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Bertha Koessler-Ilg la mujer que dejó escrita la tradición oral del pueblo Mapuche



Cuentan los Araucanos
de Bertha Koessler Ilg
Espasa Calpe - Argentina - 1954

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Para los pueblos originarios el pasado conserva un resplandor dorado que ilumina los días de grandeza y pujanza de un mundo que se extingue.
BERTHA KOESSLER-ILG ha pasado gran parte de su vida lejos de la gran ciudad, de sus lujos y comodidades; y ha conseguido salvar lo que seguramente será parte de los ricos tesoros del folclore mapuche, de los cuales ofrece al lector esta pequeña y maravillosa muestra, una rama del Pehuén, de la majestuosa Araucaria sagrada, mística, de la madre cordillera.
Llegó a San Martín de los Andes en 1920 acompañando a su esposo médico. Aprovechando que los mapuches venían a su casa como pacientes, y haciendo uso de la rica experiencia acumulada por ella como recopiladora del folclore alemán y maltes, empezó a ganarse su amistad y a escuchar los 'cuentos' heredados de sus antepasados a través de largas cadenas de tradición.

Bertha Koessler-Ilg la mujer que dejó escrita la tradición oral del pueblo Mapuche
Por Graciela Vázquez Moure

La llamaban la araucana blanca. Fue enfermera, escritora y la compañera del primer médico del pueblo.
Bertha Ilg, no fue eclipsada por la imagen y el recuerdo de su esposo, el Dr. Rodolfo Koessler. No era usual esta condición en las primeras décadas del siglo 20. Las mujeres debían tener un gran talento y una personalidad arrolladora, para llegar a ser ellas mismas. 
Bertha Koessler-Ilg, era alemana y llegó a San Martín de los Andes en el año 1920, junto a quien fue el primer médico del pueblo.
Años después escribiría “El machi del Lanín” (1940), la historia de un médico alemán en la cordillera patagónica  que aborda  la vida que ella y su marido llevaron en San Martín de los Andes desde 1920.
En estos textos Bertha Ilg se asoma a las historias en las que la  convivencia entre el pueblo mapuche y los pioneros llegados desde Europa, eran parte cotidiana de una pequeña comarca patagónica, con una belleza exuberante que su gran amigo el Dr. Gregorio Alvarez definía en uno de sus libros  como el lugar “Donde estuvo el paraíso”.
Bertha se convirtió en recopiladora de leyendas mapuche, del folclore araucano,  su gran llegada hacia algunos de los referentes más ancianos de la comunidad Curruhuinca, le permitió ser quien transmitiera historias y leyendas que formaron parte de varios volúmenes, que traspasaron la frontera. Así su investigación con carácter científico-literario se unió directamente con lo afectivo, logrando de esta manera un maravilloso trabajo en la región patagónica.
Hasta ese momento  la tradición mapuche era anónima, popular y oral, la escritora alemana la convirtió en escrita y su trabajo se eternizó en  la publicación “Cuenta el pueblo mapuche”, sin embargo  como un juego de palabras Bertha sentía que las historias escritas no permanecían como la palabra escuchada, sin embargo su trabajo de recopilación dejó una impronta que 60 años después de la primera publicación, permite recoger estas tradiciones orales que de otra manera no hubieran alcanzado el conocimiento de muchos.
Bertha Ilg, era enfermera y ayudaba al Dr. Koessler en su maravilloso consultorio de la calle Ramayón y San Martín, la casa que los cobijó a ellos y a sus hijos e hijas. Allí nacieron muchos niños de este pueblo, allí llegaban integrantes de la comunidad mapuche del lugar y de la región que eran atendidos por el médico que convirtió la casa familiar en un pequeño hospital.  Ricos y pobres eran recibidos de igual manera.
Bertha conversaba con ellos y se ganó su confianza e incluso con algunos, existió un gran lazo afectivo.
Según lo expresan diversos analistas de su obra la tarea de Bertha Koessler-Ilg   se basó en su gran admiración por los hermanos Grimm, quienes se empeñaron en recopilar cuentos orales alemanes, para recuperar el carácter auténtico de una cultura nacional. Admiradora de los  famosos escritores, Bertha Koessler-Ilg ya había recopilado textos del folclore de la isla de Malta, donde pasó su adolescencia, acompañando a su tío cónsul. Estos cuentos los publicó entre 1906 y 1910.

Sus primeros años
Bertha Ilg nació un 27 de diciembre de 1881 en un pueblo de la Baja Baviera, eran  10 hermanos del matrimonio de Matias Ilg y Ana Kurzbeck.
Después de su estadía en la isla de Malta vuelve a Alemania y  se recibe de enfermera de la Cruz Roja en un hospital de Frankfurt. Allí conoció a quien sería su esposo y compañero, Rodolfo Koessler, que se convertiría más tarde en el médico del pueblo en San Martín de los Andes.



Cuando contraen matrimonio ambos  toman la decisión de irse a vivir lejos de Alemania. Rodolfo Koessler debe elegir entre dos propuestas: una de ellas ir a Samoa   occidental, islas de la Polinesia, y otra a Buenos Aires, con destino en el reconocido hospital Alemán, ubicado en un prestigioso barrio de la capital del país, lo que hoy es Recoleta o barrio Norte.
Es así que desde 1912 hasta 1920, permanecen en ese lugar, para luego decidirse por la Patagonia, por un pequeño pueblo cordillerano que tenía una población de mapuches, criollos y pioneros europeos, una población que no llegaba a los 1000 habitantes. 
Pero antes de establecerse en la cordillera, Bertha viaja a Alemania para que su familia conociera a su primera hija Regina y debe enfrentarse al estallido de la primera guerra mundial en 1914, lo que hace que deba estar más tiempo del pensado en el país.

A los 7 idiomas sumó el “mapudungun”
Sabía varios idiomas, dicen que eran siete los que dominaba, al que sumó el idioma de la cultura mapuche.
De esta manera recibía los testimonios de quienes apenas hablaban el español, y se comunicaban a través de su idioma de origen. Escribía en el jardín del invierno de la casa, espacio que aún se conserva y que forma parte de lo que se constituyó en un museo maravilloso, donde se encuentran los objetos de la familia, los libros y todo el equipamiento médico del Dr. Koessler. Uno de sus nietos, Federico Koessler, se dedicó en los últimos años a armar esta escena histórica, que quizás sea el único espacio de la región y del país que guarda este contenido, sin embargo al parecer para el gobierno de la provincia de Neuquen, no es tan importante este espacio emblemático, y después de dos años Federico Koessler decidió poner el cartel que alertó a todos, en el que propone, alquiler o permuta de la casa que es patrimonio histórico, cultural y arquitectónico. Desde marzo de  2012, la casa siguió este destino.

La araucana blanca
Así como los hermanos Grimm tuvieron su interlocutora que les trasmitió las leyendas más famosas de los pueblos, Bertha Koessler-Ilg reconoció a sus interlocutores, sus amigos del alma que fueron Antonio Kinchauala y Francisco Kolüpán. Son ellos los que propiciaron los contenidos  de sus recopilaciones y  quienes la llamaron la "araucana blanca".
Canciones, rezos  e invocaciones a la naturaleza, mitos y leyendas, juegos y tradiciones se expresan con el respeto de la transmisión oral recibida desde los integrantes del pueblo Mapuche. Refranes, pensamientos,  son parte del folclore mapuche recopilado por Bertha Koessler-Ilg.
Las obras editadas fueron El machi de Lanín (1940), Cuentan los araucanos (1954) y Tradiciones araucanas (1962). Escribió, además, una obra en alemán en 1956, Indianer Märchen aus den Kordilleren ("Cuentos de los indios de la cordillera").
Murió en 1965, pero antes de su partida logró dejar una impronta imborrable, su obra, su presencia como escritora y recopiladora de tradiciones, su amor por la cultura mapuche y su respeto por todo lo que recibió de quienes le confiaron las historias de su pueblo.

Un recuerdo especial
En medio de esta crónica, no puedo dejar de recordar a Eva Koessler, una de las hijas de Bertha y Rodolfo Koessler. En 1991 me recibió en la casa de la familia, allí en la misma mesa que hoy forma parte del mobiliario compartimos un té, que Lola su hermana sirvió para acompañar la charla.
Eva era una hermosa mujer, relató varios episodios de su vida. Guardó silencio ante otros que prefirió no recordar. Habló de sus padres, recordó los años en que vivió en San Martín de los Andes cuando era niña, describió con nostalgia las alamedas que bordeaban las acequias que  recorrían el pueblo en toda su extensión. Lamentó que el progreso se hubiera llevado símbolos que formaron parte de la vida de su familia y de los vecinos. Comentó que había algunas obras de su madre que no habían sido editadas, pero se negó a abrir el baúl de los recuerdos, esos que estaban en lo más profundo de su mente.
Fue una linda tarde de primavera. A la mañana siguiente un joven llamó a la puerta de mi casa. Traía una hermosa canasta de mimbre llena de flores. Lilas: blancas y violetas  y rosas formaban parte del exuberante envío, eran las flores de su jardín. Me dijo “es de parte  de la familia  Koessler”. Entre las flores una tarjeta  enviaba el mensaje: “gracias por la hermosa tarde que pasamos, gracias por respetar mis silencios y la espero otro día para compartir un té. Eva”.
En esta profesión de periodista son esos recuerdos que no se borran y que en estos casos no deben formar parte del pecado de omisión.

Fuente: http://www.desdeelsurnoticias.com.ar/index.php/especiales/historia-de-nuestra-gente/1781-bertha-koessler-ilg-la-mujer-que-dejo-escrita-la-tradicion-oral-del-pueblo-mapuche


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