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La Emoción. La filosofía de la infidelidad de Ricardo Campa

LIBRO NUEVO
La Emoción. La filosofía de la infidelidad
de Ricardo Campa
Editorial Sudamericana - bUENSO aIRES - 1988
Páginas: 348

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A MODO DE PROLOGO
«Quien piensa, obliga a pensar», escribió Voltaire en Frag­ments sur l'histoire. Tal podría ser el lema para un «Foro» que, al impulso de aires renovadores, sale en busca de cambios de men­talidad, de nuevos horizontes para el conocimiento de más ágiles caminos expresivos libres de envaramientos o huecas retóricas.

La renovación de las ideas, los avances técnicos y el progre­so nunca se ven malquistos por la imaginación creadora y el espíritu emprendedor; jamás llegan de manos de la rutina o de la pacatería. En cambio, por lo general, acompañan, sí, a quie­nes no arredra pensar por cuenta propia ni disentir.

En el campo científico, intelectual o artístico las novedades y avances obligan a revisiones y planteos, engendran dudas e incertidumbres, conflictos con lo tradicional recibido y proba­do; enfrentan enigmas y misterios de lo nuevo. No obstante, tales disposiciones -entre la nebulosa de lo intuido y el laberin­to de lo ignoto- configuran la dinámica visionaria de lo por venir.

A semejantes encuadres no escapan conceptos básicos de ciencia y técnica, de disciplinas especulativas o artes. Tampoco principios de cuño inmemorial, ideas directrices de remota tra­dición ni criterios mineralizados en los fundamentos de innúme­ras actividades del ayer y del hoy: algo así como un proceso de desentumecimiento.

Para alcanzar efectos desenmohecedores, la formalidad de congresos, simposios y conferencias no proporciona medios ági­les ni instrumentos adecuados. Se requiere la espontaneidad de un «Foro» de abiertas posibilidades que facilite y dé fluidez a la exposición, intercambio y circulación de nuevos enfoques y po­siciones; un «Foro» dispuesto al diálogo y a la divulgación de criterios, cuya originalidad no vacile en estremecer lo conven­cional de los saberes establecidos y vivifique los pensamientos que habrán de transferirse al siglo venidero, ya inmediato en expectativas y prieto en actitudes inéditas.
Atentos a estas hipotéticas proyecciones -sobre pautas del «Foro Europeo», de periódica convocatoria en el Viejo Mundo­ los miembros del Consejo de la «Fundación El Libro», por su­gerencia del Exmo. Sr. Director del Instituto Italiano de Cultu­ra en Argentina, Profesor Riccardo Campa, decidieron abrir un «Foro Americano» que inaugurará sus deliberaciones durante el transcurso de la "XIV Exposición Feria: El Libro - del autor al lector» y podrá repetirse cada año en venideras muestras bi­bliográficas.

Los planteos de actualización y libre discusión, estimados aptos para los objetivos del «Foro Americano», han determinado, asimismo, la elección de un ámbito temático general -«Las ideas del siglo XX- por las connotaciones que implica y las resonan­cias multidisciplinarias que despierta. Consecuentemente, den­tro de él, se ha propuesto como tema específico para la primera experiencia un intercambio de puntos de vista acerca de «La emoción», factor omnipresente puesto que, de cualquier activi­dad humana -creativa o no- se desprenden condicionamientos emocionales. Existe, por ejemplo, emoción estética: cada arte, cada instrumento expresivo opera acorde con ella. Hay emoción ética: manifestaciones de bondad o maldad, de justicia o injus­ticia, de honradez o delictuosidad. Entre tantas variantes, sus­citan matices reconocibles de fondo emotivo. Hay emoción re­ligiosa: la fe o el descreimiento, la piedad o la impiedad, etc., alimentan un número ínfimo de sus infinitas alternativas. Al margen del interminable inventario posible, cabe aún añadir que, cualquiera fuere el tipo de condicionamientos emocionales operantes, no han de descartarse las distintas reacciones provo­cadas por factores exógenos: la sorpresa, el contagio, las analo­gías entre estímulos diversos y dependencias culturales, además de otros. Sólo la inercia, la pasividad y la inoperancia recurren por vías retrógradas y negativas.

El aporte motor del proyectado «Foro», como queda dicho, se debe al Profesor Campa. Si un intelectual progresista de su enjundia ofrece modelos de análisis y discusión, no se aplica sólo a desplegar chisporroteos de fértil ingenio. De hecho, enhebra pensamientos e ideas cuyos efectos desconciertan o estimulan y, a veces, acercan a lo paradójico. Cuando afirma, por ejemplo, «la emoción sirve de fundamento al mito de la palabra», apunta concurrencias de lingüística, psicología, retórica, antropología y poesía. Cuando declara que «el equivalente de un nuevo fun­damento unitario del saber es el reflejo condicionado de la expe­riencia: la emoción», desconcierta con una audacia que, sin em­bargo, invita a penetrar en lo hondo de la ecuación enunciada. Si manifiesta que «la imponderabilidad del tiempo se refleja en la aparente movilidad de la emoción», encuentra la originalidad apareando órdenes independientes. Mientras que obliga a dete­nida meditación cuando sentencia que «la geometría es la emo­ción más intensa de la cultura occidental».

¿Cuánto de boutade encubren estos hallazgos expresivos? ¿Cuánto de profundos estímulos para repensar viejas cuestio­nes? ¿Cuánto de apertura de nuevos horizontes para pensado­res del mañana?

El «Foro Americano» es invitación a reflexionar con liber­tad, con sentido creador y dejando de lado resabios pesimistas. No ha de olvidarse con cuánta amargura Anatole France escri­bió en La Vie Littéraire I: «Se puede vivir sin pensar y, casi siempre, es así como se vive». Sin embargo, cuando circula una invitación como la presente, cuando se lanza la sugestión de re­pensar lo recibido con independencia y espontaneidad, se está en justo momento para la decisión y el compromiso: o se dejan de lado pereza, comodidades y apoltronamientos mentales o el indeciso quedará al margen de los tiempos nuevos porque la capacidad reactiva se le habrá esclerosado.

El repensar, en un encuentro como el del «Foro Americano», constituye tanto problema de fondo como de forma. La cuestión del contenido de ideas renovadas se acompaña de la envoltura lingüística de nominaciones y enunciaciones, de los usos y abu­sos del instrumento expresivo de que se vale el sujeto pensante, de las incursiones interdisciplinarias que acomete dentro de los respectivos parámetros. Mientras la literatura -valga por caso- juega con la condición multívoca del lenguaje y confiere a la palabra elasticidades semántica s provenidas de presiones subjetivas, caldeadas por la emoción y coloreadas por intencio­nes, sentimientos, idiosincrasia e intereses del hablante, la cien­cia exige del lenguaje distanciamiento objetivo y univocidad. Cada término científico ha de nombrar una cosa y sólo, una: con precisión, sin vaguedades ni rodeos; con claridad, sin equívocos; en acepción intergiversable, sin vibraciones subjetivas.

Resulta natural percibir oposición entre multivocidad y uni­vocidad; antinomia que, extensiva y discutiblemente, genera otro presunto par de opuestos: literatura v. ciencia. ¿Realmente es así? ¿Todo se presenta tan categórico y rotundo como para ignorar matices y gamas semánticas intermedias? Tal vez aún sean válidos los interrogantes del romántico Alfredo de Musset, formulados en Souvenir: «¿Qué es pues, justo Dios, el pensa­miento humano / y quien podrá amar la verdad, / si no existe alegría y dolor tan inconfundibles y ciertos / de los cuales al­guien no haya dudado?»

El «Foro Americano» podrá brindar ocasión para discurrir acerca de éstas y otras preguntas que -en las puertas del nuevo siglo- sería útil replantear.

Raúl H. Castagnino
Presidente de la Academia
Argentina de Letras

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