lunes, 11 de mayo de 2009

Memorias Secretas de una Cantante

Memorias Secretas de una Cantante
porWilhelmine Schöder Devriet
De la coleccion Agata, que contiene fotografias eroticas de la epoca.


Por Agustina Jojärt
Una secuencia de cartas de exquisito contenido erótico integran Memorias secretas de una cantante. Dueña de anécdotas extraordinarias, la célebre cantante de ópera del siglo XIX, Wilhelmine Schöder Devriet, da nacimiento a un prolijo epistolario que destina a un amigo suyo, que para nosotros permanece en el anonimato, y a quien, a modo de confesión, decide relatarle hasta el más íntimo detalle de sus experiencias sexuales con hombres y mujeres.Esta curiosa observadora, tan inteligente como inquieta, hace mención al "deseo como motor de la vida". Más allá de la poesía que pudiera llegar a tener esta frase, indudablemente tiene también un contenido lógico por el cual si un hombre y una mujer no se desean, no hay fruto alguno del encuentro. Además, es el factor que impulsa, al menos a esta fresca seductora, a ir en una insaciable búsqueda de nuevas formas de placer. No me animaría a decir que como mujer estuvo por encima de las de su tiempo, o que, de pronto, encajaría perfectamente en este siglo un tanto libertino; sin embargo, vale pensar que fue una mujer más que extravagante, y que

todo aquello que deseara con viva convicción, iba entonces a conseguirlo. Atreviéndose a todo, fuera de todo prejuicio y pudor, la voyeur, hace de su relato una historia simple y entretenida por cuanto revela, en muchas oportunidades, algunos pensamientos y deseos propios del común de la gente con respecto al sexo.Es así mismo interesante la exposición que Wilhelmine propone a su destinatario (personaje que, cierta vez, fue un imposible objeto de su deseo): "el carácter sexual y ético se forman según las particulares circunstancias en que el amor nos es revelado". Esta afirmación invita, tal vez, a prensar que está justificando sus preferencias sexuales y sus insistencias en todo aquello que no está permitido por la sociedad de su época. En todo caso ¿quién puede juzgar a una mujer como esta? Una María Magdalena que no se arrepiente ni se avergüenza de nada; una Venus expuesta al amor heterosexual, al amor homosexual, la amor sádico, a participar en orgías, flagelaciones...El deseo tiene muchas formas. A la manera de Wilhelmine, o a la manera característica de cada uno, habrá que aprender a aprovecharlas todas.


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