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El pobre músico de Franz Grillparzer

El pobre músico
de Franz Grillparzer
Libros del Mirasol - Argentina - 1961 - TAPA DURA

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" En Viena, después de la luna llena, en el mes de julio de cada año se celebra una verdadera fiesta, en torno a Saturno, en el Práter. Una multitud de murmullos llena las calles de la ciudad de aristocrática distinción, mientras a las puertas de la orbe clama la perentoria necesidad con el puente del Danubio como silencioso testigo de ese estruendoso mar que derrama la larga inundación de la efímera alegría. "

Los días de fiesta en la Viena de principios del siglo XIX, significaban para el escritor Franz Grillparzer un verdadero festejo del alma: las calles ondulantes de gente, “el estrépito de los caballos” que rompía “el murmullo de los paseantes” apretados en la corriente humana y en competencia con la corriente del Danubio.

Grillparzer se abandonaba feliz al movimiento de la gente, en busca de las imágenes o los personajes que provenían de un mundo vital. “No se puede comprender a los eminentes si antes no se ha sentido a los oscuros”, apuntó, y por estos últimos se refería a la gente del pueblo, a los dramas que se escondían en las casas comunes, donde se encontraba el germen de las Didos y las Medeas.

Así comienza su relato “El pobre músico”: un dramaturgo que se sumerge en la fiesta popular y lee en “las caras alegres o secretamente preocupadas”

las biografías de los hombres comunes. Historias trágicas como la del músico callejero, personaje principal del relato, o la del propio autor: Grillparzer sufrió la severidad paterna, el suicidio de su madre, la pena del amor frustrado y la soledad.

Siguiendo los pasos de su padre, Grillparzer estudió derecho e ingresó como funcionario al servicio del Imperio austrohúngaro, donde ocupó distintos cargos a lo largo de su vida. Desde joven se apasionó por la música y la literatura; a Beethoven le dedicó un amplio espacio en sus memorias y la lectura voraz derivó en creación. Sus obras El sueño, una vida, La judía de Toledo, Safo, Los argonautas o Medea dan cuenta de sus modelos, de sus aspiraciones como un escritor que ejercitó la imaginación a partir de una obra o de un autor; así, en toda su literatura se pueden apreciar los rasgos de esa familia literaria a la que él decidió unirse abiertamente. Una vez dentro del proceso creativo, personajes e historias se transformaron hasta alcanzar carácter propio.

Grillparzer parecía seguir la concepción del dramaturgo Jakob Lenz: a través de la imi tación del genio se alcanza el propio arte. Grillparzer compartía el amor de los románticos alemanes por la literatura española, especialmente por Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca. Y también, como tantos otros, sintió pasión por Goethe, pero quizá su relación más profunda la estableció con Schiller, el maestro del drama histórico.

Desalentado por la crítica a su obra, Grillparzer abandonó el teatro para refugiarse en la intimidad del hogar, donde podía entregarse por completo a los placeres Biedermeier. Cultivó con pasión el epigrama, la autobiografía y las memorias. En la soledad se dio a la tarea de trabajar el retrato con elegancia e inteligencia. Ya no deseaba ser arrastrado por la corriente de la fiesta popular vienesa ni adivinar historias en los rostros y, a decir de quienes lo conocieron, vivió de mal genio sus últimos años. En 1872, a los 81 años, murió Grillparzer, el autor a quien Kafka llamó

“un verdadero hermano de sangre”, y en quien reconoció los rasgos de una familia literaria a la que él se unió.

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