martes, 4 de febrero de 2014

Tierras sin fin de Jorge Amado

Tierras sin fin 
de Jorge Amado
disponible en www.ayconstanza.com 
La explotación del cacao trajo, para la región de Ilheus en el sur de Bahía, el desarrollo y con este los más diversos tipos humanos, atraídos por las historias de tierras fértiles y dinero en abundancia. Para todos Ilheus era la esperanza. Entre las personas venidas de lejos estaban, en el mismo navío, el labrador Antonio Vítor que soñaba con un campo de cacao sólo suyo, el aventurero Juan Magallanes, jugador de cartas y falso ingeniero militar, y la prostituta Margot que dejara Salvador tras su amante, el abogado Dr. Virgilio que ya se encontraba en Ilheus. Se encontraron, en Ilheus y villorrios adyacentes, con Ferradas y Taboca, sociedades en formación, sublevadas por la ganancia de los poderosos, donde la ley era de los más fuertes y corajudos. Hay un conflicto entre dos grandes latifundistas: el Coronel Horacio y la familia Badaró que luchaban por las matas de Sequeiro Grande, entre las dos propiedades. Coronel Horácio, ex-tropero y empleado, enriqueció plantando cacao. Ayudó a construir la capilla de Ferrada y la iglesia de Taboca, manteniendo así su fuerza política local. Viudo, casado nuevamente con la bella y joven Ester, que le dio un hijo, su orgullo. Todo lo hacía en nombre de un futuro brillante para ese pequeño. Amaba a su esposa, mujer fina, inteligente y culta. Ester, en cambio, no lo amaba. Para ella la vida en la hacienda era un martirio. Los abogados eran bienvenidos en Ilheus, donde hacían fortunas. Los latifundistas les solicitaban documentos falsos de propiedad para expulsar a los pequeños labradores y ampliar su patrimonio. Si oponía resistencia, era muerto por los hombres del coronel. Virgilio y Margot vivían en casas separadas para evitar comentarios del prejuicioso poblado de Tabocas. A pesar de eso, él pasaba la mayor parte del día en compañía de la amante. El coronel Horacio invita a cenar en su casa a Virgilio, para contratar sus servicios de legalización de propiedad de Sequeiro Grande. Allí Virgilio conoce a Maneca Dantas y a Ester, que acepta tocar piano para ellos. Queda fascinado por ella que, a su vez, se encanta con la voz, la cabellera rubia y las maneras finas del joven.
Esa noche, Horacio se sorprendió con el cambio de su mujer en la cama, más calurosa y receptiva. Cuando todos ya dormían, Firmo llegó a la hacienda. Al despertar les contó a todos sobre el atentado que había sufrido. El negro Damián, el mejor asesino de los Badaró, lo emboscó pero felizmente erró el tiro. Los Badaró habían tratado de comprar el pequeño sitio de Firmo, pero éste, aconsejado por Horacio, no lo vendió. Para Horacio, aquel atentado demostraba que la lucha por la posesión de Sequeiro Grande iba a comenzar. Pide a Damián y a Maneca Dantas que recorran todas las pequeñas propiedades limítrofes con una propuesta: los que lo ayudasen, no sólo mantendrían sus tierras sino que también tendrían una porción de Sequeiro Grande. Además aconseja a Ester pasar con el hijo una temporada en Ilheus. De camino, Ester pasó cuatro días en Tabocas, conversando mucho con Virgilio. Cada vez más enamorada, veía en el joven abogado una manera de salir de aquel lugar. Este a su vez, no veía la hora de poder encontrarse con ella a solas. Los Badaró eran una de las familias más poderosas. Don''''''''Ana, rara vez dejaba la hacienda y poco acudía a fiestas. Sinhô Badaró era partidario de la paz, matando solamente en caso de extrema necesidad, Juca Badaró, su hermano, que resolvía todo a tiros, era casado, sin hijos. Olga, su esposa, pasaba la mayor parte del tiempo en Ilheus. Antonio Víctor abandonó la ilusión de volver rico a Ceara cuando vio que matones y labradores dejaban todo su dinero en el propio almacén de la hacienda. Se hizo guardaespaldas de Juca Badaró después de salvarle la vida. Su coraje lo promovió: cambió la hoz por la escopeta; acompañaba a Juca a todas partes. Ya no existía la enamorada de su lejana


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