del pentagrama. Yo soy un observador con indiferencia porque las cosas me quedan grabadas aunque, aparentemente, no les esté prestando atención.
Para terminar, ¿qué les dirías a los que piden la pena de muerte?
–Además de que hubo mucha gente que estuvo diez años presa por nada, por un error de la policía o de la Justicia, yo pienso que entre estar preso en una cárcel o internado en el Borda no hay mucha diferencia porque la cárcel también enloquece, si no fijate el caso de Robledo Puch. Está mal el concepto de “muerto el perro se acabó la rabia” porque siempre van a quedar 10.000 perros y una perra preñada. El tema es buscarle al perro un lugar, educarlo. Es interesante que la gente sepa que cuando se pide pena de muerte no se está solucionando nada. La perpetua en este tipo de cárceles es ya una pena de muerte, entonces para qué pedimos la pena de muerte si ya la tenemos. Por otro lado, el sufrimiento es una forma de pagar el delito cometido y está bien, pero el problema surge cuando el preso sale a la calle y sigue pagándolo... En definitiva, hablar de la cárcel es hablar de nuestra sociedad.
Por Juan Pablo Bertazza
Postales tumberas
Jorge Larrosa
Prólogo de Andrés Calamaro
248 páginas
Aguilar
FUENTE http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5466-2009-08-03.html
miércoles, 12 de febrero de 2014
Diccionario del argentino exquisito por Adolfo Bioy Casares
por Adolfo Bioy Casares
Noticias, Buenos Aires, 1991
ENCONTRALO EN www.ayconstanza.com
En su divertidísimo "Diccionario del argentino exquisito" registra palabras y giros absurdos que usamos todos los días en el afán de adornar una frase y hacernos los "exquisitos".
Aquí, una selección de definiciones “exquisitas”.
abonar: pagar. Exquisitez tradicional.
absolutización: acción y efecto de absolutizar. Verbo todavía inexistente.
acrecer: finamente, aumentar.
acuciante: epíteto generalmente empleado para embellecer la palabra realidad.
adherir: usado sin el pronombre reflexivo adquiere cierto empaque decididamente exquisito.
agente: empleado o empleada público.
ajuste: modificación, mejor dicho aumento de tarifas, impuestos, de precios.
alojamiento: hotel por horas.
amoblamiento: aconséjase el pluralis majestaticus. Tienda de muebles. No confundir con alojamiento.
análisis: entre entendidos, psicoanálisis. Para emplear la palabra en su acepción anticuada de examen, añádase el epíteto "exhaustivo", que la actualiza.
anecdótico: adjetivo muy usado para desechar algo que se dijo y pasar a lo que se considera importante.
anoticiamiento: acción y efecto de anoticiarse. Exquisitez de tono vulgar.
arteria: calle. Exquisitez ya aceptada.
asumir: iniciar sus funciones un magistrado, un ministro, un intendente, etcétera.
atento a Porque, a causa de, en razón de. Palabra muy usada por políticos y jugadores de fútbol.
automotor: automóvil, camión, ómnibus, etcétera. Los mejores autores de formularios burocráticos inventaron la palabra automotor, porque necesitaban un sinónimo de automóvil de significación más amplia. No aclararon si la palabra incluye el concepto de motocicleta, lo que deja una puerta abierta al espíritu de invención.
básicamente, fundamentalmente: palabras que resultan indispensables a políticos y funcionarios. Por lo general, cuando los entrevistan, empiezan sus respuestas con una u otra.
besote: palabra de mujeres refinadas, pertenecientes a círculos muy exclusivos; por lo general se emplea por teléfono, en el momento de la despedida: “Bueno, un besote enorme”.
boludo: palabra de gran aceptación entre señoras: “No seas boluda”. Véase pelotudo, en algún otro diccionario.
despojado: en la acepción de desposeerse de algo voluntariamente (pero sin aclarar qué).
dialogar: úsase en lugar de las formas anticuadas conversar, discutir, reñir.
digitar: práctica política para los nombrar funcionarios.
disenso: desacuerdo, finamente.
dispositivo: tal vez decretos, reglamentos; más probablemente resoluciones, medidas, aun disposición de grupos militares o policiales.
dramático: extraordinario, violento, marcado.
efectivación: acción y efecto de efectivizar.
efectos, a los: expresión que del ámbito burocrático llegó al doméstico. Para, con el propósito de.
eficientización: proceso por el que se mejora la eficacia de una empresa, de una institución, etcétera.
elaborar: pensarlo bien.
empresariado: conjunto de empresarios.
ende, por: por tanto. exquisitez módica.
ente: oficina pública, comisión.
errático: exquisitamente puede significar erróneo, errado o -por qué no- errático.
escalada: avance del enemigo.
esférico: pelota.
especie: por versión, rumor. Este uso de la palabra especie hubiera enfurecido a Darwin.
esquemas, romper los: desorientar.
evacuar la consulta: expresión forense que el espíritu exquisito ha volcado, con propósitos ornamentales, en el lenguaje corriente.
evento: acontecimiento, suceso, espectáculo imprevisto o previsto.
exacto: término de asentimiento, sinónimo de correcto, perfecto, regio. En realidad sirve para indicar al interlocutor que se lo oye.
facultativo: mejor que médico.
familiar: pariente. Palabra del radicalismo, sólidamente arraigada.
farmacia: palabra que en alguna época sustituyó exquisitamente a botica.
fenómeno: usado como adverbio es vulgarismo o, mejor dicho, vulgarísimo. Significa muy bien.
figurón: dícese de quien tiene más renombre que méritos.
filme: grafía de film, para personas defectuosas, que requieren vocal de apoyo.
fuerza, medidas de: huelgas, quites de colaboración, trabajo a reglamento (véase).
fundamental, fundamentalmente: adjetivo y adverbio. Véase básicamente. Palabra ineludible para políticos, fucionarios, estrellitas de TV, etcétera.
gracia: nombre. "¿Cuál es su gracia?"
gruesa, estar: estar embarazada. Grueso: por gordo, es una exquisitez anticuada.
guardavalla: arquero.
idóneo: útil, más exquisitamente.
incorporar nutrientes: comer.
ingesta: acción y efecto de comer y beber.
inicio: más exquisito que comienzo, mucho más que principio.
inquietudes: afición por las letras o por las artes. "Una chica moderna, con inquietudes."
instructivo: exquisitez de burócratas, que reemplaza a la palabra instrucciones. Una necesidad muy sentida.
¡interesante!: exclamación que se emplea para cambiar de tema.
internalizar: 1) Tomar conciencia de algo. 2) Estar resignado a ello.
mamá, mami, papá, papi: vocativos de interpretación complicada para el observador ajeno al grupo familiar. Los maridos, nostálgicos de no sé qué incesto, llaman mamá o mami a sus mujeres y éstas llaman papá o papi a sus maridos. La madre llama a su hija mamá o mami, y tal vez llame a sus hijito papá o papi, pero más probablemente lo llame mamá o mami. El padre llama a su hijito papá o papi, y tal vez llame a sus hijita mamá o mami, pero más probablemente la llame papá o papi.
medio ambiente: pleonasmo que hizo fortuna y llegó a tener una Secretaría propia.
medios: medios de información: diarios, revistas, radios, televisión; por extensión quienes trabajan para ellos.
mentalizar: ¿obsesionarse?, ¿ordenar y aclarar ideas?, ¿convencerse (uno mismo)?, ¿simplemente pensar? Vaya usted a saber.
merituar: meritar. La conjugación de este verbo queda a cargo de quien lo usa.
metodología: majestuosamente, método, modo.
miembros superiores e inferiores: brazos y piernas.
moderno: término de significación elogiosa.
movilidad, movilización, medios de: automóviles, ómnibus, trenes, etcétera. En regiones muy pobres, calzado.
movilizarse: exquisitamente, moverse.
oligarca: burgués, generalmente ajeno a la política y al gobierno.
óptica: punto de vista, manera de ser.
organigrama: juguete y embeleso de funcionarios, tecnócratas, burócratas. Su auténtico significado se ignora. En algún tiempo algunos escribían onganigrama.
o sea: muletilla de significado impreciso, contemporánea a ¿Viste?, muy difundida en Buenos Aires. Ver Recepcionar.
pensar: verbo que suscita en quien lo emplea el incontenible deseo de añadir la preposición de. “Yo pienso de que”.
reajuste: ajuste de precios, de tarifas, de tasas de impuestos.
recepcionar: recibir, acoger.
redimensionar: modificar las dimensiones; mejor dicho, reducirlas.
reestructuración: actividad propia de todo nuevo gobierno.
remanido: trillado. Palabra desprovista del encanto de la novedad, pero muy grata a los críticos.
resignar: renunciar, aunque los que se resignan a hacerlo no sean curas, sino ministros de instrucción pública y profesores.
sensible: palabra que pasó del ámbito sentimental o romántico al de las disputas salariales.
sicología: grafía simplificada, al alcance de quienes no pueden pronunciar psicología.
teorización: sinónimo de teoría, más fino, y no se sabe por qué más preciso.
tercera edad: la de los viejos.
terminar: acabar (que en otra época era de mal tono ante personas del sexo femenino).
tipo: muletilla de círculos exclusivos, que sirve para identificarse y que viste mucho. Podría traducirse por "como si dijéramos", "a eso de las". "Me tomo una aspirina, me pongo tipo bolsa de agua caliente y chau." "Te llamo esta noche, tipo las nueve."
titular de la cartera: ministro.
tocóle: argucia verbal por la que se procura sortear indecorosas connotaciones del verbo tocar.
trámite: vocablo que se usa para dar mayor realce y elegancia a las crónicas de fútbol. Dícese partido, gol, de trámite fácil, lento, etcétera.
tratativas: diligencias, conversaciones previas a un acuerdo o a una decisión. "Se iniciaron las tratativas con las firmas interesadas en montar nuestra red cloacal."
velatorio: en este país hemos dicho siempre velorio.
vendepatria: para los nacionalistas, liberal.
verticalizar: imponer, o acatar cuando se usa en reflexivo, el mando de los superiores jerárquicos.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
¿Periodismo? Vale la pena vivir para este oficio por Juan Cruz Ruiz
LIBRO NUEVO
¿Periodismo?
Vale la pena vivir para este oficio
por Juan Cruz Ruiz
Debolsillo - España - 2010
Antología de artículos que reúne las entrevistas hechas por el autor a una serie de maestros del periodismo, y una reflexión inédita sobre el periodismo actual.
Entre enero y febrero de 2009, y bajo el título «Maestros del periodismo», El País publicó una serie de entrevistas entre Juan Cruz y Eugenio Scalfari, Ben Bradlee, Tomás Eloy Martínez, Harold Evans, Alma Guillermoprieto, Jean Daniel
y John Lee Anderson, figuras indiscutibles del periodismo internacional. Todos ellos, junto a Manu Leguineche, Juan Luis Cebrián, en entrevista inédita, y Javier Moreno como prologuista, arropan al autor para tomarle el pulso a su oficio y reflexionar sobre los retos y las encrucijadas a las que se enfrenta su profesión.
«Estoy seguro de que, si tuviera que elegir una entre todas sus vocaciones y profesiones, Juan Cruz elegiría el periodismo. Él es un hombre de entusiasmos y yo, que lo conozco hace tiempo, lo he visto entusiasmarse muchas veces. Pero, nunca, con el frenesí delirante que puede embargarle una entrevista, una crónica, una primicia que logró para el diario o la revista y que le salió redonda.»
MARIO VARGAS LLOSA
Juan Cruz Ruiz es periodista desde los trece años, cuando comenzó a escribir en Aire Libre, un periódico de su tierra, Tenerife. Es también poeta, novelista y editor. Pero su vocación siempre fue el periodismo: muchas veces ha dicho que pagaría por trabajar en un diario. Así se presentó en El País, hace ahora treinta y cinco años, insistiendo tanto en su necesidad de trabajar en ese periódico que le hicieron corresponsal en Londres. Ha hecho de todo en el periódico, pero casi siempre ha estado ligado a las secciones de Opinión o de Cultura; actualmente ejerce como adjunto a la dirección. Ha sido galardonado con el Premio Canarias de Literatura, el Premio Benito Pérez Armas y el Premio Azorín de novela, y en 2010 ha recibido el XXII Premio Comillas por Egos revueltos. Una memoria personal de la vida literaria.
¿Periodismo?
Vale la pena vivir para este oficio
por Juan Cruz Ruiz
Debolsillo - España - 2010
Antología de artículos que reúne las entrevistas hechas por el autor a una serie de maestros del periodismo, y una reflexión inédita sobre el periodismo actual.
Entre enero y febrero de 2009, y bajo el título «Maestros del periodismo», El País publicó una serie de entrevistas entre Juan Cruz y Eugenio Scalfari, Ben Bradlee, Tomás Eloy Martínez, Harold Evans, Alma Guillermoprieto, Jean Daniel
y John Lee Anderson, figuras indiscutibles del periodismo internacional. Todos ellos, junto a Manu Leguineche, Juan Luis Cebrián, en entrevista inédita, y Javier Moreno como prologuista, arropan al autor para tomarle el pulso a su oficio y reflexionar sobre los retos y las encrucijadas a las que se enfrenta su profesión.
«Estoy seguro de que, si tuviera que elegir una entre todas sus vocaciones y profesiones, Juan Cruz elegiría el periodismo. Él es un hombre de entusiasmos y yo, que lo conozco hace tiempo, lo he visto entusiasmarse muchas veces. Pero, nunca, con el frenesí delirante que puede embargarle una entrevista, una crónica, una primicia que logró para el diario o la revista y que le salió redonda.»
MARIO VARGAS LLOSA
Juan Cruz Ruiz es periodista desde los trece años, cuando comenzó a escribir en Aire Libre, un periódico de su tierra, Tenerife. Es también poeta, novelista y editor. Pero su vocación siempre fue el periodismo: muchas veces ha dicho que pagaría por trabajar en un diario. Así se presentó en El País, hace ahora treinta y cinco años, insistiendo tanto en su necesidad de trabajar en ese periódico que le hicieron corresponsal en Londres. Ha hecho de todo en el periódico, pero casi siempre ha estado ligado a las secciones de Opinión o de Cultura; actualmente ejerce como adjunto a la dirección. Ha sido galardonado con el Premio Canarias de Literatura, el Premio Benito Pérez Armas y el Premio Azorín de novela, y en 2010 ha recibido el XXII Premio Comillas por Egos revueltos. Una memoria personal de la vida literaria.
viernes, 30 de agosto de 2013
Matrimionio Igualitario de Bruno Bimbi
LIBRO NUEVO
Matrimionio Igualitario
de Bruno Bimbi
Planeta - 2010
592 paginas
Cuando, a principios de 2007, varias parejas homosexuales comenzaron a presentar recursos de amparo en la Justicia porque se querían casar, parecía imposible que lo lograran. Y cuando la Federación Argentina LGBT, junto con el diputado Eduardo Di Pollina y las diputadas Silvia Augsburger y Vilma Ibarra, empezó a impulsar una reforma al
Código Civil en el Congreso para legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, casi nadie lo tomó en serio. Estaban locos si pensaban que algo así pasaría en la Argentina. Pero pasó. El autor de este libro formó parte de ese grupo de locos que creyó que se podía y ahora cuenta cómo lo consiguieron. Con un ritmo que no da
respiro al lector, por primera vez, revela la estrategia que llevó a la conquista del matrimonio igualitario,
saca a la luz las intrigas y tensiones que rodearon el camino hacia la ley y cuenta historias y secretos que nadie había contado. Además, propone un análisis de las principales controversias del debate, que seguramente será útil para otros países donde el camino recién se inicia, y publica en exclusiva el borrador del voto redactado por el
juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni para el fallo que iba a habilitar el matrimonio gay si el Congreso no lo aprobaba.
Bruno Bimbi nació en Buenos Aires en 1978. Es periodista, profesor de portugués y estudiante de la maestría en Letras en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro. Trabajó en los diarios Página/12 y Crítica de la Argentina; en este último escribió durante dos años la columna "El Placard", dedicada a la diversidad sexual. También colaboró con Tiempo Argentino y las revistas Imperio G, Veintitrés y Newsweek Argentina, entre otros medios. Es activista de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, de la que fue secretario de Prensa y Relaciones Institucionales. Escribió junto con dos abogados el texto de los recursos de amparo por los que varias parejas del mismo sexo consiguieron casarse por fallos judiciales y otras dos llegaron a la Corte Suprema de Justicia, además de ser uno de los responsables de la estrategia que llevó a la conquista del matrimonio igualitario en la Argentina.
Matrimionio Igualitario
de Bruno Bimbi
Planeta - 2010
592 paginas
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Cuando, a principios de 2007, varias parejas homosexuales comenzaron a presentar recursos de amparo en la Justicia porque se querían casar, parecía imposible que lo lograran. Y cuando la Federación Argentina LGBT, junto con el diputado Eduardo Di Pollina y las diputadas Silvia Augsburger y Vilma Ibarra, empezó a impulsar una reforma al
Código Civil en el Congreso para legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, casi nadie lo tomó en serio. Estaban locos si pensaban que algo así pasaría en la Argentina. Pero pasó. El autor de este libro formó parte de ese grupo de locos que creyó que se podía y ahora cuenta cómo lo consiguieron. Con un ritmo que no da
respiro al lector, por primera vez, revela la estrategia que llevó a la conquista del matrimonio igualitario,
saca a la luz las intrigas y tensiones que rodearon el camino hacia la ley y cuenta historias y secretos que nadie había contado. Además, propone un análisis de las principales controversias del debate, que seguramente será útil para otros países donde el camino recién se inicia, y publica en exclusiva el borrador del voto redactado por el
juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni para el fallo que iba a habilitar el matrimonio gay si el Congreso no lo aprobaba.
Bruno Bimbi nació en Buenos Aires en 1978. Es periodista, profesor de portugués y estudiante de la maestría en Letras en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro. Trabajó en los diarios Página/12 y Crítica de la Argentina; en este último escribió durante dos años la columna "El Placard", dedicada a la diversidad sexual. También colaboró con Tiempo Argentino y las revistas Imperio G, Veintitrés y Newsweek Argentina, entre otros medios. Es activista de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, de la que fue secretario de Prensa y Relaciones Institucionales. Escribió junto con dos abogados el texto de los recursos de amparo por los que varias parejas del mismo sexo consiguieron casarse por fallos judiciales y otras dos llegaron a la Corte Suprema de Justicia, además de ser uno de los responsables de la estrategia que llevó a la conquista del matrimonio igualitario en la Argentina.
lunes, 4 de febrero de 2013
Terrestre de Gustavo Tisocco
Terrestre
de Gustavo Tisocco
Prologo de Jorge Paolantonio
En la portada del libro se reproduce un obra del pintor Leandro Torres
Vela al Viento - Argentina - 2012
COMPRAS Y CONSULTAS ayconstanza@gmail.com
Terrestre
de Gustavo Tisocco
Poesia - CD con la voz de Orlando Carrafielo
Editorial Aries
COMPRAS Y CONSULTAS ayconstanza@gmail.com
Gustavo Tisocco nació en Mocoretá -Corrientes- el 25 de octubre de 1969.
Tiene publicados ocho libros "Sutil", "Entre soles y sombras", "Paisaje de adentro", “Desde todos los costados” , “Pintapoemas”, “Cicatriz”, “Rostro ajeno” y “Terrestre” además cuatro CD "Huellas", “Intersecciones”, “Corazón de níspero” y “Terrestre”.
Participó en diversas antologías en el país y diferentes partes del mundo.
Recibió varios premios donde se destacan PRIMER PREMIO DEL CONGRESO DE MÉDICOS ESCRITORES en el año 2004 y 2006 respectivamente, PREMIO REVELACIÓN A LA CALIDAD LITERARIA en el encuentro “Buenos Aires Poesía-Reunión de voces” llevado a cabo en Buenos y “REVELACIÓN DEL TERCER ENCUENTRO DE POETAS LATINOAMERICANOS” –Villa María, Córdoba- ambos en el año 2007.
Segundo premio de EROS AIRES 2009 en la ciudad de Buenos Aires.
Segundo premio del Concurso “María Elvira Juárez” en LETRARTE –Tucumán- Julio del 2010.
Segundo premio de EROS AIRES 2011 en la ciudad de Buenos Aires.
Recibió el Reconocimiento del CICLO VIENTOS CONTRARIOS en 2010, el de ASOLAPO en el año 2011 y PUMA DE PLATA de la Fundación Argentina para la Poesía en el año 2012, todos por difundir Poesía a través de su sitio mispoetascontemporaneos.
Asistió a eventos nacionales e internacionales como poeta invitado.
Su poesía ha sido traducida al portugués, francés, catalán, italiano, inglés y alemán.
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