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Manuela Mur, mucha mujer por María Cristina Mur

Esta escritora, española de origen, fue una infatigable promotora de la cultura, no sólo en Mendoza, donde vivió varios años, sino a lo largo y ancho del país.


Manuela Mur, mujer polifacética, poeta, ensayista, prosista, bibliotecóloga, realizó una intensa actividad difusora de la cultura, combinando sabiamente pensamiento y acción. Egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, realizó en Madrid su doctorado.

Manuela Mur supo conciliar su tarea de creación literaria con múltiples actividades de expansión de la cultura. Así, como directora de la Biblioteca Pública General San Martín, la revitaliza y reorganiza, dirige la revista Versión, realiza un Canje Internacional con ayuda del Fondo Nacional de las Artes, que presidía entonces Victoria Ocampo y se funda la biblioteca infantil "Merceditas".

Pero lo que realmente hizo trascender su labor fue la realización, en 1962, de la primer Feria Internacional del Libro, pionera en el país. Para organizarla, viajó varias veces a Buenos Aires a establecer contacto con las principales editoriales. La muestra constituyó una representación de la cultura del país, y contó con la presencia de destacados escritores.

En 1970, la Secretaría de Cultura de la Nación, conjuntamente con la Cámara de Editores, resuelve realizar una Feria Itinerante del Libro de Edición Argentina y encuentra en Manuela Mur a la persona capaz y dispuesta a cumplir esta importante misión difusora del libro. Movida por su convicción profunda de que "sin libros no hay cultura", se lanzó a esta increíble aventura con más de seis mil títulos de sesenta editoriales argentinas. Esta gira se realizó por todo el Noroeste argentino: Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca y La Rioja. Manuela Mur, escritora andariega, respondió al llamado de los libros, y con ellos a cuestas, se echó a andar caminos, convirtiéndose en su pregonera. También en 1970 es nombrada Mujer del Año, por el Consejo de Entidades Femeninas de Mendoza (Cefem).

Se desempeñó luego, durante cinco años, como directora del Departamento de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán. Fue profesora en diversas escuelas de Mendoza, en la Universidad de Belgrano. En Buenos Aires, dictó clases de Antropología Filosófica, integrando también el cuerpo docente de la Universidad del Sur. Realizó publicaciones como colaboradora del diario La Nación y fue asesora de la revista "Letras de Buenos Aires", dirigida por Victoria Pueyrredón. Supo forjar vínculos de amistad con escritores y artistas del país y del exterior: Norah Borges, Raúl Soldi, Inés Field, Victoria Pueyrredón, Alicia Jurado, las escritoras chilenas Alicia Morell y Marcela Paz, Susana Calandrelli, Margarita Abella Caprille y muchos otros. Manuela Mur ejerció un marcado liderazgo cultural en nuestra provincia y el país entero, haciendo de los libros sus hijos adoptivos. Por tal motivo la Sala de Lectura de la Biblioteca Pública General San Martín lleva su nombre, en merecido homenaje.

Reflexiones sobre su obra

En su libro "Imán sin tiempo" parte de la idea de que imán es Dios y sin tiempo, por la eternidad. Sus poemas están traspasados de un profundo sentimiento religioso, que fue la fuerza que impulsó toda su vida y su obra. Un profundo amor a Dios la lleva a la búsqueda permanente de la trascendencia del ser. Entre este libro, el primero, escrito en Madrid (1958) y "Feliz Morada", escrito en Tucumán (1982), existe una suerte de conexión principio-fin, un origen y un destino común que hermanan a los hombres en el camino del crecimiento espiritual.

Con "Luz entre sueños", Manuela Mur nos revela un mundo subjetivo marcadamente intelectual. La sociedad, la angustia y los conflictos esenciales del hombre, se ven reflejados en sus poemas y siempre abierta su alma a la esperanza de la luz "... abierta se derrama la luz plena / sobre la vertical del mediodía / ni más quietud, ni paz, ni azul cabría / en la absoluta inmensidad serena… " En pos de respuestas a interrogantes planteados por la ambición y la corrupción humana, se contesta: "Este mundo necesita de sensatos, que vivan el absurdo del tiempo y el espacio". La fugacidad de las cosas materiales y el solitario aislamiento del hombre ciudadano son expresados con bello realismo en "Está el hombre inmensamente solo": "amplio desierto / por donde se escapa / la eterna fuga del hombre en soledad, perdido en la ciudad / agonizante / pretendiendo olvidarse de la muerte / persiguiendo la sombra de la vida / en la farsa de todo / lo que existe". Y vislumbra una luz en la distancia: "Y siempre un horizonte entre sus sueños…"

Visionaria, llama a la reflexión sobre la violencia que asecha en cualquier lugar: "Una ciudad cualquiera / cercana / lejana / Buenos Aires, New York, París, Tokio / es lo mismo / la bestia del espanto / pasta aleluyas elásticas… / rumia gelatinas opacas / en las praderas de los metales… "

Jamás olvidó sus orígenes, su Mendoza natal, ese desierto fecundado por el agua de sus ríos: "Gota a gota un murmullo / se hace hilo / se extiende por las faldas / y líquidos caminos cristalinos / maduran en innúmeras corrientes… / ríos fuertes, poderosos, musculosos / ríos gruesos, cobrizos y vitales / fecundan incesantes con su muerte / a las tierras de Mendoza".

En "Quintín o memorias de un gorrión" expresa con singular lenguaje poético un profundo respeto por el equilibrio de la naturaleza y un conocimiento minucioso, nacido de su intensa observación contemplativa, de los árboles y los pájaros, detallando cada nido, canto y plumaje, cada rincón del paisaje sancarlino. Y así desfilan, a partir de Quintín, tordos, cotorras, jilgueros, tijeretas, palomas y los pájaros de las montañas como el chuchumento, los zorzales, las calandrias, de los potreros: chingolos, pechos colorados, perdices. Refiriéndose a un colibrí dice: "He visto una mariposa gigante, con muchas alas, se detenía en el mismo aire, ante las flores y las irisaba… Al libar en el alma de las flores, ¿recogía de ella los colores?..."

Mas allá de su contenido poético hay un llamado, una presencia, una constante en ésta y en todas sus obras: la valoración del nido como hogar, cuna del amor familiar, filial y fraternal, punto de partida y referencia.

Nacida en el año 1914, creció junto con el siglo y supo vivenciar y expresar con belleza sus sentires, pero, al mismo tiempo guardiana de recuerdos, dejó para la memoria acontecimientos políticos y costumbres de la vida cotidiana y social de Mendoza en la primera mitad del siglo XX.

Releyendo su novela "Gansos y Pericotes", de contenido sociopolítico, se rescata siempre el entorno familiar, con sus valoraciones y quehaceres. En ella dice, en una de sus páginas: "Hay que crecer en experiencias y mirar el sentido de la sangre a la distancia, para poder comprender los afanes, los sacrificios, la lucha para subsistir dignamente y fundamentar la familia que seguirá el futuro."

Un pensamiento similar es el de Quintín, que dedica sus memorias a sus antepasados "pioneros del aire y del sol señores de la montaña, fundadores de mi sangre en la que habitan a través del amor a la tierra. Es decir, la mirada valorativa vuelta hacia el pasado, al rescate de la memoria ancestral, con miras a la edificación de la familia del porvenir, constituye una constante, un hilo conductor que atraviesa toda la obra literaria de Manuela Mur.


“Imán sin tiempo”, poemas. Ediciones Cultura Clásica y Moderna. Madrid, España, 1958.

“Luz entre sueños”, poemas. Ediciones Colombo, 1966. Selección del Concurso del Fondo Nacional de las Artes, 1965. Faja de Honor de la SADE, 1967.

“Canto y acequia”, poemas. Editorial Colombo, 1969.

“Quintín o Memorias de un gorrión”, novela. Ediciones Colombo, 1973. Faja de Honor de la SADE.

“El huerto”, sonetos, ediciones Colombo, 1974

“Gansos y Pericotes”, novela. 1975. Editado con el apoyo de Fondo Nacional de las Artes. PEN Club Internacional.


“Feliz morada”, poemas. Editorial Letras de Buenos Aires, 1982.

Quintin, Memorias de un Gorrion ilustrado por Norah Borges en www.ayconstanza.com




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