lunes, 24 de febrero de 2014

Primer capítulo libro "Mi Ex-novia" de Fabio Fusaro

Primer capítulo libro "Mi Ex-novia" de Fabio Fusaro

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"Carlitos"

Carlitos estaba de novio con Magdalena. Pero no eran una pareja más. Eran “la” pareja.
Habían empezado siendo amigos.
Maggie estaba de novia con otro chico, pero la atracción mutua que comenzaron a sentir con Carlitos hizo que luego de engañar a su novio durante un tiempo lo dejara para dar paso a esta nueva e intensa relación.
Ella soltó el primer “te quiero” a lo que él, luego de dudar unos instantes, respondió “yo también”.
Para Carlitos no era fácil decir “te quiero”.  No porque no lo sintiera sino porque sabía que decirlo significaba mostrar todas sus cartas y no estaba seguro si eso le convenía.
Vaya a saber entonces por qué cuestiones del cerebro masculino se dio que fue Carlitos el que tiró el primer “te amo”.
Los “te amo” luego pasaron a ser moneda corriente.
A veces se daba como una especie de ping pong:
-Te amo.
-Te amo.
-Te amo.
-Yo te amo más.
-No...yo te amo más.
-No... yo
-No... yo.
Visto de afuera era patético, pero se ve que a ellos les encantaban esas pelotudeces.
Pasaban los meses y todo era perfecto. No tenían secretos. Estar separados tal vez por unas cortas vacaciones era una tortura que decidieron evitar en las vacaciones siguientes.
Ambos eran celosos, pero intentaban por todos los medios (sobre todo Carlitos) que no haya ningún motivo de dudas en su pareja.
La fecha de casamiento sería un 30 de noviembre. No sabían aún de que año, pero que lindo era saber que un 30 de noviembre se iban a unir legalmente y ante Dios para siempre.
Su primer hijo se llamaría Lucas o Valeria.
Nada superaba el placer de estar juntos. Video, helado y sexo era para ellos el plan perfecto.
Que digo sexo, eso era amor. Verdadero amor.
Maggie un día cambió de carrera. La abogacía no era lo suyo y se pasó a diseño. (Sí... ya sé... pero bueno).
La familia no estaba muy de acuerdo con la decisión, pero Maggie contaba como siempre con el apoyo incondicional de Carlitos.
Comenzó el nuevo año lectivo con mucho entusiasmo. Carlitos la esperaba todas las noches a la salida, como cuando iba a la otra facultad.
-Charlie... no vengas mañana a buscarme.... me lleva Sonia que vive cerca de casa. –dijo Maggie un día.
Para Carlitos no era un sacrificio ir por ella y se lo hizo saber.
-A mí no me molesta esperarte, al contrario. No veo la hora que llegue el momento de verte salir...
-Sabés que pasa amor... que a veces los chicos a la salida de la facu van a tomar algo... y yo siempre parezco una cortada ¿no te enojás?
-No, mi amor... como me voy a enojar.

Todo empezó a cambiar.
Los te quiero de Maggie se espaciaron. Los te amo desaparecieron.
La película, el helado y el sexo quedaron resumidos a “la película y el helado”.
Todo se fue dando lentamente, casi sin que Carlitos se diera cuenta.
Pero bueno... todas las parejas tienen momentos mejores que otros. No había nada de que preocuparse.

Maggie se puso algo más quejosa. Cosas que antes no le molestaban de su novio comenzaron a perturbar la armonía de la pareja.

-¿Otra vez con esa remera? ¿no te la pensás cambiar nunca vos?
-Pero está recién lavada...
-¿Sos sordo?...Yo no digo que esté sucia... digo que es aburrido verte siempre con la misma.
-¿Querés que me la saque, bombón?
-No te hagas el tonto, te estoy hablando en serio.

-Maggie... ¿De qué querés el helado?
-¿Me estás cargando? ¿Después de dos años todavía no sabés de que me gusta el helado? Así es como me tenés en cuenta...
-Bueno mi amor... perdoname.
-Sí, claro... así arreglás todo vos.
Otra vez “Película y helado”... nada más.

El que llamaba siempre ahora era Carlitos. La emoción al atender el teléfono que demostraba Magdalena en otras épocas había desaparecido. Carlitos no se preocupaba por eso. Ella lo amaba. Se casaría un 30 de noviembre. Sus hijos se llamarían Lucas o Valeria...

-Necesito un tiempo. –dijo Maggie con cara de sota de basto.
Carlitos levantó la mirada sin sacar la boca de la pajita del trago sin alcohol que estaba tomando.
-No sé que me pasa... estoy confundida... necesito tiempo para pensar.
A Carlitos se le vino el mundo abajo. Lo que estaba viviendo era...como decirlo... irreal.
Esas cosas les pasaban solo a los demás. Maggie lo amaba. Estaba seguro de eso. Por lo cual verdaderamente debía tratarse de una confusión de parte de ella.
Y era entendible. Sus padres estaban separados, el cambio de carrera seguramente la habría afectado... y él había cometido algunos errores: No era muy detallista, había olvidado el cumpleaños de su suegra, no se cambiaba mucho la remera...era lógico lo de Maggie.

Luego de tratar de convencerla por todos los medios de que ese tiempo no era necesario, que él la apoyaría, la ayudaría y que juntos podían enfrentar mejor los problemas, decidió demostrarle su amor de una manera más directa: “Tomate el tiempo que quieras. Pero sabé que yo voy a estar aquí para lo que necesites. Y no olvides que te amo y que sin vos me muero”.
-No llores, Carlitos. Por favor te lo pido, no me hagas esto más difícil.
-Es que te amo tanto.
-Yo también te amo... sos el hombre de mi vida y sé que sos la persona con la que me quiero casar y tener hijos. Pero ahora necesito estar sola. Entendeme.
Esas palabras lo tranquilizaron. Se secó las lágrimas, pagó como siempre la cuenta y la acompañó a la entrada de la facultad. Ella lo despidió con un dulce beso compasivo en la mejilla y entró triste y lentamente a su clase.

Pasaron dos días. Dos largos por no decir eternos días, sin que Carlitos tuviera noticias de Maggie.
Cuarenta y ocho horas ya era tiempo suficiente. El estaba respetando el tiempo que ella le había pedido pero ya no aguantaba más. La iría a buscar de sorpresa esa noche. Ella seguramente también la estaba pasando muy mal. Se encontrarían, hablarían y seguramente se arreglarían. ¿Para qué extender este sufrimiento?
Si su novia estaba confundida, él la ayudaría a desconfundirse.
Al menos tenía el consuelo de saber que ella lo amaba. Que esta etapa era solo algo transitorio. Y que por supuesto no había terceros en el medio. Eso ni pensarlo.

-¿Qué hacés acá?
La frase lapidaria de Maggie aún le retumba en sus oídos.
-Hola....¿podemos habl...?
-Perdoname... ahora no puedo. Tengo que reunirme por un trabajo práctico.
-¿Te llamo y arreglamos para vernos y hablar?
-Carlitos... te pedí tiempo. ¿Te das cuenta que nunca respetás mis prioridades?

Carlitos se fue con las manos vacías. Pero no se daría por vencido. Si él era el culpable de esta ruptura tenía que demostrarle que podía cambiar, que la quería, que la amaba y que ella podía confiar en él.

Un mensaje de texto en su celular que dijera “te amo más que a mi vida” sería el puntapié inicial. Esa frase era importante para ellos. Era una de las preferidas de ella en las épocas doradas.
“SEND” y a esperar.

Al segundo día de espera ya era hora de intentar otra cosa. Esperarla a la salida de su trabajo con el auto para ofrecerle llevarla a la facultad era una idea brillante. En el camino podrían hablar.
Y así lo hizo. Ella habló todo el camino. Pero por su celular, vaya a saber con que amiga.
El papel de chofer le sentó bastante bien. Al menos estuvo cerca de ella. Cortó la comunicación en la esquina de la facultad. Al detenerse el auto Carlitos solo atinó a expresarle nuevamente su amor y a pedirle que vuelva. Solo que esta vez incluyó las palabras “te lo suplico”.
-Por favor... no vuelvas a hacer esto. Ya te dije que necesito estar sola. No me presiones.

Todavía tenía muchas cartas por jugar. Flores, cartas, pasacalles...
El mes siguiente sería el cumpleaños de ella. Ese día tenía vía libre para llamarla, por supuesto.
Además Maggie tenía cosas de él en su casa. Unas fotos, unos CD´s... si no se las había devuelto era porque no pensaba que la ruptura iba a ser definitiva. Era arriesgado darle el golpe de efecto de pedirle las cosas. A ver si todavía ella le decía “Cómo no, pasá a buscarlas”. Eso sería la muerte.

-No puede ser. ¿Cómo va a estar saliendo con un compañero? Ella quería estar sola... estaba confundida. Además me ama. Si quisiera estar con alguien estaría conmigo. –le dijo Carlitos al imbécil de su amigo que le vino con el chisme.

El teléfono de Maggie sonó a las 2 de la mañana.
-Me dijo Matías que estás saliendo con un compañero...Eso no es cierto ¿verdad?
-Carlitos... son las 2 de la mañana...
-Contestame, nada más...decime que no es cierto y me quedo tranquilo y no te molesto más.
-Carlitos... yo no tengo que darte explicaciones de nada. Y lo que yo haga con Marcelo no son asuntos ni tuyos ni de tu amigo.
-¿Marcelo? ¿Se llama Marcelo? ¿Y desde cuando...?
-tuuu tuuu tuuu tuuu.


Tal vez esta historia te resulte familiar. Posiblemente no en su totalidad pero es muy probable que te sientas identificado en muchas partes.
Y es lógico.
En muchos párrafos pareciera que estoy relatando tu caso ¿o no?
¿Seré adivino?
¿Te habré estado espiando?
No. Nada de eso. Simplemente sucede que todas las mujeres son como Maggie. Y que todos los hombres, aunque nos duela admitirlo, somos medio Carlitos.

Fuente http://fabiofusaro.blogspot.com.ar/


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