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lunes, 8 de enero de 2024

ENTRE MI HIJO Y YO LA LUNA de Carlos Paez Vilaro

 



ENTRE MI HIJO Y YO LA LUNA
DE Carlos Paez Vilaro
La odisea de un padre en la tradia de los andes
Una historia que narra la angustia y el dolor de una búsqueda que terminó con el feliz reencuentro de un padre con su hijo en las vísperas de Navidad.
«Entre Carlitos y yo estaba la luna que me miraba desde el cielo. Y yo le había chiflado detrás de la cordillera, como para que supiera que estaba ahí».
En 1972 un grupo de jóvenes jugadores de rugby del Colegio Old Christians de Montevideo partió en gira deportiva hacia Chile. El avión, sorprendido por una tempestad, perdió todo contacto radial y cayó en la cordillera de los Andes sin dejar huellas. Uno de los jóvenes era Carlos Miguel Páez Vilaró, hijo del célebre artista plástico uruguayo.
Al conocer la noticia, Páez se trasladó de inmediato al lugar de la tragedia y se sumó al operativo de búsqueda y rescate organizado por el gobierno chileno. A pesar del sostenido esfuerzo, luego de ocho días de rastreos infructuosos cesaron las recorridas y se dio por muertos a los accidentados. Sin embargo, Páez Vilaró no se dio por vencido: en una época de tormentas continuas y tensiones políticas reclutó a voluntarios, consultó a videntes y rabdomantes y se internó en las montañas en una búsqueda desesperada de su hijo.
A tres meses de ocurrido el accidente, su perseverancia dio frutos: ante la incredulidad y el estupor fueron hallados dieciséis sobrevivientes de la tragedia. Entre ellos estaba Carlos Miguel Páez Vilaró.
Luego de veinte años de la tragedia, su padre escribió esta historia donde narra la angustia y el dolor de una búsqueda que terminó con el feliz reencuentro de un padre con su hijo en las vísperas de Navidad.

lunes, 15 de marzo de 2021

Por lo que usted y yo sabemos de Arnaldo André

  


Por Lo Que Usted Y Yo Sabemos De Arnaldo Andre 

Con la tranquilidad de quien hace bien las cosas, hoy André mira hacia atrás y nos cuenta su vida.

“A los 17 años, emprendí un largo camino. No lo hice solo. Me alentaron mi familia, amigos y poco a poco se fue sumando una legión de seres anónimos que se convirtieron en mis cómplices, y a quienes dediqué toda mi carrera. El público me fue estimulando y alimentando para un crecimiento profesional que me permitió afrontar nuevas responsabilidades. Argentina, Venezuela, Puerto Rico, Perú y México me abrieron sus puertas llenas de afecto y posibilidades laborales. Hoy, ya de vuelta en casa, camino por las calles de Buenos Aires y siento que el tiempo y la distancia lo único que lograron fue fortalecer el entrañable cariño que siempre he recibido de mi querido público”. Arnaldo André

Desde muy joven tuvo una misión que le asignó la vida: ser el responsable de sacar a su familia adelante. Así comenzó una carrera que creció incesantemente, se convirtió en ícono de la televisión y fue un galán y un actor indiscutible. Con la tranquilidad de quien hace bien las cosas, hoy André mira hacia atrás y nos cuenta su vida.


Compras ayconstanza@gmail.com 




lunes, 1 de junio de 2020

ES VERDAD Biografía de VANESSA SHOW


ES VERDAD
Biografía de VANESSA SHOW
Ediciones el Escriba - Buenos Aires - 2012
LIBRO NUEVO 


DESCUENTO POR COMPRA DIRECTA  ayconstanza@gmail.com o por Facebook https://www.facebook.com/ayconstanza.libros



Incluye Fotografías


Una historia diferente, para conocer en profundidad. Se trata de la afamada Vanessa Show, primera artista travesti de la Argentina, que está por publicar sus memorias, bajo el título de "Es verdad", donde no se callará nada y hablará hasta de su etapa como bailarín.


Remontándonos en el tiempo, en 1970 Vanessa comenzó su carrera artística como bailarina en el Teatro Maipo, con Nélida Lobato y más tarde con Nélida Roca. En 1975, un director europeo de los artistas quedó impresionado por su talento el escenario y le ofreció un contrato para llevar a cabo en muchas capitales europeas, lo que se prolongó durante 15 años.


Vanessa fue la celebridad líder en los cabarets importantes como el famoso "Carrusel de Paris" y "Madame Arthur" en París, Francia. A finales de la década de 1990, Vanessa decidió regresar a su tierra natal. En la actualidad reside en Buenos Aires y decidió escribir su dura pero fantástica historia de vida.






lunes, 5 de agosto de 2019

Por Qué Ser Feliz Cuando Puedes Ser Normal Winterson

Por Qué Ser Feliz Cuando Puedes Ser Normal Winterson 

Editado por Lumen

Ejemplar disponible para la venta - Precio aproximado 30 USD

Consultas  www.facebook.com/ayconstanza.libros/ 

o ayconstanza@gmail.com 


La impactante autobiografía de Jeanette Winterson sobre su infancia y adolescencia.

Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, preguntó la señora Winterson a su hija Jeanette cuando ella, recién cumplidos los dieciséis años, le confesó haberse enamorado de otra chica. Extraña pregunta, pero poco más podía esperarse de una mujer que había adoptado a una niña para hacer de ella una aliada en su misión religiosa, y en cambio se las tuvo que ver con un ser extraño que pedía a gritos su porción de felicidad.

Armada con dos juegos de dentadura postiza y una pistola escondida bajo los trapos de cocina, la señora Winterson hizo lo que pudo para disciplinar a Jeanette: en casa los libros estaban prohibidos, las amistades eran mal vistas, los besos y abrazos eran gestos extravagantes, y cualquier falta se castigaba con noches enteras al raso, pero de nada sirvió. Esa chica pelirroja que parecía hija del mismo diablo se rebeló, buscando el placer en la piel de otras mujeres y encontrando en la biblioteca del barrio novelas y poemas que la ayudaran a crecer.

Eso y mucho más es lo que ofrecen estas páginas excepcionales, donde alegría y rabia andan de la mano: un libro de memorias destinado a convertirse en un clásico de la literatura contemporánea.

«Necesitaba palabras porque todas las familias infelices sellan un
pacto de silencio. Quien rompa ese silencio jamás será perdonado.
Él o ella tendrá que aprender a perdonarse a sí mismo.»
Jeanette Winterson

La crítica ha dicho sobre la novela...
«¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? se envuelve con el celofán del humor, que disfraza su vida dickensiana de digerible aventura literaria. Winterson ha escrito su autobiografía como la más subyugante de sus novelas.»
Tereixa Constenla, El País

Y sobre la autora...
«Winterson [...] a través de la heterodoxia de sus textos, dinamita categorías, vocabularios y convenciones tristes. Una escritora maravillosa.»
Marta Sanz, Babelia

«Jeanette Winterson es una fuerza desatada de la naturaleza. Ella sola es el cambio climático entero.»
Carmen Morán Breña, El País

«Mientras la mayoría de autores y autoras se limitan a regurgitar la imaginación de sus antecesores, [...] esta inglesa rebelde se pone la literatura por montera y la reinventa.»
M. Ángeles Cabré, Babelia

«Una autora de extraordinaria sensibilidad cuya obra es devota de Virginia Woolf.»
Jacinto Antón, El País

«Una escritora outsider de referencia en Inglaterra.»
Esther L. Calderón, Divinity



viernes, 2 de agosto de 2019

Mis Memorias Mis Bodas De Oro Con El Tango Francisco Canaro

Mis Memorias Mis Bodas De Oro Con El Tango Francisco Canaro
Ediciones Corregidor - 1999
Precio aprox. USD150 / Consultanos disponibilidad ayconstanza@gmail.com


Hacía mucho tiempo que abrigaba el propósito de escribir mis memorias, pero no me decidía a intentarlo por temor a fracasar en tan noble anhelo. Consideraba poco menos que imposible rememorar los innúmeros sucesos que encadenan mi vida en los 50 años que compendian mi trayectoria con el tango.
Francisco Canaro, director de una de las orquestas de tango más conocidas mundialmente, compositor de innumerables tangos, evoca en estas memorias su trayectoria artística, el mundo del tango, las orquestas típicas, vocalistas y letristas de tango que conoció, así como su importantísima labor por la fundación de SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música).

Prólogos: Ariel Ramírez, Ivo Pelay.

Contenido del índice:

Prólogo a la nueva edición,
por Ariel Ramírez
Francisco, Irma y Rafaela Canaro,
por Acho Manzi
El Pirincho
Prólogo,
por Ivo Pelay
Una Carga
de Héctor G. Quiroga
Dedicatoria
Me decido a escribir

I - PRÓLOGO DE MI VIDA
Mi llegada al mundo
"Yo conocí la miseria". Con mis hermanos Rafael y Juan, fuimos canillitas
Aquel hombre bueno
Mi enseñanza
Mi afición por la música
Con una lata de aceite me fabriqué un violín
El organito callejero
Mis expansiones
Fui pintor
No tuve infancia
Mi nacimiento

II - NACE MI TRAYECTORIA CON EL TANGO
Mi debut en Ranchos
En Guaminí: "El Verde" y "El Colorado"
Mi amistad con "Pacho"
De Salliqueló a La Pampa
En San Pedro, año 1907
Viajé con un muerto a cuestas
En Arrecifes

III - MI DEBUT EN LA BOCA
Suárez y Necochea
Ángel G. Villoldo
Una trifulca en la Boca
Cómo conocí a Eduardo Arolas
Repertorio de esa época
Mi amistad con Roberto Firpo

IV - EL TANGO GANA EL CENTRO
Firpo en la calle Corrientes
Nos conocimos con Berto
Los primeros bandoneonistas de Buenos Aires
Academia de baile a diez centavos la pieza
Los bailes del Internado
En el cabaret "Montmartre"
"Firpo-Canaro", Carnaval en Rosario de Santa Fe
Un paso adelante en mi carrera
Nieve en Buenos Aires
Mis actuaciones en el "Royall", "Pigall" y "Armenonville"
Francisco J. Lomuto
Cómo descubría Azucena Maizani
Cómo se bailaba el tango en el "Pigall"
"Armenonville"

V - MIS PADRES

VI - ESCALANDO POSICIONES
Mi orquesta en la "elite porteña"
Los bailes de la ópera
Las orquestas típicas en el cine mudo
"El Tanque"
En 1924 el tango pierde dos grandes valores

VII - EN EL VIEJO MUNDO
Mi primer viaje a París
Debut en el dancing "Florida" de París
Las orquestas argentinas en París
El traje de gaucho en París
La exposición de Arte Decorativo en París
Benito Quinquela Martín
Mi impresión de París
Anécdotas
"La cumparsita"

VIII - EN EL PAÍS DE LOS RASCACIELOS
El tango en Nueva York
Mi presentación en el club "Mirador" de Nueva York
Cómo los yankees nos desconocían

IX - DE PARÍS A ESPAÑA
De nuevo en París
Mi encuentro con Delfino
Formé el trío Irusta-Fugazot-Demare
Viaje a Madrid
Con Gardel en Madrid

X - MI EXTENSA LABOR EN DISCOS
Siete mil títulos grabados en discos
"Quinteto Pirincho"
Eslabón de oro

XI - MIS CANTORES
Los cantores de mi orquesta
La radiotelefonía argentina y mis actuaciones

XII - ANÉCDOTAS Y EPISODIOS
Uno de los tantos episodios de mi vida
Radio con Gardel
Otro episodio
Otro breve episodio
En el hipódromo, anécdota de Gardel
Otra anécdota de Gardel

XIII - EMPUÑO LA BATUTA
Mi primera gira por el interior
Dejo de tocar el violín y de actuar en cabarets

XIV - MIS TEMPORADAS TEATRALES
Mi primer paso en el teatro
"La muchachada del centro"
"La canción de los barrios"
"Rascacielos"
"La patria del tango"
"El muchacho de la orquesta". Mi amistad con Mores
"La historia del tango"
"Sentimiento gaucho"
"Buenos Aires de ayer y de hoy"
"Dos corazones"
Con el Dr. Enrique Finochietto
"El tango en París"
Reprise de "La canción de los barrios
"Luna de miel para tres"
"Con la música en el alma"
Acervo de mi labor teatral

XV - CUARENTA Y TRES CARNAVALES AMENIZANDO BAILES
"El chamuyo" y "El pollito"
Ismael C. Pace
Otra anécdota de mi época en el Cervantes
Mi amistad con Ismael C. Pace y José Lectoure
Triste epílogo

XVI - DE MEDELLÍN A BUENOS AIRES
Carlos Gardel: Repatriación de sus restos, sepelio y mausoleo
Gardel debió ser socio mío

XVII - COMO PRODUCTOR CINEMATOGRÁFICO NO TUVE SUERTE
Mi primer paso en la cinematografía
"Ídolos en la radio"
"Por buen camino"
"Ya tiene comisario el pueblo"
"La muchacha del circo"
Disolución de la sociedad filmadora
"Dos amigos y un amor"
"Cantando llegó el amor"
"24 horas de libertad"
"El entierro de Carlos Gardel"
"Turbión"
"El diablo andaba en los choclos"
"Con la música en el alma"
Mis otras actuaciones en el cine
Cayó al fin mi salvador
Mis arreglos con los bancos

XVIII - CAMBIO DE ONDA
Mi afición turística
Mi debut en Radio El Mundo
Mi orquesta en Chile

XIX - EL TANGO EN CHILE
El terremoto de Chillán
De Chile a Mendoza

XX - EL TANGO EN BRASIL
Mi primer viaje al Brasil
Cómo fui complicado en un lío de espionaje
Mi nueva visita al Brasil
Mi cuarta gira al Brasil
Homenaje de despedida en San Pablo
Mi quinto viaje al Brasil

XXI - SIGUE MI TRAYECTORIA
Doctor Pedro G. Belmes
Mi retorno a Radio Belgrano
El presidente de la República me elogia
Otra vez en Radio El Mundo
Dos premios en Italia
Trofeos
También fui actor aficionado

XXII - HISTORIA DE "SADAIC", SOCIEDAD ARGENTINA DE AUTORES Y COMPOSITORES DE MÚSICA
El pequeño derecho
Copia del acta de fundación de la "Asociación Argentina de Autores y Compositores de Música"
De las ediciones de música falsificada
Los primeros pasos en procura de la ley 11.723
Mario Bénard
Se funda el "Círculo Argentino de Autores y Compositores de Música"
Sanción de la ley 11.723
Festival en el teatro Colón
En procura de la fusión
Acta de la fusión. Las bases
Después de la fusión. El Edificio Social
La piedra fundamental
Panteón Social en la Chacarita
"Previsión Social"
Congreso de Autores en Washington
Nuestra llegada a Los Ángeles
En México
Una "enchilada" que termina en "tequilada"
En La Habana
"Sadaic" y "Argentores" gestionan la realización del XV Congreso de Autores de Buenos Aires
Con el gobernador de la provincia de Bs. Aires
Nómina de las delegaciones de los distintos países enviadas al Congreso de Buenos Aires
Recepción en la Sociedad General de Autores de la Argentina (Argentores)
Solemne sesión inaugural del XV Congreso de la Confederación Internacional de Sociedades de
Autores y Compositores
Recepción en S.A.D.A.I.C
Almuerzo del "Jockey Club" en el hipódromo
La función de gala en el teatro Colón, el 12 de octubre, festejando el Día de la Raza
Sesión oficial de clausura del XV Congreso en la ciudad de La Plata
Visita al Museo de Ciencias Naturales
Almuerzo criollo en una estancia
Visita a la República Oriental del Uruguay
Visita a la esposa del presidente
Banquete de despedida a las delegaciones
Visita de reconocimiento y despedida al presidente de la Nación
Puntales colaboradores de S.A.D.A.I.C
Francisco Lomuto en S.A.D.A.I.C
Mario Bénard condecorado
Luis Teisseire
Augusto P. Berto
Andrés Domenech
César F. Vedani
Enrique Santos Discépolo
Osvaldo Fresedo
Francisco García Giménez
Otros colaboradores
Homero Manzi
José Razzano
Anécdotas y episodios. Asamblea con bromuro
Un episodio con Pedro Maffia
La letra de "La cumparsita" provocó un pleito
Los derechos autorales de Carlos Gardel

XXIII - HISTORIA SINTÉTICA DE "COMAR"
"Comar" (Corporación Musical Argentina)
"Asociación Argentina de Directores de Orquesta"
Editores de tangos

XXIV - PROPULSORES DEL TANGO
Músicos y orquestas de la guardia vieja
El Pibe Ernesto
Vicente Greco
Juan Maglio (Pacho)
Augusto P. Berto
Genaro Espósito "El Tano Genaro"

XXV - ORQUESTAS CONTEMPORÁNEAS
Roberto Firpo
Juan D''''Arienzo (El Rey del Compás)
Carlos Di Sarli
Osvaldo Fresedo
Aníbal Troilo (Pichuco)
Alfredo De Angelis
Julio De Caro
Adolfo Biagi
Francisco J. Lomuto
Domingo Federico
Franchini-Pontier
Héctor Varela
Enrique Rodríguez
Francisco Rotundo
Donato Racciatti
Osvaldo Pugliese
Osmar Maderna
Miguel Caló
Pedro Laurenz
Angel D''''Agostino
Lorenzo Barbero
Roberto Caló
José Basso
Horacio Salgán
Alfredo Gobbi
Sánchez Gorio
Alfredo Mancione
Joaquín Do Reyes
Alfredo Attadía

XXVI - EL TANGO EN EL JAPÓN
Las orquestas típicas niponas
Ranko Fuyishawa

XXVII - ORQUESTAS TÍPICAS EN PARÍS
Veteranos del tango
Manuel Pizarro
D''Ambroggio (Bachicha)
Mario Melfi
Eduardo Bianco
Celestino Ferrer

XXVIII - ORQUESTA TÍPICA
Su formación
La guardia vieja

XXIX - VOCALISTAS DE TANGO
Cantores de tango
Carlos Gardel
Agustín Magaldi
Ignacio Corsini
Alberto Castillo
Charlo
Edmundo Rivero
Hugo del Carril
Jorge Vidal
Oscar Alonso
Alberto Marino
Horacio Deval
Angel Vargas
Guillermo Rico
Carlos Lombardi
Carlos Roldán y Eduardo Adrián
Alberto Gómez
Héctor Mauré
Cancionistas de tango: Azucena Maizani
Libertad Lamarque
Ada Falcón
Mercedes Simone
Rosita Quiroga
Nelly Omar
Sofía Bozán
Tita Merello
Tania
Chola Luna
Carmen Duval
Carmen del Moral
María de la Fuente

XXX - GRANDES CULTORES DE TANGO
Letristas de tangos
Eduardo Arolas
Juan de Dios Filiberto
Mariano Mores
Enrique Santos Discépolo
Edgardo Donato
Enrique Delfino
Agustín Bardi
Juan Carlos Cobián
Ciriaco Ortiz (Ciriaquito)
Héctor Gagliardi
Juan A. Caruso

XXXI - BAILARINES DE TANGOS
Desde el "900"
Los valores primitivos y contemporáneos del tango
¿Cuál fue el primer tango que se ejecutó en París?
De cómo fui jefe de familia
Mi esposa y compañera
Mi administrador y amigo, Ambrosi

XXXII - LOS MUCHACHOS DE MI ORQUESTA
Desde los tiempos heroicos
Minotto
Luis Riccardi y Oscar Sabino

XXXIII - MI ORQUESTA EN EL AÑO 1956
Mis camaradas
La disciplina de mi orquesta
El teatro y el tango rioplatense
Don José Podestá ("Pepino el 88")
Canaro, hijo predilecto de la "República de la Boca"
Se salvó por ser amigo (anécdota)
Yo creía que era popular (anécdota)
Comentaristas radiales de tangos
Revistas especializadas en tangos

XXXIV - MI VIAJE POR ITALIA
La patria de mis progenitores
Turín
Génova
Roma
Nápoles
Florencia
Pisa
Bologna
Venecia
Milán

XXXV - EL TANGO MODERNO Y DE VANGUARDIA
"Mi modesta opinión"

XXXVI - AL TANGO LE DEBO TODO

XXXVII - CAPÍTULO FINAL
Disco de Oro

MIS COMPOSICIONES.


jueves, 19 de febrero de 2015

Silvina Bullrich por Silvina Bullrich

Contiene reproducciones fotográficas en negro. Pocos géneros han gozado de tanto éxito como las memorias. Aun aquellos que nunca habían pensado en hacerlo, desean dejar por escrito las huellas de su paso por este mundo. Actores, actrices, cantantes, presidiarios, toreros, damas de sociedad, hombres de Estado, víctimas de guerra, todos se arreglan para escribir o hacer escribir sus confidencias. Estas confesiones son, por cierto, más valiosas cuando salen de la propia mano de un escritor, o sea, cuando las compone alguien que conoce por sí mismo la mejor manera de interesar al lector. El talento de Silvina Bullrich como narradora es más que notorio. Pero si cada una de sus novelas ha llegado a apasionar a grandes sectores del público, ninguna ha alcanzado la fuerza emotiva y la sinceridad casi inquietante de estas Memorias. Aquí aparece Silvina desde su nacimiento hasta el día de hoy. Sin falsos pudores, se dirige al público con una franqueza poco corriente. Parecería que mira a cada lector de frente, segura de sí misma, decidida a no ocultar absolutamente nada. No dudamos de que este libro de memorias de Silvina Bullrich será recibido con el interés y el aplauso que se merece por la gran masa de lectores que la sigue fielmente.

+INFO  en http://www.ayconstanza.com/biografias-memorias-y-testimonios/mis-memorias-de-silvina-bullrich/

martes, 4 de noviembre de 2014

Philip Roth en frases de libros y entrevistas


Philip Roth en frases de libros y entrevistas
ENCONTRÁ SUS LIBROS en www.ayconstanza.com 

Engaño de Philip Roth
El pecho de Philip Roth
El seno de Philip Roth
Los hechos de Philip Roth

*«Convertirse en una celebridad es convertirse en una marca. Hay Ivory Soap, Rice Krispies y Philip Roth. Ivory es el jabón que flota, los Rice Krispies los cereales para el desayuno que hacen "snap-crackle-pop"; Philip Roth el judío que se masturba con un trozo de hígado» (Entrevista en «Esquire» (1981)

*No pretendo convertirte en una burguesa, Naomi. Si la cama te parece demasiado lujosa, podemos hacerlo en el suelo.

*Había aprendido la peor de las lecciones que puede dar la vida: la de que carece de sentido.

*Debes estar por encima de tus sentimientos. No soy yo quien te lo exige: es la vida. De lo contrario los sentimientos te arrastrarán. Te arrastrarán al mar y desaparecerás para siempre.

*En cualquier caso, sigue siendo cierto que de lo que se trata en la vida no es de entender bien al prójimo. Vivir consiste en malentenderlo, malentenderlo una vez y otra y muchas más, y entonces, tras una cuidadosa reflexión, malentenderlo de nuevo. Así sabemos que estamos vivos, porque nos equivocamos.

martes, 29 de julio de 2014

El pene de Rasputín

Rasputin y las mujeres de Rene Fulop-Miller

--------------------------Cuando Rasputín fue asesinado por un grupo de aristócratas en 1916, con el fin de festejar su muerte se le cortó el pene y se lo guardó como trofeo, antes de quemar su cuerpo.
El miembro permaneció en la clandestinidad hasta 1967 cuando una anciana parisina reveló el secreto que había guardado durante años en una caja de madera. Tras unas serie de pruebas se comprobó que efectivamente era el miembro de Rasputín y fue comprado por 8000 dólares por el museo erótico de San Petersburgo.
Los rumores populares decían que el pene de Rasputín medía originalmente unos 40 centímetros, pero sólo se conservan 28.5 centímetros. Dicen que una parte quedó en el cuerpo de Rasputín al momento de la castración, y que otra parte desapareció tras una supuesta mordida producida por un perro.
El miembro es una de las reliquias "estrella" que expone el Museo de San Petersburgo y aún le adjudican poderes milagrosos, entre ellos, sanar a los hombres de la impotencia por el sólo hecho de mirarlo una vez.

miércoles, 30 de abril de 2014

Un príncipe en la azotea de Damián Bayón

De la arquitectura al arte conceptual, del barroco a las vanguardias, de la reflexión sobre la estética a la disección de un lienzo, los escritos de Damián Bayón en torno a la plástica nos han enseñado a mirarla, particularmente a la plastica latinoamericana. Continuar lectura en http://www.ayconstanza.com/arte/un-principe-en-la-azotea-de-damian-bayon-memorias-intermitentes/

jueves, 27 de marzo de 2014

Mas Alto Que Los Condores de Víctor Ostrowski - Primera edicion de lujo

Mas Alto Que Los Condores
de Victor Ostrowsky
Sobre los "techos" de los cerros
Mercenario, Ramada, Alma Negra, La Mesa y Aconcagua.
Ilustrado con 82 fotografas, panoramas, dibujos y dos mapas.
Editorial Albatros -Buenos Aires - 1954
PRIMERA EDICION
Numerada y firmada por el autor.
Tapa dura - Edición de lujo

Mas info y fotos en http://www.ayconstanza.com/aventuras/mas-alto-que-los-condores-de-victor-ostrowski-primera-edicion/


Libro apasionante de aventuras, que desde el comienzo hasta el fin mantiene al lector en constante suspenso. Exacta y fiel descripción de arriesgados ascensos para poder llegar a pisar los techo de las montañas más elevadas de América.
Anécdotas o risueños momento que incluso hasta pudieron convertirse en jornadas trágicas.
Este libro es sin dudas una de las mejores narraciones de aventuras, desarrolladas en el hermoso escenario de la cordillera central y teniendo a los cerros mas alto de America como testigos.
Reúne una abundante documentación grafica, mapas, etc. siendo a la vez ejemplar documento en el cual quienes pretendan emular las hazañas de nuestros expedicionarios, podrán tomar como ejemplo la excelente organizado de las ascensos de esforzados andinistas, que en breve espacio de tiempo conquistaron las 12 cumbres más elevadas del sistema central andino.
Es demostración fehaciente de que no solo romanticismo y heroísmo anima a los expediciones sino que del análisis de las mismas y de las observaciones llevadas a cabo por quienes la integran surgen interesantísimos comprobaciones de suma importan para el progreso de las ciencias.
El ing. Ostrowski, integrante de esta expedición, también participó de las expediciones al Cáucaso, conquistando varias cumbres. Recorrió los desiertos de Persia, Irán, Siria y del Líbano. Conoce Palestina, el Egipto Alto y Bajo, al Irán y Kurdistán, llevando a Cabo un interesantísimo safari en el África oriental.
En Argentina realizo largas expediciones, recorriendo la cordillera, la costa atlántica, la Patagonia y misiones. En 1952 toma parte de la primer expedición Argentina al hielo continental y recibe por su participación una medalla de oro que es entregada por el gobierno Argentino.


lunes, 24 de febrero de 2014

Jorge Larrosa y las postales tumberas

Reconocido antes que nada como letrista de Andrés Calamaro en la época post-Salmón, esa que los llevó al terreno de la alta toxicología, los bajos fondos y el mundo de los excluidos y la cárcel, Jorge Larrosa acaba de publicar su primer libro. Entre la ficción verdadera y la crónica novelada, Postales tumberas (Aguilar) cuenta los episodios alrededor de una célebre fuga de 1994 para retratar con ductilidad, suspenso y un idioma propio la vida adentro y afuera de eso que no por nada llaman tumba. En esta entrevista, habla del mundo sobre el que echa luz, los códigos rotos en las últimas décadas, los cambios en los delincuentes y esa constante que hace cuarenta años no cambia: la policía.

Postales Tumberas 
de Jorge Larrosa - Prologo de Andres Calamaro
LINK EN TIENDA http://www.ayconstanza.com/biografias-memorias-y-testimonios/postales-tumberas-de-jorge-larrosa-prologo-de-andres-calamaro/

Hay frases, hay ideas en la verborragia de Larrosa que encuentran destino de loops. Las desgrana de una manera tan especial –apoyándose en metáforas, imágenes, bromas, gestos, sonrisas parciales y frases hechas partidas en pedazos– que, a medida que las va repitiendo, lejos de desgastarse, parecen ir tomando más color, mucho más sentido. Conclusiones que trascienden el tema carcelario para salir al afuera, ahí donde se entrecruzan todos los tópicos que tienen que ver con la necesidad, la exclusión, el encierro y la falta. Tres conclusiones, al menos, pueden apuntarse luego de hablar con él, tres conclusiones que pueden llegar a armar el rompecabezas de la Argentina de verdad, es decir, el que incluya también los pedazos de una Argentina desarmada que, a veces, necesita armarse sola para poder sobrevivir. Tres conclusiones donde se muestra que a veces la experiencia crea su propio lenguaje:

1) es un alivio dormir para poder soñar con la libertad aunque, al mismo tiempo, hay que tener cuidado de no cajetear, la peor manera de volverse tumbero; 2) en tierra de tigres hay que aprender a ser zorro para después recién empezar a ser tigre; 3) hay que saber perder, y una vez adentro alejar los pensamientos obsesivos pero nunca permitir que la prisión cobre realidad por sí misma, porque así todo lo que se dejó afuera puede empezar a esfumarse.

Cajetear es volverse autista, llenarse de pastillas, morderse la cola pensando únicamente en la causa por la que uno quedó adentro; la de los tigres es la deliciosa metáfora que usa Larrosa para dar cuenta de los presos que caminan de lado a lado de su jaula; saber perder es tener en cuenta que, para un ladrón, no hay grises: es todo blanco o negro porque el verdadero ladrón, el revolucionario urbano, en términos de Larrosa, es aquel que no comete el crimen si no está dispuesto a pagar la condena.

Todos esos puntos despliega Postales tumberas (Aguilar), el flamante libro de Jorge Larrosa que se centra en el personaje del Zurdo –alguien que entra en la cárcel y va pasando de testigo a colaborador de un gran acontecimiento– para hablar de los verdaderos protagonistas, un libro que habla, finalmente, de una fuga que adquirió ribetes míticos –aquella del 18 de septiembre de 1994, cuando La Garza Sosa, el Gordo Valor, Emilio Nielsen, Carlos Paulillo y Julio Pacheco se escaparon del penal de Villa Devoto– para hablar también de la vida en la sombra; una novela con algo de crónica y mucho de poesía prosaica que habla de las tumbas de la vida para indagar en los restos de vida que puede haber en la muerte, un libro donde, a menudo, el adentro y el afuera, los buenos y los malos, se confunden más de la cuenta porque, tal como dice Larrosa, “la ignorancia y la falta de educación es lo que provoca mayor delincuencia”.

Pero en Larrosa una frase nunca viene sola. Y en este caso, las frases que siguen despliegan un preciso mapa de la situación actual: “El epicentro de los delitos siempre es una comisaría; además, en estos momentos, una salidera o un robo a un banco sólo se pueden hacer en zonas liberadas. Con tanta cámara y tanto vidrio que hoy tienen los bancos, si la policía no llega es porque alguien interviene para que no lo haga”.

Sólo hay dos palabras, dos ideas que, en el fluir discursivo de Larrosa, tienen un valor absoluto, sin matices ni adornos: el respeto y la libertad, dos valores que constituyen, en su conjunto, el norte y la brújula. Pero es imposible dejar de tener en cuenta que la publicación de un libro como éste conlleva mucho riesgo en tiempos en que muchos reclamos apuntan a la inseguridad, a tal punto que esas mismas voces desbarrancan, a menudo, en pedidos fascistas y, aparentemente, ya superados, como la pena de muerte.

“La editorial, más que nada, se está jugando mucho porque esta historia fue contada desde la vereda de enfrente, digamos, a la de Blumberg. Pero tampoco hago una apología del delito ni pretendo crear superhéroes, simplemente muestro sus virtudes y sus defectos, aunque destacando una gran virtud que es la de saber escuchar: yo te aseguro que puede haber mucho más respeto entre dos delincuentes que entre un alumno y una maestra, porque al otro día, inclusive, puede aparecer el padre o la madre en la escuela para insultarla o pegarle”, explica Larrosa.

CODIGOS DE BARRAS

Entre todas las enseñanzas que va recibiendo el Zurdo en esa especie de educación sentimental alternativa que cuenta Postales tumberas hay una que condensa el valor de los códigos: apenas vuelve a la calle, el Zurdo sale a caminar junto a su experimentado amigo el Negro. Desesperado por el hambre, el Zurdo ve a un muchacho con pinta de laburante y le pide todo lo que tiene. Basta una mirada del Negro y la frase “Devolvele todo” para que el Zurdo efectivamente le devuelva las cosas luego de pedirle disculpas y grabarse a fuego aquello de que no hay que robarles a los laburantes ni a los viejos ni a los pibes.

¿Cambiaron, como tanto se oye decir, los códigos de los delincuentes?

–Yo creo que sí, sobre todo porque hubo cambios en toda la sociedad. Igualmente los códigos, que no son otra cosa que el respeto, siguen vigentes entre quienes, como sucede con algunas bandas de piratas del asfalto, aún hoy aportan dinero para donar a hospitales de niños. Ese respeto era algo muy instaurado entre los chorros de antes, y el respeto entre delincuentes también se traslada a los hijos. Vos fijate que hay muy pocos delincuentes cuyos hijos también lo sean porque hacen todo lo posible para que no pasen el frío y el hambre que ellos mismos sufrieron. También en la policía existía, antiguamente, una lealtad hacia el enemigo: si te entregabas no te iban a matar, como sí empezó a suceder a partir de la década del ’80, que es el momento en que surgen las superbandas, justamente como consecuencia de la pérdida de códigos en la relación entre policías y ladrones.

¿Ya no hay más superbandas?

–No, ahora son otra cosa, ya no abundan esos grupos de gente en los que todos eran capaces de pensar y nunca, nunca robaban gallineros sino la empresa avícola, el lugar donde estaba la plata, el banco. No los impulsaba la triste necesidad de conseguir un poco de droga. Y, si bien insisto en que no quiero hacer de ellos héroes, hoy es común que los pibes salgan al tun tun y maten a uno al voleo. Eso es inseguridad, pero no hay que olvidarse de que la inseguridad viene de la falta de prevención y de educación. Si los caballos pensaran no existiría la equitación, es simple.

¿Y cómo se manifestaron esos cambios en las cárceles?

–Si bien no sucede en todos los casos, hoy hay penales que están muy cachivaches porque ahora, a veces, las armas son usadas por los presos para matarse entre sí; antes una faca servía para fugarse, para ganar la calle; hay muchas muertes en los penales que nadie registra. Algunos dicen que también pasaba en los ’60 y ’70. Sí, puede ser, pero el hecho de que ahora siga pasando significa que no existen políticas capaces de contrarrestar eso. Es decir, a los presos hay que enseñarles a pescar, no subsidiarlos.

¿Qué otros cambios notás que hubo en la policía?

–Yo creo que la policía, a partir del año ‘76, al volverse un instrumento más del gobierno de facto (hablo, sobre todo, de la Bonaerense de Ramón Camps) descubrió un nicho que todavía hoy sigue ocupando, un nicho que le aseguró tantos privilegios y tanta impunidad que, una vez que volvió la democracia, nadie pudo frenarla. Nuestro problema como sociedad es que siempre criticamos a la policía pero nunca dijimos qué tipo de policía queremos ni tampoco nadie nos pudo decir qué tipo de policía necesitamos. Pero no puede ser que siga pasando eso de que un policía borracho le pegue un tiro a un nigeriano sólo por racista. No hay dudas de que la policía de hoy es la misma policía de antes. El problema es que Macri, que ahora tiene el síndrome de Estocolmo, se pone hablar de nueva policía y su ejemplo es el Fino Palacios. Me parece que tendría que reverse bien aquello de que un tipo como ése pueda formar la nueva policía; en todo caso el Gordo Valor podría ser un muy buen jefe de seguridad y el Cacho la Garza mucho más todavía. Ahí no se escapa un preso más porque se las conocen todas...

¿Y las causas por las que hoy alguien queda preso son las mismas que antes?

–Lo que se mantiene es que sigue cayendo el pobre. Otra presa fácil son ahora los pibitos de 18 años que hacen bardo porque están dados vuelta. Lo que sí debería cambiar es el caso de los vendedores de paco, porque caen presos pero salen enseguida. El tema es que piden peritaje técnico y, como lo que venden no tiene droga ilícita –venden amoníaco y solvente más que nada, pero el tema es que todo eso entra en el organismo a más de 72 grados de temperatura, en forma gaseosa, y te revienta el cerebro–, el delito no aparece legislado y siempre zafan. Creo que ahí debería funcionar algo así como la figura de la estafa, porque lo que hacen no es venderte droga sino un preparado cualquiera, carne picada de perro. Lo cierto es que si vos querés cambiar el tipo de preso tenés que cambiar el tipo de policía.

¿Cómo te parece que se trata el tema cárcel en la televisión?

–Tumberos tenía demasiada ficción. El personaje ese del poronga que vivía con un travesti me parecía, por ejemplo, muy fuera de época, porque ahora existe la visita higiénica y el preso tiene su familia y suele ser muy fiel a ella. También me parecía muy violento eso de los presos matando presos: eso pasa, sí, pero casi siempre por los bártulos que les hacen perder la conciencia de la realidad y en Tumberos no había bártulos (la medicación que provee el Servicio Penitenciario). Después se van al carajo con lo de las brujerías y eso de que los presos salían y no sabían cómo caminar por la calle: al preso le puede quedar el paso del preso pero aunque hayan hecho un edificio nuevo siempre va a recordar el camino.

¿Y el programa Cárceles?

–Me parece que están bien hechas las preguntas pero a veces encuentro problemas en la gente que seleccionan para hablar: el otro día mostraban cómo uno le limpiaba las botas a un guardiacárceles y el tipo decía: “Lo hago porque me hacen sentir bien acá”. Ese tipo perdió la brújula, se olvidó de que está preso.

EL BOCHO DE LA ZURDA

Si bien Jorge Larrosa, que tiene una amplia experiencia como letrista de Andrés Calamaro (“Nos volveremos a ver”, “La ranchada de los paraguayos”, “Mancada en la Pampa”, por poner algunos ejemplos), hace una distinción tajante entre las canciones y los libros –“escribir una canción es poner en práctica el poder de síntesis, escribir un libro es poner en práctica una descripción total”– las conexiones entre ambas prácticas existen no sólo porque Postales tumberas desarrolla exhaustivamente la temática de la mayoría de sus canciones sino también porque su propio origen está muy ligado a una canción: “Cuando hago ‘El bocho de la zurda’, consigo el teléfono de la persona a la cual me refiero en la canción (uno de los creadores de las superbandas, alguien de códigos antiguos) y le cuento que Calamaro está por grabar la letra. Nos reunimos los tres en casa de Andrés, y un tipo duro y profesional como el bocho de la zurda agacha la cabeza, se emociona. Después llega el Bahiano y, de repente, él le dice: ‘Muchas gracias por lo que hizo por el karateca Medina’. El Bahiano ni siquiera sabía quién le estaba hablando. Eso es el respeto, agradecimiento. A partir de eso, un día Andrés me tira la idea del libro y justo yo venía muy empapado con el tema de la fuga. Entonces, entre 2002 y 2003, escribo todo el libro pero se me jode el disco rígido y lo pierdo. Decí que, por suerte, me quedó todo en la cabeza. Vuelvo a escribir una parte y se lo doy a leer a Adolfo Aristarain, que me dice: ‘Qué bien que pinta, cuando esté terminado, dámelo’. Eso fue un gran estímulo”, cuenta agradecido Larrosa, una de las patas de ese trípode que, junto a Andrés Calamaro y el Cuino Scornik, componen los poetas de la zurda, el Movimiento Literario No Intelectual que tuvo su auge en la época de Deep Camboya y que, alguna vez, el propio Calamaro definió como “pensamiento en movimiento”. Si bien Larrosa dice que, ahora mismo, las responsabilidades de los tres no les permiten tener el tiempo necesario para pasar una nueva temporada en plan bacanal –“en una semana podían salir un montón de canciones, algunas buenas, algunas superbuenas y otras escuchables; había momentos que escribíamos diez canciones, yo entregaba mi letra a la mañana y Andrés, a la noche, me llamaba para decirme que ya tenía la música”–, todavía guarda el deseo de que, alguna vez, los tres juntos puedan escribir y firmar una canción, además de estar trabajando en un libro con anécdotas referidas a cómo nace el grupo en cuestión, “con algunas situaciones cómicas, otras duras, otras blandas, otras tristes, de personas que ya no están por razones de causa mayor o por razones de causa menor”, como él mismo cuenta.

¿Qué significó para vos el trabajo de los poetas de la zurda?

–Andrés tiene la facilidad para cantarle a la mujer, cosa de la cual yo carezco, Cuino es muy político y yo soy más social. Andrés puede cantarle a cualquier cosa, es un gran intérprete. Un día estaba con el Indio y le dice: “Qué bien canta Jorge”. “¿Lo escuchaste cantar?” “¿Pero no canta él en ‘Mancada en La Pampa’?” “No, soy yo” “Uh, cantás como uruguayo” Calamaro sabe interiorizarse en la letra y eso también es respeto. Para mí Calamaro es más que nada un buen ñeri, tiene las cualidades del ñeri: lealtad, no amura, siempre está. Yo del Cuino aprendí mucho cómo sintetizar y cómo jugar con las palabras. Andrés me enseñó a manejar los tiempos de las canciones, a no respetarlos literariamente. Puede hablar en pasado, presente y futuro y contarlo todo en la misma oración; entonces no tengo porque decir “ayer” ni “hoy”: De un tiempo perdido, a esta parte esta noche ha venido un recuerdo encontrado para quedarse conmigo. De un tiempo lejano, a esta parte ha venido esta noche... Es espectacular ese juego de palabras...

En Postales tumberas también hay un juego con el tiempo, a partir de flashbacks y algunas anécdotas sobre los mismos presos que cortan el hilo de la historia, y agregan misterio a lo que contás...

–Puede ser, el desorden comunicacional es propio de mí, por eso no sé si algún día podré describir algo en tiempo y forma, siempre lo hago fuera de tiempo y de forma. Cuento algo, me acuerdo de otra cosa y lo agrego porque me sirve para pintar mejor la situación de lo que estoy diciendo. Así, lo otro, que es secundario, pasa a ser principal, pero después lo saco y vuelve a ser secundario. Yo creo que Corona hace algo parecido con los chistes, “ahora me acordé de una cosa”; se va y vuelve.

También se nota en el libro una influencia de tu trabajo como fotógrafo. Como si aquello de las postales tuviera que ver con inmortalizar ciertos instantes, llenándolos de olores, sensaciones y reflexiones de acuerdo con diversos ángulos, como cuando por culpa del paria se cae la palomita retrasando el plan de la fuga.

–El título que quedó lo puso Calamaro; también barajamos Códigos rotos y Tierra de tigres. Quizá Postales tumberas sea un título muy cumbia villera pero es verdad que lo que hago es mostrar postales de la muerte en vida, de las tumbas de la vida. Los fotógrafos tenemos una mirada a partir de la cual hacemos un rectángulo de lo que observamos, con varios planos. Nosotros marcamos en nueve cuadros la zona áurea que, en un relato, vendría a ser lo más importante de lo que se cuenta. En la fotografía la zona áurea, que puede ser, por ejemplo, un rojo o un amarillo, es como el punto más alto del pentagrama. Yo soy un observador con indiferencia porque las cosas me quedan grabadas aunque, aparentemente, no les esté prestando atención.

Para terminar, ¿qué les dirías a los que piden la pena de muerte?

–Además de que hubo mucha gente que estuvo diez años presa por nada, por un error de la policía o de la Justicia, yo pienso que entre estar preso en una cárcel o internado en el Borda no hay mucha diferencia porque la cárcel también enloquece, si no fijate el caso de Robledo Puch. Está mal el concepto de “muerto el perro se acabó la rabia” porque siempre van a quedar 10.000 perros y una perra preñada. El tema es buscarle al perro un lugar, educarlo. Es interesante que la gente sepa que cuando se pide pena de muerte no se está solucionando nada. La perpetua en este tipo de cárceles es ya una pena de muerte, entonces para qué pedimos la pena de muerte si ya la tenemos. Por otro lado, el sufrimiento es una forma de pagar el delito cometido y está bien, pero el problema surge cuando el preso sale a la calle y sigue pagándolo... En definitiva, hablar de la cárcel es hablar de nuestra sociedad.
Por Juan Pablo Bertazza

Postales tumberas
Jorge Larrosa
Prólogo de Andrés Calamaro
248 páginas

Aguilar
FUENTE http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-5466-2009-08-03.html

Infancia tucumana de Mercedes Sosa, La Negra

Del libro Mercedes Sosa / La Negra
(Editorial Sudamericana, 2003.)

 A la venta en www.ayconstanza.com 
   
 
(Fragmentos) 
Infancia tucumana. El papá, la mamá. 
Mi mamá dice que mi papá se olvidó mi nombre adrede cuando me fue a inscribir al Registro Civil. Y me puso Haydeé Mercedes en vez de Marta Mercedes. Mi mamá quería que de primer nombre yo me llamara Marta. Así, sin hache, Marta. Claro, como es lógico, en mi casa mandaba mi papá, pero claro, como es lógico, siempre se terminaba haciendo lo que quería mi mamá. Y entonces todos desde que me recuerdo me vienen llamando Marta. Soy la Marta y me gusta mucho más ser la Marta que Mercedes Sosa. Esto nadie me lo cree, pero es así.
Con el asunto del nombre me libré de una buena: mi mamá también anduvo pensando en ponerme Julia Argentina, porque nací un 9 de julio, el día de la Independencia, cerquita de la casa histórica de Tucumán. Hubiera sido una exageración. Se imaginan a los presentadores del mundo diciendo: Y aquí... ¡Julia Argentina Sosa, de Argentina! Otra exageración dentro de una vida en tantos sentidos marcada por hechos exagerados, no queridos ni siquiera soñados... ¡Julia Argentina Sosa, de Argentina! Madre mía. Qué lío con esto de los nombres. También me anduve llamando Gladys Osorio, cuando casi adolescente empecé a cantar delante de los micrófonos de una radio. Al final, la cosas puertas adentro son como las madres quieren y puertas afuera son como la gente manda. En mi casa definitivamente soy la Marta. Para la gente definitivamente soy la Negra.
Otro que tuvo su historia con el nombre fue mi papá. Se llamaba Ernesto Quiterio, menos mal que le decían Tucho. En la escuela siempre tuve que soportar la misma pregunta de las maestras: ¿Quiterio? ¿Pero por qué Quiterio? Yo le preguntaba a mí papá y él no sabía. Al final resolví que como en su familia tuvieron tantos hijos, qué se yo, once creo, ya no sabían qué nombre ponerles... Podría haber sido Criterio. Y... ja ja... hubiera sido una falta de criterio, ¿no?
Una parte de mis raíces provienen de Santiago del Estero, tierra de gente nacida para ser buena. Por parte de mi papá los abuelos se casaron muy jovencitos. Ni 15 años tenía mi abuela, cuando ya había parido su primer hijo. A ellos los hijos les venían uno detrás del otro, sin miramientos, no importaba la pobreza. Y todos nacían en las casas. Y llegado el momento el padre le decía a su mujer casi niña: Deje de jugar y ponga a hervir agua en una olla. Yo voy a buscar a la comadrona. Y así vinieron mi padre y los otros tíos, tío Mauro, tía Rosario... Se nacía sin tanta historia, con las ventanas abiertas; a veces se nacía al sol o con la luna alumbrando.
Por el lado de mi mamá la mano vino con mucho sufrimiento. Con razón ella estuvo la vida entera enojada con su padre, al punto de no querer verlo ni hablarle ni nada. Sí, porque este hombre se casó por el civil y por la iglesia con mi abuela Genoveva y la abandonó cuando estaba gruesa de mi mamá. Una crueldad. Este abuelo se llamaba Miguel, Miguel Girón y se fue para siempre a Santa Fe, a Tostado. Mi abuela en cuanto pudo partió a buscarlo y lo encontró y ahí estuvieron juntos una semana. Mi abuela se habrá ilusionado. Pero él la convenció con martingalas para que se volviera Tucumán: la mandó engañada, prometiéndole que pronto iría a buscarla. Mintió: nunca más volvió. Pobre mi abuela, tan jovencita y abandonada. ¿Por qué harán estas cosas los hombres? Bueno, los hombres y... a veces las mujeres. El caso es que mi abuela Genoveva se volvió a Tucumán con la ilusión y con algo más, con la semilla de mi tía María Ángela en su vientre. Quedó preñada en esa semana de falsas ilusiones y engaños.
Razones para el odio no le faltaron a mi madre. Ella le escribió varias veces a su padre y nunca tuvo contestación. Yo también le escribí varias veces, y tampoco. Hasta que hubo una última carta que sí fue respondida, pero no por mi abuelo, sino por el comisario del pueblo. Le decía a mi mamá redondamente: Mire señora, el señor Miguel Girón reconoce que es su papá, pero no quiere saber más nada de usted. No quiere que le escriba más y no quiere verla tampoco. Es cosa de no creer, pero hay tantos hombres que por propia voluntad se les desaparecen a sus hijos. Con los años yo y mi hijo Fabián padecimos un dolor parecido.
Pero la vida tiene sus vueltas. No todo tiene que ser sufrimiento... Mi abuelo Girón armó otra familia en Tostado, tuvo más hijas, hijas desconocidas para nosotros. Y como el mundo no es chico sino chiquito, pasó esto: en el año 80 yo estaba de gira en Israel. Una noche viene una mujer y me dice: Me llamo Rivska, yo soy tu tía, vivo en Jaifa. Yo dije esto es una joda, qué está pasando acá. Ella me dijo: Vos sos Marta. ¿Acaso no tenés en Santa Fe un abuelo que se llama Miguel Girón? Ahí me desayuné y me di cuenta que la mano venía en serio. Yo no sabía que tenía una tía en Israel. Al rato me enteró de eso y de otras hermanas más, todas hijas del segundo matrimonio de mi abuelo. Dos años antes de la muerte de mi mamá, vino a la Argentina su media hermana de Israel, se juntó con las otras dos medias hermanas y se fueron a conocer a mi mamá en su casa de Tucumán. ¡Lo que fue eso!: allí estuvieron las cuatro juntas, felices como criaturas, haciéndose bromas, contándose sus vidas, cocinando, comiendo, jugando a la lotería, viviendo en un puñadito de días lo que el padre ingrato y abandonador no les había permitido vivir en 70 años.            
Para que la felicidad fuera completa después la llevé a mi mamá a Israel. Y allí otra vez se abrazaban y lloraban y reían como chicos, esas hermanas tantos años distanciadas. Allí también conocí a una prima. Que era prima mía es indudable: se larga a cantar y canta como yo, canta bien, se peina y se pone los anteojos como yo y toca el bombo y tiene un éxito bárbaro. Ella tiene dos nietitos que la acompañan, uno toca el charango y el otro el bombo.
Sí, muy chiquito es el mundo. La maldad de Miguel Girón no pudo deshacer el vínculo de esas hijas que no se conocían. Tía Rivska me contó que no era un buen tipo este viejo; también la hizo sufrir mucho a su madre. Será porque él, después de todo, tenía ese oscuro secreto fermentando muy adentro de su alma: el haber abandonado dos veces y estando gruesa a mi abuela Genoveva. Por suerte ella encontró a un hombre bueno, mi abuelo Florentino, y vivió con él hasta que los dos murieron de viejitos. La muerte siempre es odiosa, pero recibida así, juntitos, vaya y pase, es otra cosa.
(
–Mercedes, antes de cambiar de tema, supongamos: aquí, ahora, tenés a tu abuelo Miguel Girón. ¿Qué le decís?
–Que se vaya a la mismísima... No no no, no le digo eso. Mi mamá nos ha enseñado a respetar a los mayores. Me daría un sopapo si completo la frase.
–No le decís eso, ¿qué le decís en cambio?
–Le digo que abandonar a una mujer estando gruesa de un hijo, ¡eso no se hace!... Aunque no, tampoco eso le digo. Mejor le pregunto ¿cómo es posible hacer algo así? ¿cómo es posible dormir, comer y vivir soltando para siempre a una hija y a otra hija? 
)
La de mi papá y mi mamá es una historia de amor para siempre. Sí, ya sé, parezco pavota; todos dicen que es imposible el amor para siempre. Yo digo que es imposible, sí, pero deja de ser imposible cuando entre el hombre y la mujer hay amor. Mi papá y mamá nunca se aburrieron de quererse, nunca. Y eso yo y mis hermanos y mi Fabián lo vimos.
No sé bien cómo se conocieron mi papá y mi mamá... o sí sé, me lo contaron un día, mientras tomábamos mate, después de dormir la siesta. Ellos estaban en un velorio de angelito y en los velorios de angelito del norte se juega el juego del botón, se canta, todo es muy ingenuo. En el juego del botón están todos sentados con los puños cerrados y hay alguien que tiene el botón en la mano. Uno tiene que adivinar. Muy ingenuo pero hasta cierto punto, porque se trata de mirar a los ojos, de semblantear... Mi papá fue mirando las caras y al llegar a mi madre dijo muy respetuoso: La señorita tiene el botón. Mi madre lo tenía. Ahí empezó todo. Mi mamá era señorita, pero ya tenía una hija de soltera, se llamaba Clara Rosa Girón, siete años me llevaba a mí. Mi abuela Genoveva, acostumbraba a criar hijos de padres que no se hacían cargo, la criaba a Clara Rosa, la Chocha le decíamos.
Para mi madre tener esa hija fue algo muy fuerte. Era una mujer brava, de agallas, inteligente aunque casi sin libros. Estamos hablando de una madre soltera del año 1928... Indudablemente mi mamá sin saberlo era una feminista, una adelantada, como lo fue Alfonsina Storni. Hoy cualquier chica soltera tiene un hijo, en aquellos años era una cruz y un estigma. Pero el caso es que la señorita Ema Girón quiso que su hija se llamara Clara Rosa Girón. Y salió adelante porque se encontró con mi padre, un hombre muy bueno, muy respetuoso, nada que ver con esos atorrantes renegados, sin corazón. Mi papá con los años quiso darle su apellido a Clara Rosa y mi mamá lo agradeció, pero no lo aceptó: No, Tucho, porque vos no sos el padre de la Chocha.
El matrimonio de mis padres resultó muy sólido porque se ayudaron los dos y vivieron todo parejamente, los dos trabajaban afuera y adentro de la casa. Mi madre no era la mujer que sólo sirve para preñarse, sacar hijos y ser una sirvienta. En todo estaba a la par. 
Del amor de mis padres nacieron cuatro hijos, el primero se murió al año de no se qué enfermedad... ¿Miguelito se llamaba? Sí mi mamá estuviera cerca me lo diría. Ella no está pero sí está mi hermano Cacho, que es el más chico... ¡Cachoooo! Vení. Contá. Pero presentáte antes. ¿Cómo era que se llamaba ese hermanito que se murió antes que yo naciera?
CACHO: Me llamo Fernando del Valle Sosa, me dicen Cacho, nací el 24 del 3 del 40, cinco años después que la Marta. Soy el menor. El hermanito que se murió no se cómo se llamaba, pero le decían Coquito. Vivió sólo 7 meses y la mamá ya estaba de encargue de la Marta, que nació al año siguiente, en el 35. Nuestro hermanito ha muerto por los calores; al tener desarreglo de vientre se ha deshidratado. Ha tenido una colitis, una diarrea hasta secarse. En aquel tiempo en el norte morían mucho chicos así. Bueno, en aquel tiempo y ahora ni hablar. Cuando ha pasado lo de Coquito nosotros vivíamos en Pasaje San Roque 344, que era la casa de los abuelos paternos, Miguel Sosa y Mercedes Ruiz. Por ella a la Marta le pusieron también Mercedes. Estos abuelos venían de Matarás, una parte muy salavinera de Santiago de Estero, al este. En la casa de ellos hemos vivido hasta julio del 52. Mercedes tenía 17 años entonces. Nuestro abuelo Miguel primero ha trabajado en una finca llamada Paraíso y después en la compañía de electricidad cuando se instala en la ciudad. Aquella casa era modesta, pero al menos casa era. Tenía un patio enorme con un árbol grandísimo que nos daba mucha sombra en tremendos veranos muy secos. Entonces no llovía casi nunca. El árbol era una morera, por ese árbol tan bueno con su sombra podíamos haber muerto, pero gracias a él tuvimos por fin nuestra casita propia.
–Dale, Cacho, seguí contando que vos tenés memoria para esas cosas.
CACHO: Fue a principios del 51, en pleno verano y han venido esos vientos que les llaman tornados, vientos tremendos con remolinos. Tal ha sido el viento que ha arrancado la morera de cuajo. Estábamos todo ahí cuando se corta la luz y la morera cae sobre una parte de la casa. Todos en la oscuridad empezamos a nombrarnos, eran como las doce de la noche. Todos nos llamábamos a los gritos, desesperados, pero había uno que no contestaba, mi hermano Chichí. Ha pasado esto: cuando Chichí ve que la morera cruje y se inclina, él atina a tirarse adentro de una habitación cerrando la puerta. Y allí queda prisionero. Al ver que el Chichí nos faltaba mi mamá y Mercedes se han puesto a llorar desconsoladas. Pasó un rato, empezamos a apartar ramas, llegamos a la pieza que estaba semiderrumbada y aparece el Chichí y bueno, se había salvado. Después de esto, gracias a la morera, la Marta ha empezado a diligenciar la casa de Barrio Jardín. Tenía la Marta entonces 16 años y ya cantaba y era apreciada por eso en el partido Peronista. Pensar que la Marta aquella vez también pudo morir aplastada por la morera. Y ya no hubiera cantado más y no hubiera sido famosa y no hubiera actuado ni en el Colón ni en Nueva York ni en Japón ni en el Vaticano ni en Israel.   

–Sí, ahora recuerdo lo de la morera. Cuando gritábamos en la oscuridad y el Chichí no contestaba pensamos lo peor. Pero cuando lo vimos sano y salvo todos nos abrazamos y  seguimos llorando, pero de alegría. Qué cosa, a veces de un segundo para otro las mismas lágrimas que eran de espanto son de felicidad... Pero Cacho, sabés una cosa, al final te olvidaste lo más gracioso... Cómo la casa quedó medio sepultada por lo morera hubo que llamar a los bomberos.Aquel fin del mundo duró no más de media, de pronto el cielo se despejó y aparecieron muy intensas las estrellas... Y enseguida cayeron los bomberos, reacomodaron todo con chapas: la casa quedó como un campamento de indios. Había una larga escalera. No vayan a subir al techo porque es muy peligroso. Lo primero que nos dijeron es lo primero que desobedecimos: ¿Te acordás, Cacho? Subió el Chichí y enseguida yo. Cuando nos dijeron que bajáramos el Chichí, que se veía todas las películas de Trazan, gritó ¡Yo soy Tarzán! Y se tiró. Cayó y quedó como muerto. Llamamos a la asistencia pública y Tarzán se despertó.

Voy y vengo, me adelanto demasiado con mis recuerdos. Tengo que retroceder, a ver si me ordeno... A los pocos meses de la muerte de mi hermanito, nací yo, justamente un 9 de Julio. A eso de las seis de la mañana vinieron los cañonazos celebratorios y mi mamá dijo: Parece que esta chica va a ser algo grande. Ella lo presintió, pero sin ambición. Porque para ella “ser algo grande” significaba estar lejos de la familia. Yo nunca lo imagine y nunca lo quise. Ya sé que no me creen, pero lo dije y lo diré hasta que me crean. Porque esa es la verdad. Hablando de los 9 de julio, mi mamá nos despertaba con chocolate, ese era el único lujo que nos podías dar. Recuerdo conmovida el sacrificio que significaba para mi papá comprar por única vez un kilo de masas para celebrar a la noche la fecha patria y de paso mi cumpleaños. No imaginaba entonces que años después iba a celebrar mi cumpleaños en Polonia, porque estaba en gira Los Trovadores y el ballet de Néstor Pérez Fernández. 
        ( … )

Adiós. Hasta mañana
–Mercedes, a este viaje que empezó en el fondo de tus días le quedan unas pocas páginas más. A esta altura de tu relato, ¿qué sentís?
–Siendo una mezcla muy extraña: cansancio, mucho remover momentos terribles y reencontrarme con los seres queridos ausentes... Siento que la soledad es mi enemiga, pero tal vez tenga que aprender a ser amiga de mi enemiga... Siento también algo que no sé cómo llamarlo, algo que está muy adentro mío, muy en el fondo de mi corazón... algo que no sé si llamar alegría...
–¿Alegría por qué?
–Alegría porque estoy viva y he aprendido a oler cuando respiro y a ver cuando miro.
–¿Hay alguna otra razón para ese fondo de alegría?
–Sí, creo que siento alegría porque tengo ganas de vivir.
–¿En que notás tus ganas de vivir?
–En que me viene una cosa linda en el pecho porque tengo ganas de que llegue la noche para escuchar nuevos temas hasta descubrir una nueva canción hermosa que aprenderé a cantar como si fuera la primera.
–¿Hay alguna otra cosa que explique esta alegría tuya de ahora?
–Sí, mañana viene mi profesora de vocalización. Tengo clase. Pienso en eso y tengo ganas de estudiar. Eso me da alegría.
–¿Cómo te ves a los 70 años de edad?
–No falta tanto, tengo 67... Me veo cantando y estudiando.
–¿Te imaginás viva a los 80?
–Uno nunca sabe, con los aviones y esas cosas, pero seguro que me imagino viva. Voy a tratar copiarla a mi mamá: ella se acercó bastante a los 90.
–¿Te imaginás a los 80 cantando?
–Sí sí sí. Me imagino cantando. Y cantando bien. 
)
Me pide el preguntón, como condición para terminar este relato, que cierre los ojos. Que los cierre sin hacer trampa y que cuente los momentos, las imágenes que sin pensarlo me surgen espontáneamente en este minuto. Hago caso porque cuando soy obediente soy muy obediente. Ya estoy cerrando los ojos y veo...
Madre mía, me veo otra vez en aquel avión de Panam... Veníamos con Pocho de actuar en Caracas. Cuando estábamos sobre Paraguay la señorita azafata anunció: La temperatura en Buenos Aires es de 25 grados, el tiempo es muy bueno, no hay nubes a la vista, pero tenemos que comunicarles que hemos tenido una pérdida en el líquido de frenos. Tendremos un aterrizaje de emergencia. Hay un ochenta por ciento de posibilidades de que nos salvemos. Eso dijo, muy claramente. A continuación nos pidió que nos sacáramos los zapatos. Al rato otra vez la voz: Pueden ponerse los zapatos de nuevo... A los quince minutos sáquense los zapatos... Se notaba que la azafata se estaba poniendo un poquito loca. Yo iba con Pocho y con Pepete Bertiz, que estaba muy enfermo. Pensé: Y bueno, esto es la muerte. Al llegar a Ezeiza yo miraba por la ventanilla y veía los bomberos y las ambulancias allá abajo... Y sabía que allá abajo estaban esperándonos mi mamá, mi papá, Fabián, Gustavo. Eso es lo que más me desesperaba, ellos iban a ver un desastre. Pero no pasó nada. El avión hizo pung. Recorrió unos metros y paró. Todos estábamos en silencio. Yo pedí por favor pasar al baño a orinar. Qué alivio cuando lo hice. Bajamos corriendo y después cuando nos abrazamos con mi papá, con mi mamá y con los chicos nuestros llantos se mezclaban; nos abrazábamos hasta hacernos doler. Qué terrible y qué lindo que fue.
Sigo con los ojos cerrados... Estoy en Holanda. Hay una señora amiga embarazada. Todavía no sabe si tendrá nena o si tendrá varón. Yo le digo que haré la prueba infalible que hacía hace muchos años mi mamá. Se juntan dos sillas. Sin que lo vea la embarazada, en una se pone un cuchillo y en la otra un tenedor. Encima de cada una, tapando, un cojín. La embarazada no sabe dónde está el cuchillo y dónde el tenedor. Le pido que elija una de las dos sillas. Ella elige la del cuchillo. Será varón, le digo. Y fue varón nomás. Esas cosas no fallan.
Ahora veo a mi papá... está alimentando con troncos la boca del horno del ingenio. Es insoportable el calor. Estoy mirándolo con mi hermano Chichí, hemos llegado por un túnel con una zorrita... Mi papá trabaja en silencio, sin camisa, veo su espalda doblada, pobrecito... Nos volvemos sin hacer ruido, mi papá no me tiene que ver llorar...
Veo a mi mamá haciendo una camisa nueva con una camisa vieja. Se la está probando a mi hermano Cacho... Quedáte quieto mientras te la mido. Quedáte quieto, Cacho, te he dicho. No me hagás renegar.
Veo a mi tío Villa, el único antecedente artístico que hubo en mi familia. Ha llegado mi tío de un viaje integrando como bailarín el ballet que acompañaba a Carlos Gardel por Europa. Mi mamá lo recibe con unas sopaipillas y unos mates. Mi tío saca un pequeño estuche color bordó,  adentro tiene unos aritos. Regalo para mi mamá.
Veo en una vereda... ¿de Ramos Mejía era?.. a un hombre que se desvanece... Lo sientan en un escalón, de dan aire, lo reaniman, después la gente le entrega monedas, billetes... El hombre desesperado dice que no que no quiere plata... quiero trabajo, trabajo, dice.
Veo en el diario el título terrible Murió otra bebita en medio del silencio del gobierno tucumano... En la foto, una mujer muy joven pero ya gastada, con un niñito en sus brazos... cuatro kilos pesa la criatura y tiene diez meses... Ella se llama Claudia Elizabeth Carrizo... ¿cuánto hará que en su rostro hubo una risa, una sonrisa al menos?  
Me veo espiando por entre bambalinas la sala repleta del Colón... busco el rostro de mi mamá, el de los chicos y el de mis hermanos en un palco... Allí están todos, con ropa nuevita... Sigo buscando en el palco el rostro de mi papá... ¿Para qué busco si mi papá ya se me murió? Pero qué voy a hacerle, soy cabeza dura, sigo buscándolo...
Ah, mi papá qué bueno que era con mi mamá y que bueno era con nosotros. La única vez que se le ocurrió darme un chirlo yo me pegué en el filo de la mesa... Lo veo llorar... pero papá, no llorés más, yo sé que fue sin querer...
Me veo con Pocho, caminando de la mano por la ciudad, tratando de que el miedo por la amenaza de la Triple A no nos gane. Pocho me dice Vamos, Mercedes, vamos. Que el día está lindo...
Me veo llevando de la mano a mi hijo a la escuela... Fabián, me mira diciéndome sin palabras: qué lastima mamá que la escuela esté tan cerca, el ratito para ir de la mano es tan corto... Tan corto como la vida, mi sufrido Fabián.
Me veo haciendo una escala de cinco horas en el aeropuerto de Brasil, año 1981. No puedo salir del aeropuerto porque la burocracia de la dictadura me anda jodiendo con no sé qué papel... Estoy en la confitería del aeropuerto con Bibi, Olguita, Colacho Brizuela y su mujer, recién casaditos... De pronto aparece Milton Nascimento, viene con una enorme torta para celebrar mi cumpleaños... ¡Qué alegría, madre mía, qué alegría!   
Madre mía... ¿se puede ver la voz de alguien? Yo veo la voz de mi mamá diciéndome Marta, usted está muy pálida. Será que come poco... Mamá, le prometo que me iré menos y que vendré más... Mamá, usted sabe que lo que yo más he querido en la vida es ser como usted... Mamá, yo no elegí cantar para la gente, la vida me eligió a mí, y bueno...
Abro los ojos. Sé muy bien que si me quedo sumida en el pasado le falto el respeto al presente. Y si le falto el respeto al presente le falto el respeto al futuro. Y eso no se hace... Medio en broma medio en serio por ahí anda el epitafio para mi tumba: Nunca fui feliz. Y menos ahora. De todas maneras, el epitafio no va a hacer falta, porque ya lo expresé con pleno uso de mis facultades y ante escribana que ordeno que mi cuerpo muerto sea cremado. ¿Y después? Después la libertad, las cenizas arrojadas sobre el amado Aconquija. Por más que esta vida tenga tantos dolores y desgarramientos y angustias, me sigue gustando la vida. También a mí me va a dar mucha bronca cuando me muera... No debe estar muy lejos el día en el que aparezca un filósofo que escriba un libro con una sola frase. La frase que valdrá por el libro entero será: Verdaderamente la muerte es una mierda. Una mierda para los que se van. Y una mierda para los que se quedan sin los que se van.

Posdata
Alguien, un poeta, amigo del alma, me regaló un sueño. Un sueño que, me asegura él, una de estas noches yo también voy a soñar. El sueño es éste: estoy en un teatro magnífico, parecido al Colón... ya he cantado más de dos horas, entre otras, “Vidala de la soledad”, “Los mareados”, “Cuando tenga la tierra”, una de León, una de Víctor, una de Charly, una de Yupanqui, “María María”, “Canción con todos”... la sala es el Colón, pero tiene cosas de la sala de los premios Nobel de Estocolmo y del Olimpia de París y del Carnigie Hall de Nueva York... Es un teatro muy extraño este, porque después de los palcos y de la plateas se abre como un inmenso anfiteatro y el público que colma la sala se prolonga en una interminable multitud que está a la intemperie bajo un cielo estrellado... Después del final he cantado cinco canciones más, estoy extenuada pero feliz... Los aplausos por poco me voltean, vuelvo a mi camarín, me saco el poncho, me acercan un te con miel, lo bebo lentamente... los aplausos no cesan... decido salir una vez más para el saludo final... Allá voy. La ovación se eleva, llueven los claveles... avanzo hacia la boca del escenario y noto que a cada paso que doy me voy empequeñeciendo, empequeñeciendo... Me detengo, me doy cuenta que sigo vestida igual pero soy una criatura de siete u ocho años... La ovación no se detiene, crece, crece... Unos pasos, unas voces detrás de mí, me doy vuelta y veo que de pronto aparecen desde el fondo del escenario mi papá, mi mamá, mis hermanos, mi hijo Fabián, María y una larga hilera de rostros de gente pobre pero honrada que viene con ropa de trabajo... Todos, con mi papá y mi mamá a la cabeza, pasan a mi lado, siguen, avanzan hasta el mismo borde del escenario y allí, hombro con hombro, apretados, se ubican de cara al público... Ahora la ovación recrudece, es ensordecedora, viene como una inmensa ola desde el fondo de esa multitud... Mientras ellos reciben el más cerrado de los aplausos yo me quedó allí atrás y empiezo a aplaudirlos también... Estoy llorando de alegría, llorando con el llanto de una nena, porque en realidad eso soy ahora: una criatura que no tiene más de siete u ocho años.
Mi amigo poeta dice que a este sueño seguro que una de estas noches también lo voy a soñar yo... Mientras espero que a mi almohada llegue este sueño yo ahora me pongo de pie y mirando hacia afuera por el ventanal de mi casa digo entre mí: Cómo ser de otra manera, si crecí abrigada por esas vidas... De pie estoy y empiezo a aplaudir... ¿A quién? Aplaudo a ésos que nunca subirán a un escenario, a los que viven del trabajo, a los que sueñan sin retorno, a los primordiales... Estoy aplaudiendo, créanme. ¡Ah, cómo los quiero! ¿Por qué tanto amor para mi solo corazón? ¿Por qué a mí?... Los sigo aplaudiendo, me queman las manos. Aplaudan por favor ustedes también. Aplaudamos. Fuente http://rodolfobraceli.com.ar/pagina12.html

Archivo Revista GENTE - Parte 1

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