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Ensayos de Montaigne

Ensayos 
de Montaigne
Losada - Buenos Aires - 1941
Tapa dura con cubre solapas

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Montaigne es el primero en hartarse de mirar a las esferas celestes: el hombre es un universo lo bastante vasto en sí como para no dedicarle toda nuestra atención. El bordelés se toma a sí mismo como objeto de estudio y se ofrece a la confrontación con el otro, primera expresión de la subjetividad moderna. Montaigne se ocupa del ser universal: en sus ensayos cabe la meditación sobre la moral, la tristeza, la amistad, el correcto desenvolvimiento de los negocios o las pequeñas disfunciones de alcoba. Y claro está, sobre la muerte.
Montaigne no pretende enseñar a vivir. Le basta con enseñar a estar vivo. La lectura de sus ensayos tiene la temperatura de una apacible charla al calor de la hoguera con un interlocutor cortés y cultivado, que hace pesar en la aparente ligereza de su estilo el acervo de toda una vida cargada de experiencia y reflexión.
Capítulo I
Por diversos caminos se llega a semejante fin
Capítulo II
De la tristeza
Capítulo III
Como lo porvenir nos preocupa más que lo presente
Capítulo IV
Como el alma descarga sus pasiones sobre objetos falsos, cuando los verdaderos la faltan
Capítulo V
Si el jefe de una plaza sitiada debe o no salir a parlamentar
Capítulo VI
Hora peligrosa de los parlamentos
Capítulo VII
Que la intención juzga nuestras acciones
Capítulo VIII
De la ociosidad
Capítulo IX
De los mentirosos
Capítulo X
Del hablar pronto o tardío
Capítulo XI
De los pronósticos
Capítulo XII
De la firmeza
Capítulo XIII
Ceremonias de la entrevista de reyes
Capítulo XIV
Del castigo por obstinarse sin fundamento en la defensa de una plaza
Capítulo XV
Castigo de la cobardía
Capítulo XVI
Un rasgo de algunos embajadores
Capítulo XVII
Del miedo
Capítulo XVIII
Que no debe juzgarse de nuestra dicha hasta después de la muerte
Capítulo XIX
Que filosofar es prepararse a morir
Capítulo XX
De la fuerza de imaginación
Capítulo XXI
El beneficio de unos es perjuicio de otros
Capítulo XXII
De la costumbre y de la dificultad de cambiar los usos recibidos
Capítulo XXIII
Diversos sucesos del mismo orden
Capítulo XXIV
Del pedantismo
Capítulo XXV
De la educación de los hijos a la señora Diana de Foix, condesa de Gurson
Capítulo XXVI
Locura de los que pretenden distinguir lo verdadero de lo falso con la aplicación de su exclusiva capacidad
Capítulo XXVII
De la amistad
Capítulo XXVIII
Veintinueve sonetos de Esteban de La Boëtie
Capítulo XXIX
De la moderación
Capítulo XXX
De los caníbales
Capítulo XXXI
De la conveniencia de juzgar sobriamente de las cosas divinas
Capítulo XXXII
De cómo algunos buscaron la muerte por huir los placeres de la vida
Capítulo XXXIII
Coincidencias del acaso y la razón
Capítulo XXXIV
De un vacío en nuestros usos públicos
Capítulo XXXV
De la costumbre de vestirse
Capítulo XXXVI
Del joven Catón
Capítulo XXXVII
De cómo reímos y lloramos por la misma causa
Capítulo XXXVIII
De la soledad
Capítulo XXXIX
Consideración sobre Cicerón
Capítulo XL
Como el sentimiento de los bienes y los males depende en gran parte de la idea que de ellos nos formamos
Capítulo XLI
De la codicia de la gloria
Capítulo XLII
De la desigualdad que existe entre nosotros
Capítulo XLIII
De las leyes suntuarias
Capítulo XLIV
Del dormir
Capítulo XLV
De la batalla de Dreux

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